Apariciones y devociones de la Virgen María

Por: Alejandra Galván

Muchos católicos tendemos a ver las festividades religiosas como si se tratasen de un festejo cualquiera. En consecuencia, generalmente no analizamos la causa de esos mágicos acontecimientos que marcan la vida de nuestra Iglesia. Como es obvio, tampoco nos detenemos a pensar en el mensaje que ellos quieren transmitirnos.

El mes de mayo está dedicado a nuestra Santa Madre, la Virgen María; y es justamente en esta época cuando se le manifiesta una especial devoción. Con diversas manifestaciones, que asumen rasgos muy particulares, folclóricos y específicos en cada región o país, la Santísima Virgen es siempre venerada y enaltecida, no únicamente por ser la Madre de Jesucristo, sino principalmente por el ejemplo que ha dejado con su vida para todos los cristianos, y por su especialísimo poder de intercesión ante Dios para el perdón de nuestros pecados.

En la ciudad de Roma, por ejemplo, se acostumbra, desde fines del siglo XVIII, que algunos niños reúnan a sus compañeros y los guíen hacia una imagen de María, en cuyos pies se debe encontrar una lámpara encendida.

Allí los niños comienzan a entonar diversos cánticos, llamando la atención de todos los que están cerca, invitando a la devoción de otras personas, y popularizando esta usanza. Sin embargo, la premisa de esta práctica no es el crear una fría rutina, sino promoverse como un acto de amor, de conversión, y de respuesta a las solicitudes de la Virgen María.

“El mes de mayo nos estimula a pensar y hablar de modo particular sobre Ella. En efecto, éste es su mes. Así, el período del año litúrgico, y el corriente mes llaman e invitan a nuestros corazones a abrirse de manera singular a María”. (Juan Pablo II, Mayo de 1979).

Entre las prácticas más comunes en cualquier país, está la visita a cierta iglesia dedicada a alguna devoción de la Virgen que se venera en ese momento, llevando como ofrenda algunas flores. De igual forma, se ofrece algún sacrificio en su honor, o bien, el rezo del Santo Rosario, procurando hacerlo con un grado de amor y dedicación mayor que el habitual.

1. Cuándo surgen las devociones Marianas

El pueblo cristiano ve en María un camino corto hacia Dios, que abrevia las tristezas, engrandece las alegrías y lleva al hombre a la aceptación de las voluntades divinas, incluida la muerte misma.

“Por inspiración, sin duda del Espíritu Santo, se ha tenido siempre esta intuición divina: es más fácil llegar a Dios a través de su Madre" (F. Fernández Carvajal, Antología de textos, Editorial Palabra, p.1487)
Las primeras devociones hacia María, la Madre de Dios, surgen en los primeros siglos de vida de la Iglesia, y a fuerza de repetición y herencia entre generaciones, se convirtieron en una tradición. El mes de mayo está dedicado a honrar especialmente a la Virgen María, desde el siglo XIII, cuando Alfonso X, llamado “el sabio", dictó un decreto en ese sentido para el devoto pueblo español.

Durante este tiempo, los niños suelen ofrecer flores a María; los adultos acostumbran hacer algún sacrificio diario, o rezan el Santo Rosario en familia. Por su parte, la Iglesia invita a todos los fieles a procurar acercarse al Sacramento de la Penitencia o Confesión, para reconciliarse con Dios y tener un alma limpia, a semejanza de la Santísima Virgen. De esta manera, la Iglesia tomó esas Liturgias y Letanías, surgidas espontáneamente del mismo pueblo de Dios, a fin de estudiarlas y ordenarlas, para finalmente aprobar y decretar un Magisterio especial destinado a las prácticas y devociones a la Madre de Dios.

No obstante, puede existir alguna diferencia entre las fechas de las celebraciones, ya que eso está determinado más bien por la tradición de cada país en el que se ha manifestado la presencia de Nuestra Señora.

2. Devociones Marianas y prácticas mas cómunes

Las fiestas de la Virgen. En ellas se le alaba por algún misterio de su vida: Madre de Dios, Inmaculada (8 de diciembre), la Asunción (15 de agosto); por algún título con el cual la Iglesia nos la presenta; por alguna actuación en favor de los hombres: como Reina, Mediadora, Virgen Dolorosa o Nuestra Señora del Rosario; por su manifestación singular en algún lugar donde se le venera: Fátima, Lourdes, Pilar, Loreto, la Villa de Guadalupe (México), entre otros.
El Santo Rosario. Innumerables son las gracias que han recibido los fieles a través de esta oración, ya sea recitada en común o individualmente.
Es conveniente recordar que, al igual que otras prácticas de piedad, el rezo del Santo Rosario está favorecido con indulgencias: parcial, si se reza privadamente o plenaria si se lo hace en comunidad o en familia.

El Ángelus. Recuerda el encuentro del Ángel San Gabriel con Nuestra Madre, en el cual le anunció su divina maternidad. Se recita todos los días a las doce o en la media tarde, para traer la presencia de Nuestra Señora. Es habitual que lo tengamos que hacer en medio de nuestras ocupaciones diarias, por lo que se nos sugiere que procuremos pronunciarlo sin prisa, ofreciendo nuestras actividades y nuestro amor a la Virgen.

El Escapulario de la Virgen del Carmen. Llevarlo significa que creemos en su intercesión poderosa, pero esto debe ir acompañado por una práctica piadosa mariana, es decir, por lo menos rezar las tres Aves Marías de la noche, antes de dormir. El fiel que por primera vez lleva el Escapulario, debe recibirlo con imposición y bendición hechas por el sacerdote. Al reponer el Escapulario, por pérdida o destrucción, basta la bendición de cualquier sacerdote. El Escapulario de tela puede cambiarse por una medalla escapulario de metal, con la condición de que ésta tenga en una cara la imagen de Nuestro Señor Jesucristo y, en la otra, la imagen de la Santísima Virgen.


Las tres Aves Marías.
La Iglesia nos sugiere no acostarnos nunca sin rezar con devoción al menos tres veces el Avemaría. Esta es una costumbre que, según se nos enseña, puede valernos para que nuestros últimos pensamientos vayan hacia María, que vela nuestro sueño, de modo que, con su poder, pueda alejar al enemigo de nuestra alma y de nuestro cuerpo.


El sábado, día de la Virgen.
“Si te acostumbras, siquiera una vez por semana, a buscar la unión con María para ir a Jesús, verás cómo tienes más presencia de Dios" recomienda el Beato y próximo Santo José María Escrivá de Balaguer (Camino 276)


La consagración a María.
Puede hacerse de dos formas: Considerando a María como Reina (consagración de esclavitud mariana) o bien, como Madre (consagración de piedad filial mariana)


Otras prácticas de piedad mariana.
Las Romerías o peregrinaciones pueden hacerse de maneras muy diversas: dirigirse a pie hacia algún Santuario, ermita, o capilla, dedicada a la Virgen, en grupos de dos, tres o más personas; caminar hacia el lugar, durante al menos la duración del rezo de los cinco primeros misterios del Rosario. Ya en el lugar mismo, rezar otros cinco misterios, incluyendo las letanías y volver caminando, al menos la distancia de otros cinco misterios. De esta forma se rezan y meditan los quince misterios que forman la corona o rezo completo del Santo Rosario. A menos que la marcha sea realmente muy extensa, se aconseja que en estas ocasiones no se tome ningún refrigerio, como un pequeño detalle de sacrificio en honor de Santa María. No importa si realizamos una o varias de estas devociones, lo que desea Nuestra Madre es que nos acerquemos más a su amor y protección, con la finalidad de que podamos comprender la infinita misericordia que tiene Dios para los que buscamos Su rostro y el de Su Hijo Jesucristo.
Recordemos siempre que la Virgen es sólo un camino para acercarnos a Cristo, el Hijo de Dios hecho hombre, a través de Quien lograremos el perdón de nuestros pecados, la transformación de nuestra vida y la Salvación de nuestra alma, para la Vida Eterna.

3. Los Mensajes de Fátima

Entre varios acontecimientos sobrenaturales, ocurridos durante el cercano siglo pasado, que de algún modo constituyeron una importante vía para la búsqueda de la verdad por parte del hombre actual, encontramos diferentes manifestaciones de la Madre de Jesús, la Santísima Virgen María.
Por su misma “sobrenaturaleza", muchas de estas apariciones han servido de materia prima para disparar la imaginación de mentes muy fecundas, que no tardaron en generar interpretaciones sobre el “inminente" fin del mundo, casi siempre presentadas de manera profética, apocalíptica y en no pocos casos antojadiza.
En tal sentido, lamentablemente las explicaciones que algunos sectores de la sociedad ofrecen ante estas manifestaciones, con frecuencia se desvían del mensaje primordial y recurrente de estos fenómenos: la urgencia de que nos convirtamos a Cristo, camino para el perdón de Dios y la salvación de las almas.

Texto original del Tercer Secreto de Fátima


Tercera parte del secreto de Fátima, revelado el 13 de julio de 1917 a los tres pastorcillos en la Cueva de Iria, Fátima y transcrito por Sor Lucía el 3 de enero de 1944. Fue hecho público el 13 de mayo del 2000.

"Escribo en obediencia a Vos, Dios mío, que lo ordenáis por medio de Su Excelencia Reverendísima el Señor Obispo de Leiria y de la Santísima Madre vuestra y mía.

"Después de las dos partes que ya he expuesto, hemos visto al lado izquierdo de Nuestra Señora un poco más en lo alto a un Ángel con una espada de fuego en la mano izquierda; centelleando emitía llamas que parecía iban a incendiar el mundo; pero se apagaban al contacto con el esplendor que Nuestra Señora irradiaba con su mano derecha dirigida hacia él; el Ángel señalando la tierra con su mano derecha, dijo con fuerte voz: ¡Penitencia, Penitencia, Penitencia! Y vimos en una inmensa luz qué es Dios: 'algo semejante a como se ven las personas en un espejo cuando pasan ante él' a un Obispo vestido de Blanco 'hemos tenido el presentimiento de que fuera el Santo Padre'. También a otros Obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas subir una montaña empinada, en cuya cumbre había una gran Cruz de maderos toscos como si fueran de alcornoque con la corteza; el Santo Padre, antes de llegar a ella, atravesó una gran ciudad medio en ruinas y medio tembloroso con paso vacilante, apesadumbrado de dolor y pena, rezando por las almas de los cadáveres que encontraba por el camino; llegado a la cima del monte, postrado de rodillas a los pies de la gran Cruz fue muerto por un grupo de soldados que le dispararon varios tiros de arma de fuego y flechas; y del mismo modo murieron unos tras otros los Obispos sacerdotes, religiosos y religiosas y diversas personas seglares, hombres y mujeres de diversas clases y posiciones. Bajo los dos brazos de la Cruz había dos Ángeles cada uno de ellos con una jarra de cristal en la mano, en las cuales recogían la sangre de los Mártires y regaban con ella las almas que se acercaban a Dios".

Un poco de la historia

El 13 de mayo de 1917, en la ciudad de Fátima, localizada a 130 kilómetros al norte de Lisboa, casi en el centro de Portugal, la Virgen se manifestó ante unos niños pastores de corta edad: Lucía de 10 años, Francisco de 9, y su hermana menor Jacinta, de 6.

Poco tiempo después, los dos menores murieron, quedando viva sólo Lucía, quien desde el 25 de marzo de 1945 vive como religiosa en el claustro de Carmelo de Santa Teresa, en Coimbra-Portugal.

Durante su primera aparición, además de invitar a los niños a que acudieran al sitio de los sucesos místicos durante los siguientes seis meses, la Virgen dejó muy clara la intención principal de su mensaje:

“Reciten la corona [del Santo Rosario] todos los días, para obtener la paz del mundo y el fin de la guerra". María se refería a la Primera Guerra Mundial, desatada en Europa en 1914, y que finalizó en 1918, justo un año después de las primeras apariciones de Fátima.

Los tres pastorcitos observan, escuchan y memorizan todo cuanto la Virgen les dice, pero es la pequeña Lucía quien, a petición del Obispo de Leiria, y contando con el permiso de Nuestra Señora, redacta en un documento los “secretos" de aquellas revelaciones.

El legajo está integrado por tres partes: Las dos primeras se publicaron en 1941, revelando las visiones permitidas por la Virgen a los pastorcitos acerca de lo que sería el mundo si no se daba una fuerte conversión hacia Dios: “Visteis el infierno adonde van las almas de los pobres pecadores; para salvarlas, Dios quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón".

La Virgen hace un llamado para que mediante la devoción a su Inmaculado Corazón, la Guerra Mundial finalizara y se evitase el daño que Rusia y el Comunismo pudieran hacer a toda la humanidad con su persecución al cristianismo, llevando al mundo hacia ese infierno que les mostró al principio.

La tercera parte de este documento, señala una visión sobre el Santo Padre, los obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas, quienes se verían
ustigados por varios tiros de armas de fuego y flechas. Esta información fue dada a los Papas Juan XXIII y Pablo VI, quienes luego de leer el documento decidieron regresarlo al Archivo del Santo Oficio, donde había sido depositado desde el principio, y no publicar su contenido.

Después del atentado que sufriera el 13 de mayo de 1981 Su Santidad, Juan Pablo II, pidió el sobre con la tercera parte del “secreto". El documento fue leído por él en julio y devuelto al Archivo del Santo Oficio en agosto del mismo año.

Este tercer segmento del mensaje fue escrito y revelado recién en 1944 por Sor Lucía, y es quizá el que ha causado mayor curiosidad e interés por parte de los fieles católicos y la opinión pública en general, debido probablemente a que se mantuvo oculto durante todo este tiempo, hasta que finalmente fue dado a conocer el año pasado.

“Los dos primeros fragmentos del mensaje conciernen al mundo en general y fueron hechos del conocimiento público en el momento en que la Virgen se lo pidió a sus interlocutores", señala el Sacerdote Ernesto María Caro, en su artículo titulado El Tercer Secreto de Fátima: mitos y realidades, publicado en Internet (www.encuentra.com), donde también aclara que el tercer secreto estaba dirigido al Papa, por lo que sólo él podía tenerlo.

El autor explica que esta última parte ha sido blanco de falsas interpretaciones, como la de divulgar que en ella aparece el anuncio y algunas descripciones sobre el fin del mundo, fenómeno presentado como algo inminente, muy cercano y catastrófico para la humanidad. Al respecto, el sacerdote aclara que, aunque Jesucristo siempre nos invita a estar preparados para el día final, Dios nunca se mostraría como un Padre inmisericorde ante la petición del perdón. “Yo como luz he venido al mundo, a fin de que todo el que crea en Mí no siga en tinieblas. Y si alguno oyere Mis palabras y no las guardare, yo no le condeno. Pues no vine a condenar al mundo, sino a salvarle". (Jn 12:46-47)

Se necesitarían varias páginas para escribir sobre cada mensaje dejado por Nuestra Señora de Fátima, pero ante la falta de espacio, creemos que al menos conviene dejar muy en claro que esta tercera parte del “secreto" sigue mostrando la continua persecución al catolicismo y a sus principales representantes. Asimismo, consideramos que es preciso reconocer que las revelaciones y sus respectivos análisis, han tenido mucho que ver con nuestra historia contemporánea. Por su parte, en la presentación del documento oficial sobre el mensaje de la Virgen de Fátima, el Arzobispo de Vercelli y Secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Mons. Tarciso Bertone expresa que “Estas manifestaciones, que no pueden contradecir el contenido de la fe, deben confluir hacia el objeto central del anuncio de Cristo: el amor del Padre que suscita en los hombres la conversión y da la gracia para abandonarse a Él con devoción filial".

 

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