Jesús te pide que vuelvas los ojos hacia Él

 

Cada día el Señor nos llama, nos va dando muestras y señales para que descubramos de una vez por todas el único camino que nos conduce a la felicidad verdadera: el camino de la conversión. Basta con decirle "sí".
Algunos de nosotros, tememos entregarle nuestro amor, pensamos que el compromiso podría ser tan grande que cause algún conflicto en nuestro interior, en lo que somos y hacemos cotidianamente. Sin embargo, muy sutilmente y sin presión, Él nos invita a disfrutar de su amor infinito y misericordioso...

A cambio de tan poco, con una oración diaria, podemos encender nuestro corazón, podemos encontrar la paz verdadera y definitiva que necesitamos para vivir.
Si prestas atención a estas líneas, en las que nuestro Señor Jesús te tiende su mano amorosa para sacarte de cualquier abismo, podrás llegar a sentir ese fuego del que te hablamos.
Necesitas emitir apenas una pequeña chispa que le transmita tu deseo profundo de conocerlo y de seguir sus pasos. A cambio te ofrece nada menos que la vida eterna.
Él quiere ser, en cada instante, nuestra base, el soporte inquebrantable que aplaque todas nuestras angustias.
Él espera de ti una mirada, una sonrisa transparente, necesita tu corazón. Te pide que vuelvas los ojos hacia Él.

"...Sumérjanse todos, oh Mis amados, en esta Esencia Mía que los gobierna, sumérjanse en este Mi amor que palpita en sus corazones. Yo los acojo, los hago palpar que el futuro que les espera no guarda proporción con todas sus expectativas, está fuera de toda medida.
Entonces, ¿De qué tienen miedo? ¿Temen por el afán de un día terrenal, mientras Yo les aseguro una eternidad feliz? ¿Temen los engaños, mientras Yo les aseguro que no les faltaré? ¡Oh, pobres ciegos Míos, que quieren dar luz sin tener siquiera un bastón en qué sostenerse! ¡Oh, vengan a Mí, todos a Mí, y encontrarán la verdadera Esencia que los hará ver la luz que no cambia, la alegría de ver!...”
(La Gran Cruzada de la Salvación. Pág.52)
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