La guerra en 12 párrafos
Por: Francisco Rico Toro
Densos nubarrones oscurecen el planeta. El atentado contra las Torres Gemelas no fue la expresión de un conflicto afgano - estadounidense sino “islámico - judeocristiano” y más aún: islámico - occidental... sin embargo, en rigor no es el Islam el que promueve la guerra, sino la manipulación que algunos grupos de inadaptados están haciendo de esa religión, con fines políticos y económicos, y poniendo en evidencia un fanatismo exacerbado.
El mayor peligro es que, tanto en oriente como en occidente, se difunda la idea de que se trata de una verdadera “guerra santa”. Además del discurso desquiciado de Ben Laden y sus seguidores, una serie de excesos y desatinos cometidos por algunos líderes occidentales (como el de bautizar inicialmente la represalia con el nombre de “Justicia Infinita”, el hablar de una “Cruzada por la Libertad” o el desafortunado comentario del Primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, referido a “la superioridad del Occidente cristiano frente al Islam”), profundizan el error y pueden agravar la situación hasta llevarla a límites insospechados.
Ni el judaísmo, ni el cristianismo ni el islamismo justifican hoy la violencia como método de proclamar la fe. Ninguna de estas religiones, correctamente interpretada, invita al hombre del siglo XXI a matar o a morir en el intento de “convertir” a los otros hacia su religión. Muy distintos son los conceptos de “firmeza en la fe” y de “martirio”, entendido este último NO como el suicidio o la búsqueda intencional de la propia muerte, sino como la capacidad para afrontarla, si es necesario, antes que negar a Dios. ¡Hay una importante diferencia!
El gran temor de nuestros días es el peligro de una guerra bacteriológica. A partir de la muestra de poder y decisión que nos dieron los terroristas con el atentado del 11 de septiembre, y de los primeros casos de carbunco (Anthrax) reportados en los Estados Unidos, la amenaza de un ataque con armas no convencionales (fundamentalmente biológicas y químicas) mantiene preocupada a toda la humanidad. Es verdad que la bacteria del Anthrax ha sido manipulada genética y físicamente para lograr una mayor agresividad, lo que demuestra no sólo la maldad con la cual actúan los terroristas, sino también la capacidad técnica y económica que tienen. Sin embargo, se espera que el despliegue de esfuerzos conjuntos, por parte de todos los países que desean vivir en paz, sea lo suficientemente efectivo como para desmantelar, en el corto plazo, esa banda delictiva.
La red terrorista Al-Qaeda (cuyo nombre traducido al español significa “La Base”), cuenta con células (pequeños grupos) de fundamentalistas, dispuestos al suicidio “por Alah”, en por lo menos 34 países, no sólo del Medio Oriente o el Asia Central, sino también de las Américas y Europa. Recientemente, la CIA dejó trascender la noticia de que la organización terrorista habría dado luz verde a sus células de todo el mundo para cometer una serie de nuevos ataques, sobre todo en Europa occidental y los Estados Unidos, según afirma la revista Newsweek. Hay razones para pensar que el problema no se resolverá sólo con la "cacería" de Ben Laden, pues el trabajo de adoctrinamiento que la red ha hecho durante años sobre sus adeptos no podrá "borrarse" de la noche a la mañana.
Aparte del Anthrax, hoy se teme también un eventual ataque con viruela, por la posible manipulación de reservas clandestinas de ese virus que, según se sabe, existían en laboratorios de Rusia, Irak, Corea del Norte y probablemente los EE.UU. Al haber sido esta enfermedad oficialmente erradicada en el mundo en 1979, no se dispone de las vacunas y medicamentos necesarios para combatirla. A diferencia del antrhax, la viruela tiene un alto grado de mortandad (33%).
En un balance anticipado, puede decirse que el éxito parcial en esta guerra sería hoy de los terroristas, pues están causando una ola de pánico en todo el mundo, incluido el Continente Africano ahora, donde también llegaron esporas de Anthrax enviadas desde los EE.UU. Por eso urge tomar conciencia (individual, social e internacionalmente), de que la principal fuerza para combatir este flagelo no son las bombas, sino la prudencia, la oración y la fe en el triunfo definitivo del Bien. Urge pues orar; confiando en Dios y en Su infinita Misericordia para con la humanidad. El principal objetivo del presidente Bush y los diplomáticos europeos es el de establecer una alianza mundial contra el terrorismo. Sin embargo, cualquier explosión de violencia en el Oriente Medio seguramente marginará a los estados árabes de integrarse a la coalición antiterrorista que los políticos occidentales (liderados por George W. Bush y Tony Blair) intentan constituir. El asesinato del Ministro Israelí de Turismo, Rehavam Zeevi, por obra del Frente Popular para la Liberación Palestina, los cada vez mayores indicios de que Irak estaría implicado en los últimos atentados terroristas, las crecientes protestas contra los norteamericanos en los países vecinos de Afganistán, y la tensión militar entre la India y Paquistán, han complicado el cuadro al punto de convertir a esa zona en un verdadero polvorín.
Lejos de conducirnos al pánico colectivo, que es lo que buscan los terroristas con sus acciones, toda reflexión acerca de esta guerra debe llevarnos a meditar sobre la siempre frágil condición humana, a dirigir la mirada hacia nuestro Creador y brindar todo el amor que seamos capaces de dar. ¡Extraer lo bueno de lo malo: esa debe ser en todo momento nuestra actitud principal como cristianos!, para que cuando esta crisis no sea más que un recuerdo, nos quede la felicidad de haber sembrado, en este tiempo difícil, los cimientos de una vida plena, que tenga a Dios como centro de nuestra existencia y a todos los humanos como nuestros hermanos... En el fondo, sólo se trata de cumplir con el Mandamiento en el que Jesucristo sintetizó la Ley de Dios.
Ya hacia el final de esta nota, y como duodécimo párrafo, reproducimos la Plegaria por la paz de Juan Pablo II:
Y al Creador de la naturaleza y
del hombre, de la verdad y de la belleza, suplico:
Escucha mi voz, pues es la voz de las víctimas de todas las guerras
y de la violencia entre los individuos y las naciones.
Escucha mi voz, pues es la voz de todos los niños que sufren y sufrirán
cuando las gentes pongan su fe en las armas y en la guerra.
Escucha mi voz cuando te ruego que infundas en el corazón de todos
los hombres la sabiduría de la paz, la fuerza de la justicia y la
alegría de la confraternidad.
Escucha mi voz, pues hablo por las multitudes de todos los países
y de todos los períodos de la historia que no quieren la guerra y
están preparados a caminar por sendas de paz.
Escucha mi voz y concédenos discernimiento y fortaleza para que podamos
responder siempre al odio con amor, a la injusticia con la dedicación
total a la justicia, a la necesidad compartiendo de lo propio.