El Señor de la Misericordia
Por: Andrea Cordero
Glogowice, una comunidad cercana a Kracovia, Polonia, fue testigo del nacimiento, en 1905, de quien sería la primera Santa del siglo que comienza. Su nombre: Elena Kowalska. Su misión: difundir el mensaje del Señor de la Misericordia a toda la humanidad.
La historia mística de esta santa comienza a vislumbrarse cuando ella decide, por inspiración divina, ingresar al Convento de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia. En aquella época contaba con apenas un año y medio de estudios escolares, y en cambio había trabajado mucho tiempo como servidora doméstica.
Ingresa a la vida religiosa en 1925. Allí combinó sus deberes con las tareas de cocinera, jardinera y portera de su convento. Puede decirse que, en general, vivió una vida simple, hasta que ocurrió un dramático hecho que cambiaría considerablemente su ya profunda vida espiritual para siempre, y que influiría sobre muchísima gente en todo el mundo.
Sucedió el 22 de febrero de 1931, en el pueblo de Plock, Polonia, cuando la hermana Faustina tuvo una visión de Jesús Misericordioso. Él le encargó tres cosas: recordar al mundo la ya conocida, pero olvidada verdad del Amor Misericordioso de Dios hacia los hombres; elaborar nuevas formas de devoción a la Divina Misericordia e iniciar un movimiento que renovara la vida de los cristianos en el espíritu de confianza y misericordia.
A partir de esa fecha y hasta el día de su muerte, Sor Faustina continuó con una serie de revelaciones hechas por Jesús, que dejó escritas en un diario compuesto por más de 600 páginas.
En 1938, ya vencida por una tuberculosis múltiple, Faustina Kowalska muere a la corta edad de 33 años. Sus restos mortales yacen en la capilla del que fuera su convento en la ciudad de Kracovia. Descansan en paz, bajo la milagrosa imagen del Señor de la Divina Misericordia. El Papa Juan Pablo II la beatificó el 18 de abril de 1993, y el 30 de abril del 2000 Sor Faustina fue subida a los altares y proclamada Santa.
La labor de Sor Faustina
A esta sencilla monja, no bien formada intelectualmente, pero sí dotada de una profunda vida interior, que fuera premiada con revelaciones divinas y extraordinarias experiencias espirituales, la escogió el Señor Jesús como “Secretaria y Apóstol de Su Divina Misericordia” -como expresa ella en su diario- “en preparación a Su segunda venida”.
A través de Faustina, quiso Jesús recordar al mundo la eterna verdad del amor misericordioso de Dios al hombre, transmitiendo nuevas formas de devoción a la Divina Misericordia e inspirando un renacimiento a la vida espiritual.
Jesús dijo a Sor Faustina, según consta en notas de su mismo Diario de revelaciones: “Deseo que Mi Misericordia sea venerada; le doy a la humanidad la última tabla de salvación, es decir, el refugio en Mi misericordia (...) Es una señal de los últimos tiempos, después de ella vendrá el día de la justicia.
“Todavía queda tiempo, que recurran, pues, a la Fuente de Mi misericordia, se beneficien de la Sangre y del Agua que brotó para ellos" (Diario, 848)
La vida espiritual de Sor Faustina se basó en la humildad profunda, la pureza de intención y la obediencia amorosa a la voluntad de Dios, a imitación de las virtudes de la Santa Virgen María. Escribió y sufrió en secreto. Solamente su director espiritual y algunas de sus superioras estuvieron conscientes de que algo especial sucedía en su vida.
Después de su fallecimiento por tuberculosis múltiple, a los 33 años de edad, hasta sus compañeras más cercanas se quedaron asombradas al descubrir las profundas experiencias místicas y los grandes sufrimientos que le habían sido otorgados por Dios a esta hermana, que siempre se había visto tan alegre y humilde.
Sor Faustina escribió en su diario dirigiéndose a Jesús: “Mi mayor deseo es que las almas te conozcan, que sepan que eres su eterna felicidad, que crean en Tu bondad y alaben Tu infinita Misericordia". En un comentario profético, Sor Faustina escribió en su diario: “Siento muy bien que mi misión no terminará con mi muerte, sino que apenas empezará [con ella]”.
¿Cual es el mensaje y que finalidad tiene?
En esencia, el mensaje de la Divina Misericordia no es nuevo, es en realidad un recordatorio de lo que la Iglesia siempre ha enseñado: que Dios es misericordioso y que ama a todos los hombres y mujeres, sin importar la magnitud de sus pecados.
Sin embargo, este mensaje nos llama particularmente a una comprensión más profunda de que el amor de Dios no tiene límites, y que está disponible a todos, especialmente al pecador más grande: “(...) y cuanto más grande es el pecador, tanto más grande es el derecho que tiene a Mi misericordia", escribe Sor Faustina, dictada por Jesús, en una de las páginas de su Diario.
El mensaje señala claramente dos elementos esenciales en la devoción a la Divina Misericordia: la confianza que hemos de tener en Jesús y el compromiso de ser misericordiosos con nuestro prójimo.
Al respecto, Jesús dijo a Sor Faustina que “... de esta Fuente de la Misericordia, las almas sacan gracias exclusivamente con el recipiente de confianza. Si su confianza es grande, Mi generosidad no conocerá límites" (Diario, 1602). Asimismo, (...) si el alma no practica la misericordia de alguna manera, no conseguirá Mi misericordia en el día del juicio”. Más adelante exclama: “Oh, si las almas supieran acumular los tesoros eternos, no serían juzgadas, porque su misericordia anticiparía Mi juicio". (Diario, 1317).
Jesús enseñó a Sor Faustina que es posible ser misericordioso con el prójimo por medio de la oración, de la palabra y, finalmente, de las obras; ya que, tal como Jesús mismo le revelaría: “La fe sin obras, por fuerte que sea, es inútil" (Diario 742).
A su vez, los mensajes revelan una serie de nuevas formas de devoción a la Divina Misericordia, a través de las cuales el amor de Dios puede derramarse sobre el mundo. Entre estas nuevas formas figuran la adoración de la hora de la Divina Misericordia (3 de la tarde, hora aproximada en la que emanó sangre y agua del corazón de Jesús, al ser traspasado por una lanza); la veneración a la imagen; el rezo de la Coronilla y de la Novena, así como la celebración de la Fiesta de la Divina Misericordia, el domingo siguiente al de la Pascua de Resurrección.
El mensaje, es el llamado de un Dios amoroso, recordándole a todo ser humano que después de esta corta y atribulada vida, tiene un sitio esperándolo para disfrutar con Él por toda la eternidad. Desafortunadamente, quedarán en el Cielo campos vacíos, no porque Dios así lo desee, sino porque el hombre no quiso ocuparlos.
Jesús recordó a Faustina que quienes no ocupen su sitio en el Cielo, estarán en otro lugar, igualmente por toda la eternidad. En ese sentido, las revelaciones contenidas en el mensaje de la Divina Misericordia y plasmadas por Sor Faustina en su Diario, resultan claras y contundentes: “En el Antiguo Testamento enviaba a los profetas con truenos a Mi pueblo. Hoy te envío a ti a toda la humanidad con Mi misericordia. No quiero castigar a la humanidad doliente, sino que deseo sanarla, abrazarla a Mi Corazón misericordioso. Hago uso de los castigos cuando Me obligan a ello, Mi mano resiste a tomar la espada de la justicia. Antes del día de la justicia envío el Día de la Misericordia" (Diario, 1588).
¿Como se difunde el mensaje por el mundo?
En 1941, el Mensaje de la Divina Misericordia llega al Continente Americano a través de un sacerdote polaco, el padre José Jarzebowski M.I.C., quien al principio se había manifestado absolutamente escéptico sobre la veracidad y las promesas contenidas en él.
Durante la ocupación Nazi a Polonia, este sacerdote tuvo que huir hacia Norteamérica, realizando un largo e increíble viaje por Lituania, Rusia, Siberia y Japón. En su desesperación, y viendo agotadas sus esperanzas, el hombre prometió que si lograba llegar sano y salvo a la casa de los Padres Marianos en los Estados Unidos, dedicaría el resto de su vida a propagar el mensaje de la Divina Misericordia.
Varón justo este sacerdote, que aún vive en los Estados Unidos, comenzó a cumplir su promesa tan pronto puso pie en tierra firme. Ya en 1953, unos 25 millones de ejemplares de escritos sobre la Divina Misericordia habían sido distribuidos por el mundo entero.
Jesús reveló a Sor Faustina que la propagación de la devoción a la Divina Misericordia estaría acompañada de innumerables bendiciones: “A las almas que propagan la devoción a Mi misericordia, las protejo durante toda su vida como una madre cariñosa a su niño recién nacido, y a la hora de la muerte no seré para ellas Juez, sino Salvador misericordioso" (Diario 1075).
Sin embargo, durante casi veinte años, entre 1959 y 1978, la devoción al Señor de la Misericordia estuvo prohibida por las autoridades de la Iglesia, mientras se investigaba el caso.
Recién el 15 de abril de ese año (1978) la Santa Sede dio la autorización para su práctica, y lo hizo con tanta fuerza que llegó a emitirse una encíclica sobre la Misericordia Divina (“Dives in misericorida", 30 de septiembre de 1980), que subraya como función principal de la Iglesia el proclamarla, practicarla y pedirla.
Desde entonces la prohibición quedaría revocada, como decíamos, en 1978, gracias a la intervención del entonces Cardenal Karol Wojtyla, tan sólo seis meses antes de ser elegido y encumbrado como el Papa Juan Pablo II. La revocatoria se produciría después de conocerse el informe con los resultados del estudio teológico ordenado por el Cardenal Wojtyla sobre documentos originales del diario de Sor Faustina, estudio que tomó cerca de diez años en desarrollarse.
Tres años después de la revocatoria, el 22 de septiembre de 1981, el Papa Juan Pablo II dijo en el Santuario del Amor Misericordioso, situado en Collevalenza, Italia: “Desde el principio de mi Pontificado he considerado este mensaje como mi cometido especial. La Providencia me lo ha asignado".
Un dato curioso
En mayo de 1938, Sor Faustina escribió en su diario: “Cuando estuve rezando por Polonia, yo oí estas palabras: ‘He amado a Polonia de modo especial y si obedece Mi voluntad, la enalteceré en poder y en santidad. De ella saldrá una chispa que preparará el mundo para Mi última venida’” (Diario, 1732).
El 30 de abril del año 2000, al canonizar a la beata Sor María Faustina Kowalska, el Papa Juan Pablo II concluyó un proceso que él mismo había iniciado en 1965, siendo el entonces joven Arzobispo de Kracovia, Karol Wojtyla. Fue a él a quien, en 1967, ya como Cardenal, le correspondió concluir el proceso informativo diocesano, y a quien en 1993, ya como el Papa Juan Pablo II, le correspondió beatificarla y luego canonizarla.
Obstáculos para la divulgación del mensaje
El sufrimiento y la cruz son ingredientes indispensables y casi distintivos en toda obra del Señor. Así como Jesús debió soportar no solamente los ultrajes de los romanos sino también la traición y el abandono de los suyos, de la misma manera, muchos profetas, santos y místicos de diversas épocas tuvieron que afrontar los ataques, persecuciones y el hostigamiento de amigos, compañeros, hermanos y superiores, aun dentro de la misma Iglesia. Tal fue el caso de Sor Faustina. Pero Dios, en su infinita sabiduría y amor, le reveló anticipadamente a Santa Faustina todo lo que tendría que sufrir como “Secretaria y Apóstol de la Divina Misericordia", y se refería exactamente a las falsas acusaciones, la pérdida de la credibilidad en ella, además del sufrimiento físico provocado por los dolores de la Pasión de Cristo que, durante la Cuaresma de 1933, experimentó invisiblemente la religiosa.
Este último hecho fue conocido únicamente por su confesor. Sin embargo, ella lo relata en sus escritos de esta manera: “Un día durante la oración, vi una gran luz y de esta luz salían rayos que me envolvían completamente. De pronto sentí un dolor muy agudo en mis manos, en mis pies, y en mi costado, y sentí el dolor de la corona de espinas, pero esto fue sólo por un tiempo bien corto". Los sufrimientos padecidos por Faustina Kowalska durante su preparación para consagrarse por completo a Dios, a pesar de haber sido experimentados en su mayoría dentro de las paredes del convento en que vivía, fueron en aquel momento motivo de desconfianza, burla y señalamiento por parte de las integrantes de su congregación y de ciertas autoridades de la Iglesia.
Sor Faustina lo relata claramente en su Diario, de donde reproducimos los siguientes fragmentos: “Al darme cuenta de que no obtenía ninguna tranquilidad de las Superioras, decidí no hablar más de esas cosas puramente interiores(...) “Durante mucho tiempo fui considerada como poseída por el espíritu maligno y me miraban con lástima, y la Superiora tomó precauciones respecto a mí. Llegaba a mis oídos que las hermanas me miraban como si yo fuera así" (Diario123)
“Hasta aquí se pudo soportar todo. Pero cuando el Señor me pidió que pintara esta imagen, entonces, de verdad, empezaron a hablar y a mirarme como a una histérica y una exaltada, y eso empezó a propagarse aún más. Una de las hermanas vino para hablar conmigo en privado. Y se puso a compadecerme" (Diario 125)
“Un día, una de las Madres se enojó tanto conmigo y me humilló tanto, que pensé que no lo soportaría. Me dijo: Extravagante, histérica, visionaria, vete de mi habitación, no quiero conocerte. Todo lo que pudo cayó sobre mi cabeza" (Diario 129)
“Una vez, me llamó una de las Madres de mayor edad y de un cielo sereno empezaron a caer truenos de fuego, de tal modo que ni siquiera sabía de qué se trataba(...) Me dijo: ‘Quítese de la cabeza, hermana, que el Señor Jesús trate con usted tan familiarmente, con una persona tan mísera, tan imperfecta. El Señor Jesús trata solamente con las almas santas, recuérdelo bien' " (Diario133)
Como consecuencia de esa desconfianza que las Madres Superioras de la congregación tenían en relación con las experiencias místicas de Sor Faustina, se le condenó a una especie de cautiverio, para mantener a la religiosa en constante vigilancia y observación, a fin de descubrir si se trataba de una farsa o de manifestaciones reales de Nuestro Señor Jesucristo.
“Pues ya soy juzgada por todos lados, ya no queda nada de lo que hay en mí que se haya escapado al juicio de las hermanas; pero, en cierto sentido, ya se agotó todo y empezaron a dejarme en paz. Veo que soy vigilada en todas partes como un ladrón: en la capilla, cuando hago mis deberes, en la celda. Ahora sé que además de la presencia de Dios tengo siempre la presencia humana; de verdad, más de una vez esta presencia humana me molestó mucho. Hubo momentos en que reflexionaba si desvestirme o no para lavarme. De verdad, mi pobre cama también fue controlada muchas veces(...) Una hermana me dijo, ella misma, que cada noche me miraba en la celda, para ver cómo me comportaba en ella." (Diario128).
Como puede comprenderse, todas estas situaciones, comenzaron a preocupar a Sor Faustina, además de entristecerla y perturbarla, de manera que incluso empezó a tener miedo y desconfianza de sus propias visiones. No obstante, el Señor estuvo al tanto de todas las inquietudes surgidas en el corazón de esta elegida Suya, y no dudó en tranquilizarla por medio de sus ya comunes manifestaciones delante de los ojos y oídos de la religiosa.
“Hoy le dije al Señor Jesús: ¿Ves cuántas dificultades hay antes de que crean que Tú Mismo eres el autor de esta obra? No todos lo creen ni siquiera ahora. Quédate tranquila, niña Mía, (dijo el Señor) nada puede oponerse a mi voluntad; a pesar de las murmuraciones y la aversión de las hermanas, Mi voluntad se cumplirá en ti en toda su plenitud hasta el último deseo y designio. No te aflijas a causa de eso, Yo también fui piedra de escándalo para algunas almas." (Diario 1531)
Incluso después de la muerte de Sor Faustina Kowalska, las dificultades para la aprobación del culto al Señor de la Divina Misericordia se siguieron presentando. Prueba de ello fue la falta de credibilidad que tendría el Diario legado por la difunta religiosa, donde se plasma esta serie de revelaciones divinas, que se constituyeron por más de diez años en “objeto de estudio" para la Jerarquía de la Iglesia Católica. Sin embargo, esta situación conflictiva ya había sido contemplada por la misma Faustina años antes de que sucediera.
En 1935, le escribió a su director espiritual: “Llegará un momento en que esta obra que Dios tanto recomienda parecerá como si estuviera en ruina completa y, entonces, la acción de Dios seguirá con gran poder, que dará testimonio de la verdad. La obra será un nuevo esplendor para la Iglesia, aunque haya reposado en Ella desde hace mucho tiempo"
Esta visión profética de Santa Faustina se cumplió el 6 de marzo de 1959, cuando la Santa Sede, como consecuencia de cierta información errónea que le fuera presentada, y por causa de la natural prudencia que exige frente a estos casos, prohibió la divulgación de imágenes y escritos que propagaran la devoción a La Divina Misericordia en la manera propuesta por Faustina Kowalska.
Después de un período de silencio de aproximadamente veinte años, el 15 de abril de 1978 el Vaticano, tras un examen minucioso de algunos documentos originales escritos por la religiosa, cambió radicalmente su decisión y de nuevo permitió la práctica de La Devoción a la Divina Misericordia; todo esto gracias al trabajo intercesor del entonces Cardenal Karol Wojtyla, Arzobispo de Kracovia, la diócesis donde había nacido Santa Faustina.
El 16 de octubre de 1978, el mismo Cardenal Wojtyla fue elevado a la Sede de San Pedro bajo el título de “Papa Juan Pablo II" y, como es sabido, le correspondió a él, beatificarla y posteriormente canonizarla.
Las visiones de Santa Faustina
El Purgatorio
Mientras estaba en Skolimow, casi al final de su Postulantado, Santa Faustina
le preguntó al Señor por quién más debía
orar. La noche siguiente tuvo la visión que en su diario relata de
la siguiente manera: “Esa noche vi a mi ángel de la Guarda,
quien me pidió que lo siguiera. En un momento me vi en un lugar lleno
de fuego y de almas sufrientes. Estaban orando fervientemente por sí
mismas pero no era válido, solamente nosotras podemos ayudarlas.
Las llamas que las quemaban no podían tocarme. Mi ángel de
la guarda no me dejó sola ni un momento. Yo pregunté a las
almas qué era lo que más las hacía sufrir. Ellas me
contestaron que era el sentirse abandonadas por Dios... Vi a Nuestra Señora
visitando a las almas del Purgatorio, la llamaban ‘Estrella del Mar'.
Luego mi ángel guardián me pidió que regresáramos;
al salir de esta prisión de sufrimiento, escuché la voz interior
del Señor que decía: ‘Mi Misericordia no quiere esto,
pero lo pide mi Justicia'".
El Infierno
Durante un retiro de ocho días, en octubre de 1936, se le mostró
a Sor Faustina el abismo del infierno con sus varios tormentos y, por pedido
de Jesús, ella dejó escrita una descripción de lo que
se le permitió ver: “Hoy día fui llevada por un Ángel
al abismo del infierno. Es un sitio de gran tormento. ¡Cuán
terriblemente grande y extenso es! Las clases de torturas que vi son:
La primera es la privación de Dios; la segunda es el perpetuo remordimiento de conciencia; la tercera es que la condición de uno nunca cambiará; la cuarta es el fuego que penetra en el alma sin destruirla, un sufrimiento terrible, ya que es puramente fuego espiritual, prendido por la ira de Dios.
La quinta es una oscuridad continua y un olor sofocante terrible. A pesar de la oscuridad, las almas de los condenados se ven entre ellos; la sexta es la compañía constante de Satanás; la séptima es una angustia horrible, odio a Dios, palabras indecentes y blasfemia.
Estos son los tormentos que sufren los condenados, pero no es el fin de los sufrimientos. Existen tormentos especiales destinados para almas en particular. Estos son los tormentos de los sentidos. Cada alma pasa por sufrimientos terribles e indescriptibles, relacionados con el tipo de pecado cometido.
Existen cavernas y fosas de tortura donde cada forma de agonía difiere de la otra. Yo hubiera fallecido a cada vista de las torturas si la Omnipotencia de Dios no me hubiera sostenido. Estoy escribiendo esto por orden de Dios, para que ningún alma encuentre una excusa diciendo que no existe el infierno, o que nadie ha estado ahí y por lo tanto, nadie puede describirlo."
El Señor fue preparando de esta forma el corazón de Santa Faustina, para que por medio de su intercesión se salvaran muchas almas.
El Cielo
El 27 de noviembre de 1936, cuando la debilidad la llevó a la cama,
escribió la siguiente visión del cielo: “Hoy día,
estuve en el cielo en espíritu, y vi sus bellezas incomparables y
la felicidad que nos espera para después de la muerte. Vi cómo
todas las criaturas alaban y dan gracias a Dios sin cesar... Esta fuente
de felicidad es invariable en su esencia, pero es siempre nueva, derramando
felicidad para todas las criaturas. Dios me ha hecho entender que hay una
cosa de un valor infinito a Sus ojos, y eso es el amor a Dios; amor, amor
y nuevamente amor, y nada puede compararse a un solo acto de amor a Dios.
Dios en su gran majestad, es adorado por los espíritus celestiales, de acuerdo a sus grados de gracias y jerarquías en que son divididas. No me causó temor ni susto; mi alma estaba llena de paz y amor; y mientras más conozco la grandeza de Dios, más me alegro de que Él sea El que es. Me regocijo inmensamente en Su grandeza y me alegro de que soy tan pequeña, ya que siendo tan pequeña, Él me carga en Sus brazos y me aprieta a Su corazón" (Diario de Sor Faustina 777-780).
Los siguientes años fueron un entrenamiento del Señor. Ella no sabía lo que Dios estaba haciendo en ella, pero su respuesta era firme e invariable: “Sí Señor, haz en mí tu voluntad." Algo que ella sí veía en todo esto, era que el Señor quería su obediencia. Santa Faustina siempre mantuvo una fuerte relación con Dios, sin saber de antemano el camino que Dios trazaba para ella.