La Guadalupana en nuestros tirmpos

 

Juan Pablo II va abriendo caminos. Anuncia no sólo lo que hay que hacer sino también cómo hacerlo. Al impulsar la Nueva Evangelización, el Santo Padre nos va dando pautas para cumplir los designios del Señor. Por eso es importantísimo leer sus escritos. Todos tenemos el derecho y la obligación de comunicar el Evangelio.

“A lo largo del tiempo –nos dice la Exhortación Apostólica Ecclesia in América— ha ido creciendo cada vez más en los pastores y fieles, la conciencia del papel desarrollado por la Virgen en la Evangelización del Continente. [...] María Santísima de Guadalupe es invocada como ‘Patrona de toda América y Estrella de la Primera y de la Nueva Evangelización’.” (Cfr. EIA. 11)

A través de esta denominación que da el Papa a Nuestra Madre de Guadalupe, nosotros, como hijos suyos, estamos invitados a descifrar e interpretar cada una de las pautas y señales, signos y llamados que encierra toda la presencia mística de la “mujer vestida del sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza”. (Ap 12,1-2)

Sin duda, la mujer preanunciada en el Génesis 3.15, y que se describe en el Apocalipsis, la Virgencita de Guadalupe, nos extiende desde lo más profundo de su corazón de madre la invitación para llegar hasta Dios por medio de su ternura infinita.

La imagen de Santa María de Guadalupe viene a conducirnos a Cristo, y lo hace por medio de un lenguaje universal: el de los símbolos.

Es importante que más allá de apreciar la belleza que irradia la imagen de nuestra Virgen Morena, con su pureza maternal, tratemos de interpretar, en toda su dimensión, lo que Dios quiere decirnos a través de Ella. María de Guadalupe nos trajo un mensaje y quiere que lo comprendamos para actuar en estos tiempos difíciles. Con sus dulces manos, que muestran una actitud de complacencia, María viene a revelar que Ella no es, en Sí misma, “el mensaje”.Con esa actitud de veneración, justamente nos indica que hay alguien más grande que ella, y que está en su interior, ese es nuestro Salvador.

La Virgen de Guadalupe transforma cada día su mirada en aquella petición que sólo intenta protegernos de toda catástrofe que se vive en el mundo hoy. Busca suplicante que, a través del Santo Rosario y de la conversión permanente, caminemos de su mano hacia el Señor.

Aprovechemos este 12 de diciembre para unirnos a Ella y avanzar, aunque sólo sea un paso más, hacia Dios.

 

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