Una página por la Vida...

.

Padre que estás en los cielos, he aquí que llevo en mi seno a un niño pequeño, débil y vulnerable, que ya ha transformado todo mi cuerpo y todo mi corazón.
Gracias por habérmelo confiado. Gracias por permitirme acogerlo como María acogió a Jesús desde el día de la Anunciación.
Gracias por permitirme acogerlo como mi madre me acogió cuando descubrió mi presencia en lo más íntimo de sí misma.
Padre que nos amas, estoy maravillada ante esta vida tan secreta y palpitante, tan frágil y llena de promesas. Gracias por haberme dado los ojos del corazón, que me permiten desde ahora ver a mi hijo, cuando todavía no es visible.

Padre lleno de ternura, ayúdame a hacer cada día lo que puedo hacer para que este pequeñito sea feliz.Oh María, aurora del mundo nuevo, Madre de los vivientes, a Ti confiamos la causa de la vida: mira, Madre, el número inmenso de niños a quienes se impide nacer, de pobres a quienes se hace difícil vivir, de hombres y mujeres víctimas de violencia inhumana, de ancianos y enfermos, muertos a causa de la indiferencia o de una presunta piedad. Haz que quienes creen en tu Hijo sepan anunciar con firmeza y amor a los hombres de nuestro tiempo el Evangelio de la vida. Alcánzales la gracia de acogerlo como don siempre nuevo, la alegría de celebrarlo con gratitud durante toda su existencia y la valentía de testimoniarlo con solícita constancia, para construir, junto con todos los hombres de buena voluntad, la civilización de la verdad y del amor, para alabanza y gloria de Dios Creador y amante de la vida."

(Dado en Roma, junto a San Pedro, el 25 de marzo, solemnidad de la Anunciación del Señor, del año 1995, decimoséptimo de mi Pontificado) Te pido, Padre de toda gracia, poder transmitir a este hijo toda la fe, toda la esperanza, todo el amor que llevo en mi corazón.

Por último, con mi hijo, que antes que nada es Tuyo, te pido, Padre, que nos mantengas bajo tu protección ahora y siempre. Amén

Tengamos sumo cuidado del ‘mito demográfico’, lleno de falsedades e injusticias contra la dignidad de la persona humana, principalmente contra los enfermos y desvalidos. Se habla erróneamente de ‘hijos no queridos’, cuando deberíamos desbordar de amor por ellos. Si Dios ama a los más insignificantes a los ojos de los hombres, ¿quién se atreverá a levantar la mano para ejecutarlos?...”

(Emmo. Sr. Cardenal Alfonso López Trujillo, en Mérida, Yucatán, 7 de septiembre de 2001 – 1er. Congreso a favor de la Vida y la Familia).

 

 

 

[<] Regresar