Cuando la Noche se aproxima...

Por: Prof. Dr. Ricardo Castaņon

Estoy seguro que toda persona que lea estas páginas ha quedado profundamente conmovida con los acontecimientos de horror vividos por el mundo el fatídico 11 de septiembre del presente. Ver el suicidio en vivo, reconocer el mensaje mortal en transmisión directa, observar las escenas una y otra vez... ¿Quién habría imaginado que los tempranos suspiros del nuevo siglo nos hubieran traído la amenaza de una Guerra Mundial?

El corazón herido del presidente norteamericano George W. Bush ya ha declarado la guerra a los enemigos, "la pagarán caro" ha dicho, y ha mencionado "que la batalla será larga y dura y llegará donde sea necesario". Sus aliados lo han apoyado, casi todos, sin condiciones. En Europa la prensa pone al rojo vivo un punzante "clima de guerra". Los transeúntes constatamos ese estado al observar policías y militares en traje de guerra en París donde han incrementado los efectivos introduciendo 6000 policías más. Deseo comprar un disco, ingresar a un negocio o al Museo del Louvre... controles y controles, todo individuo es sospechoso, peor si lleva un bolso aunque esté lleno de caramelos. Los aeropuertos son zonas de mayor control, ya no es el bonito lugar de idas y venidas, es un sitio estratégico que hay que vigilar... obviamente por la seguridad de todos, pero el aire es pesado y la alegría de viajar parece haberse quedado en el último viaje. He recorrido veinte metros para tomar el vuelo de Iberia París-Madrid, ya he pasado el control de seguridad y nos han vuelto a controlar el pasaporte dos veces más. Además, reconoces fácilmente a los uniformados, pero muchos ojos te siguen vestidos de personal de aseo, empleados de aeropuerto o simuladores turistas.

Justamente la táctica del terrorismo es esa: crear miedo, terror, presión. En los años ´70 se conoció como la "estrategia de la tensión". Enemigos anónimos, ocultos en una oscuridad que también puede exhibirse a plena luz, son la amenaza constante estés donde estés, pueden atacar por sorpresa y nadie sabe dónde, cuándo ni cómo. Crear pánico significa hacer conscientes a las personas de que están desprotegidas y esto es lo que ha ocurrido con los norteamericanos. Su muralla de seguridad militar y tecnológica ha sido infringida por un puñado de peligrosos y astutos hombres que junto a otros obviamente, pensaron lo impensa-ble, como si se hubieran reunido los mayores expertos en causar dolor. Se descubre así que la defensa no tenía que ser pensada contra el gran armamento nuclear sino contra ciertos grupos o entidades. La pena es que esto aleja a los hu-manos unos de otros imprimiendo el signo de la desconfianza. Los alemanes saben mucho de ello, son miles las cartas anónimas que la policía recibe a diario denunciando por una cosa u otra a sus vecinos. En Sud América si bien hemos sufrido conflictos armados de distinta índole (irracionales dictaduras nos han ofrecido atis-bos de lo que es esa tensión), no hemos padeci-do en primera persona lo que significa un con-flicto bélico mundial. Yo tampoco, pero viví más de veinte años en Europa conociendo la herencia dejada por las armas en dos Guerras Mundiales y por eso viene a mi memoria aque-llo que algún combatiente anónimo había escri-to en Japón luego de ver el desastre provocado por la bomba atómica: "No más Hiroshima..."

Me encuentro estos días entre Madrid, París, Bruselas, Luxemburgo, Londres... y en todas estas ciudades el tema principal es la Guerra. En pocos días la fisonomía de esta Europa serena ha cambiado rostro. Más vigilantes armados en avenidas, plazas, centros comerciales, embajadas, oficinas, etc. Este inesperado aspecto me recuerda los afligidos días de Jerusalén controlada regularmente por individuos armados, sobresaltados ante cualquier sonido que parezca una explosión, ansiosos ante cualquier persona que no responda a sus parámetros de seguridad. No parecemos corderos, sino lobos... nunca lo imaginé. La paranoia crece, eres una amenaza y el otro también (!).

No sabemos cuándo EE.UU. entrará en acción, lo cierto es que lo hará. (*) Un período de guerra exige muchas cosas. Ya han pedido en Norteamérica que los agentes secretos estén autorizados para matar, espiar cuando lo deseen, tomar medidas extremas cuando lo vean conveniente, una licencia tipo 007, pero en versión real. Todos los preparativos implicarán una restricción de la libertad, vivir en alerta constante, habrá más censura, mayores controles en la vida de los ciudadanos, la Constitución no podrá garantizar todo... el habitante estará en una situación de emergencia inflexible y esto no sólo en el país del norte, pues el enemigo casi "invisible" está en todas partes.

Y los otros, aquellos que desprecian la vida y la muerte, junto a los estados que los apoyan, seguirán lanzando sus antorchas humanas, harán más cosas a cuán más horrorosas, pues la estrategia, ya lo decíamos, es una sola, suscitar TENSIÓN, MIEDO, HORROR; y a mayores límites o dificultades, responderán con actos más dramáticos y desesperados.

Quienes trabajamos por la "Paz" y creemos, como Anna Franck, que en el fondo "el hombre es bueno", no podemos dejar de sentirnos defraudados ante tales acontecimientos. Años de supuesta civilización, valiosas enseñanzas filosóficas, sociales, culturales y religiosas nos presentaron la belleza de la vida y del hombre... y hoy veo que todo aquello en lo que se creyó se ve amenazado, pues, a pesar de su capacidad esencialmente "social" el hombre pone en evidencia la dificultad de vivir en armonía comunitaria y su discapacidad para amar.
No es culpa sólo de unos, es negligencia de todos aquellos que dan espacio en sus vidas al mal, al egoísmo, a la soberbia, y entierran con misiles, dinamitas, aviones caza, petróleo, dinero, poder, política, literatura, miseria, corrupción, inmoralidad... aquel bien connatural que también late en el corazón de todo hombre, ahogando su capacidad de vivir y hacer florecer, en vibrante armonía, sus mayores cualidades.

Y algo sí puedo decir con certeza, el hombre ha enceguecido y lo ha demostrado claramente en estos días: en nombre de la justicia clama venganza, en nombre de la seguridad habla de aniquilación y en ningún instante, ningún osado tuvo el coraje de mencionar la palabra más noble de todas... ¡PERDÓN! Tantas lágrimas derramadas, pero no fueron suficientes para apagar el fuego del rencor.

Y no podía ser, porque para perdonar hay que amar aún al enemigo y habiendo seguido durante mucho tiempo las lecciones del ensimismamiento materialista, de la dominancia, del bienestar temporal, de los placeres mundanos y habiendo legalizado la prevalencia de los sentidos sobre el espíritu, hemos olvidado nuestra naturaleza espiritual en la que sí es posible enraizar la paz, el perdón y la misericordia. Mientras ya desafiantes soplan los inclementes vientos de guerra, es menester obsequiarse la posibilidad de curar por fin las enfermedades con las que hemos ingresado al nuevo siglo y que nos impiden reconocer la única alternativa que hoy sí puede volver a traernos la luz: DIOS.

Sí, Dios, aunque cierto tipo de ciencia, sociología o antropología, encuentre esta referencia ingenua o pasada de moda o simplemente ajena a la realidad porque no corresponde al dato empírico-experimental. Sí, Dios, porque Él es Luz verdadera, Amor inagotable, Esperanza certera... Es todo aquello que esta oscuridad labrada por el hombre no nos puede ofrecer y a la cual nos arrimamos cada vez más, entorpeciendo nuestro propio caminar. Por lo tanto, no me parece inoportuno subrayar que, si la noche se aproxima..., es hora de buscar la Luz.

 

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