EL PAPA VIENE NUEVAMENTE A MÉXICO
Preparativos para la canonización de Juan Diego.
Por: Andrea Cordero
Una vez más, el misterio de María de Guadalupe ha sido la razón para que Su Santidad regrese a México. La canonización de Juan Diego es el acto protagónico de su quinta visita y los fieles católicos de este país, bendecido por las manos de la Virgen Morena, se sienten privilegiados por ello.
Muchas han sido las reacciones a favor y en contra de la santificación del indígena mexicano que presenció las apariciones de la Virgen del Tepeyac hace 471 años, por lo que la pregunta obligada es: ¿Cuál será el beneficio de la canonización de Juan Diego? Una respuesta convincente para los creyentes puede ser la que el periodista Jame Septién, del sitio www.periodismocatolico.com, ofrece, y que a continuación reproducimos: “Juan Dieguito fue el intermediario de la Virgen de Guadalupe para llevar el mensaje de amor a los naturales de las tierras apenas conquistadas por la corona española. Ahora servirá de intercesor ante Dios para todas las peticiones de fe de sus hermanos indígenas y de los que vivimos en este subcontinente”... “servirá para que los mexicanos sepamos saldar, de una vez y para siempre, la enorme y lacerante deuda que tenemos con nuestros hermanos indígenas, sometidos hoy al aislamiento más despiadado del desarrollo, a las condiciones de pobreza más brutales, al despojo, la ignorancia y, lo que es peor, a la cruel indiferencia nuestra, aquella que aplicamos cada día al ver a una madre indígena en el crucero y arrojarle, desde la burbuja de nuestra comodidad automotora, unas cuantas monedas: migajas de corazón entumecido” Si bien es cierto que la canonización de Juan Diego no acabará con la marginación y pobreza de los indígenas de América, sí sería digno de cios sociales para los pueblos autóctonos de América, y especialmente de México.
Los intelectuales de las diferentes etnias del país, también se manifestaron con respecto a este tema. La mayoría de ellos concuerda con la idea de que Juan Diego es un mito creado por los conquistadores españoles para someter al pueblo con el disfraz de la evangelización. Sin embargo, muchos consideran que el hecho de la canonización podría ser favorable para la causa de la dignificación indígena.
En diferentes declaraciones públicas, realizadas, a propósito del tema, durante los primeros días de marzo, se captaron las siguientes ideas: El historiador Miguel León-Portilla afirmaba que “Más allá de si Juan Diego existió o no; lo cual no se puede comprobar ni negar históricamente porque se trata de un relato fundacional; cualquier positiva” Por su parte, la poeta maya Briseida Cuevas Cob, nacida en Tepakam, Campeche, expresó: “Unos piensan que la canonización servirá para desviar la atención de los mexicanos de los problemas del país, y otros que obedece a intereses políticos de la Iglesia católica, pero yo quiero pensar que representa un triunfo, porque el nombre del indígena resonará en todo el mundo y permitirá que se abran las conciencias al reconocimiento de nuestros pueblos”
Preparativos para la canonización de Juan diego
Juan Diego será canonizado el próximo 30 de julio de 2002. Las autoridades civiles y religiosas del país se encuentran en los preparativos para el magno evento que lo colocará en el sitial de los santos.
A pesar de que hubo especulaciones sobre una posible canonización a “control remoto” desde el Vaticano, porque el Papa estaba algo delicado y era posible que cancelara su viaje a México, gracias a Dios, la salud de Su Santidad ha mejorado y la promesa de su visita sigue en pie.
Al respecto, el padre Ciro Benedittini, subdirector de la Sala de Prensa del Vaticano, declaró ante los medios de prensa: “No tenemos ninguna información relacionada con un cambio en los programas del Santo Padre. El viaje a México lo anunciamos hace tres semanas y hasta ahora no tengo ninguna noticia que hable de su eventual modificación”, con lo que los rumores difundidos al respecto no habrían tenido un asidero firme.Entre tanto, el lugar para la celebración parecía estar definido: Ecatepec, Estado de México, a 45 minutos de la capital del país y muy cerca de Cuautitlán, donde nació y vivió Juan Diego. Sin embargo, el pasado 15 de marzo, el jefe adjunto de protocolo de la Secretaría de Estado del Vaticano, Renato Boccardo, informó que, para cuidar la salud del Sumo Pontífice, la magna ceremonia se realizará en la Basílica de Guadalupe, donde ya se trabaja para recibir a los millones de fieles que se darán cita el próximo 30 de julio.
Durante su visita, Juan Pablo II presidirá también la ceremonia de beatificación de los indígenas zapotecas Juan Bautista y Jacinto de los Ángeles, considerados mártires por haber muerto en Oaxaca, en el año 1700 al defender la fe católica.
Con este acto, México tendrá 29 santos, 27 de ellos canonizados por Juan Pablo II durante el jubileo del 2000, la mayoría víctimas de la persecución religiosa del siglo XX, a excepción de San Felipe de Jesús, quien murió martirizado en 1572 en Nagasaki, Japón.
1. La controversia desatada por monseñor Schulemburg
Sin duda, una de las reacciones más divulgadas por los medios electrónicos y escritos de México y que, por lo tanto, no podía quedar al margen de este artículo, es la polémica que desatara la carta que el ex Abad de la Basílica de Guadalupe, Monseñor Guillermo Schulemburg, enviara a Su Santidad, Juan Pablo II, a finales de 1999, cuyo contenido fue revelado por la prensa mexicana de manera “extraoficial”.
La controvertida carta, según publicaciones de varios medios, contiene declaraciones de Monseñor Schulemburg en contra de la canonización de Juan Diego, en las que supuestamente argumentaría que el indígena, que portó alguna vez el ayate milagroso donde hoy se encuentra plasmada la imagen de María de Guadalupe, nunca existió; es decir, que la figura de Juan Diego es la de un personaje mítico, creado por la Iglesia Católica para dar una explicación sobre la procedencia de la tilma sagrada. Ante los innumerables cuestionamientos desatados a partir del conocimiento de la existencia de dicha misiva, el ex Abad, quien durante 27 años custodiara la Basílica y su preciado tesoro, no ha respondido. Su silencio ha sido suficiente para que el pueblo mexicano, profundamente guadalupano, corroborarse que, en efecto, existió una carta al Vaticano y que el motivo de la disputa no es producto de un invento mediático.
Sin embargo, y a pesar de ser considerado dentro de los círculos religiosos como “antiaparicionista”, (lamentablemente al igual que muchos casos de jerarcas de nuestra Iglesia), no existen declaraciones públicas conocidas donde Monseñor Schulemburg se manifieste en contra del Milagro de Santa María de Guadalupe; lo que querría decir que, en apariencia, sólo se muestra incrédulo ante la figura de Juan Diego.
Toda esta situación ha suscitado una serie de interrogantes y señalamientos, en un principio por parte de los medios de comunicación y, consecuentemente , de la opinión pública, acerca de la administración de los fondos del Santuario de Guadalupe.
Según los argumentos de los periodistas, el ex Abad, que hoy cuestiona la existencia de Juan Diego, vivió durante su gestión de los fondos de la Basílica, los cuales provienen en gran medida de las limosnas dadas por la gente humilde y profundamente creyente de Juan Diego y de la Virgen de Guadalupe. Con esto, se reafirmó el profundo descontento y el descrédito del pueblo guadalupano hacia la figura de Monseñor Schulemburg.
No obstante, en la medida en que se acerca el grandioso evento, tan esperado por los mexicanos, el tema Schulemburg parece haber quedado en el olvido. De hecho, resulta absolutamente incompetente frente al fervor religioso que se vive en estos meses, mientras se espera la llegada del Santo Padre para la ya inminente elevación de Juan Diego a los altares de la Iglesia Católica.
2. ¿Quién fué Juan diego?
De acuerdo con la primera investigación formal realizada por la Iglesia sobre los sucesos, las “Informaciones Guadalupanas de 1666”, Juan Diego parece haber sido un hombre muy devoto y religioso; incluso antes de su conversión fue considerado dentro de su comunidad como un hombre justo, y después de ser evangelizado se convirtió en un fiel y piadoso católico.
Los registros históricos afirman que Juan Diego era un individuo muy reservado y de un místico carácter, afecto a largos silencios y frecuentes penitencias. Cada sábado y domingo, partía de su casa antes del amanecer para escuchar la Santa Misa y acudir, puntualmente, a las clases de instrucción religiosa que los evangelizadores franciscanos ofrecían a los indígenas en la ciudad de Tenochtitlán, hoy Ciudad de México. Fue precisamente durante una de esas largas caminatas, que solían tomar unas tres horas y media, a través de 14 kilómetros entre montañas y poblados, cuando en 1531 ocurre la primera aparición de Nuestra Señora María de Guadalupe. En esa época Juan Diego contaba con la edad de 57 años.
Las palabras de La Santísima Virgen a Juan Diego fueron pronunciadas en el idioma del pueblo indígena azteca: el náhuatl. Se dirigió a él con frases llenas de amor de madre, llamándolo “Juanito, Juan Dieguito", "el más pequeño de mis hijos", “hijito mío".
Luego de las apariciones de María de Guadalupe, cuya historia resulta en general bastante conocida, Juan Diego fue a vivir a un pequeño cuarto contiguo a la capilla que albergaba la santa imagen. Para ello tuvo que dejar todas sus pertenencias a su tío Juan Bernardino. A partir de entonces, se dedicó el resto de su vida a la difusión del relato de las apariciones entre la gente de su pueblo. En la actualidad hay un acuerdo unánime con que la figura de Juan Diego fue determinante para la conversión definitiva de los indios americanos.
Después del milagro del Tepeyac, a Juan Diego se le permitió, por orden del Obispo, recibir la Comunión tres veces por semana, algo completamente inusual para cualquier laico en aquellos tiempos.
Los documentos e investigaciones sobre la existencia de Juan Diego no concuerdan en la fecha exacta de su fallecimiento; así, mientras que unos datos afirman que murió el día 12 de junio de 1548, otros dicen que su deceso ocurrió el 30 de mayo de ese mismo año. Sin embargo, existe la plena seguridad de que Juan Diego fue sepultado junto con su tío Juan Bernardino en la primera ermita dedicada a la Virgen de Guadalupe, que se encuentra en la actual Ciudad de México.
“Soy sólo un hombrecillo, soy un cordel, soy una escalerilla de tablas, soy cola, soy hoja, soy gente menuda”, eran las palabras que Juan Diego utilizaba siempre que se refería a sí mismo. Son estas palabras las que hoy motivan a Su Santidad, Juan Pablo II, a mostrar a este indígena mexicano como un modelo de humildad para los fieles católicos del mundo.
El día 9 de abril de 1990, en el Palacio Apostólico de Roma, en presencia del Papa Juan Pablo II, de varios cardenales y prelados, se aprobó públicamente el Decreto de la Congregación de las Causas de los Santos “de culto inmemorial", por el que se declaraba que Juan Diego había vivido las virtudes cristianas en grado heroico; es decir, se le catalogó desde ese momento como “Venerable” La Beatificación de Juan Diego tuvo lugar ese mismo mes en el Vaticano durante una ceremonia oficiada por el Santo Padre. Durante su segunda visita México, el 6 de mayo de 1990, en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, Su Santidad presidió la solemne ceremonia de beatificación ante millones de fervorosos guadalupanos.
El 9 de diciembre ha sido declarado como fiesta del Beato Juan Diego. Inicialmente se le había pedido al Papa que eligiera como fecha de la celebración litúrgica el 12 de junio, aniversario de su muerte y día de su nacimiento al Cielo (como generalmente se establece para los santos), pero el Papa respondió: “No; que sea el 9 de diciembre, porque fue el día en que vio el Paraíso", es decir, la primera aparición que tuvo de la Santísima Virgen.
3. Hallazgos técnicos y científicos
Uno de los primeros estudiosos de este inexplicable hecho, fue el pintor barroco Miguel Cabrera (1695-1768), quien fuera comisionado por la autoridad eclesiástica para el estudio de la imagen del Ayate. Los resultados de aquella investigación dieron origen al libro “Maravilla Americana” publicado en 1756, donde el experto concluye que la venerada tilma de Juan Diego no presenta impresiones específicas en ninguna de las técnicas pictóricas conocidas en la época, y que aparentemente se habrían usado en diversas porciones de la sagrada imagen: óleo, temple, acuarela y dorado. Por otro lado, el estudio comprueba que los ayates que utilizaban los indios en tiempos de la Colonia, por estar hechos de fibra de maguey (agave), se degradan con el paso del tiempo. Normalmente no deberían durar más de veinte años, sin embargo, la imagen está impresa desde hace 471 años, lo que significa que ha sobrevivido inexplicablemente a la humedad, salitre, ácidos, manoseo e incluso a varios atentados.
Pero los enigmas del Ayate de Juan Diego apenas comienzan allí. Investigaciones recientes, de un alto nivel científico y tecnológico, todavía no han podido explicar, bajo sus términos, el origen de esta imagen ni la naturaleza de los “colorantes” utilizados. Como ejemplo de ello se puede citar la investigación de Richard Kuhn, premio Nobel de Química, quien comprobó de manera científica que la imagen no tiene colorantes naturales, animales, ni mucho menos minerales y, dado que en aquella época no existían los tintes sintéticos, la imagen es, ya desde ese sólo punto de vista, completamente inexplicable. Por su parte, el ingeniero José Aste Tönsmann, del Centro de Estudios Guadalupanos de México, se ha dedicado por más de veinte años al estudio del Ayate de Juan Diego, especialmente al enigma de las pupilas de la Virgen y lo que se refleja en El iris y las pupilas de ambos ojos, según explica Aste Tönsmann, tienen impresa la silueta sumamente detallada de por lo menos trece personajes con diferentes proporciones, al igual que sucede en los ojos de un ser humano, que por efecto de la luz refleja los objetos que tiene en frente.
Lo que se ve en los ojos de la Virgen de Guadalupe, según informan los estudios realizados por este científico con el auxilio de equipos de alta tecnología, es la escena donde Juan Diego mostraba al obispo, Fray Juan de Zumárraga, y a los individuos presentes, el manto con la misteriosa imagen; como si se tratase de una especie de fotografía instantánea de lo que sucedió aquel 12 de diciembre de 1531, cuando tuvo lugar el milagro.
Sin embargo, lo más maravilloso de esta imagen es que, además de ser la única que habría sido “pintada” por manos divinas, contempla y acopla perfectamente el lenguaje simbólico del alma occidental con la tradición iconográfica prehispánica.
Si a esto se suma el hecho de que toda la representación simbólica encerrada en la imagen de María de Guadalupe conlleva un mensaje de redención, que funde perfectamente las tradiciones cristianas y la mitología azteca, sería imposible pensar que con ella no se consumara la evangelización y la conquista pacífica y definitiva de los pueblos del nuevo mundo, para dar como resultado el nacimiento de una nueva cultura indígena-católica.
4. ¿En qué consisten los procesos de canonización?
Juan Diego ve por primera vez la luz en 1474, durante el apogeo Chichimeca de Cuautitlán, hoy Estado de México. Pertenecía a una respetable familia dentro de la organización social de su pueblo. Su nombre indígena fue Cuauhtlatoatzin, que se traduce al castellano como “La Venerable Águila que habla”.
Fue testigo y partícipe del proceso de evangelización realizado por los frailes franciscanos llegados a la entonces Nueva España. En 1525 ó 1526, junto con su esposa María Lucía y su tío Juan Bernardino, recibió el Sacramento del Bautismo en el Templo de Santiago Tlatelolco y desde entonces su nombre cristiano fue Juan Diego.
Durante los primeros siglos del cristianismo, los santos eran aclamados a “vox populi" (es decir, por aclamación popular). Con el tiempo, y a fin de evitar abusos y errores, los obispos de la Iglesia tomaron responsabilidad por la declaración de santos en sus diócesis. Entonces se le asignaba un día de fiesta, que era generalmente el aniversario de su muerte.
Actualmente existen tres pasos en el
proceso oficial de la causa de los santos:
Venerable o Siervo de Dios: Con el título de Venerable o Siervo de
Dios, se reconoce que un fallecido vivió virtudes heroicas.
Beato: Se reconoce por el proceso llamado de “beatificación". Además de los atributos personales de caridad y virtudes heroicas, se requiere un milagro obtenido a través de la intercesión del Siervo o Sierva de Dios, y verificado después de su muerte.
El milagro requerido debe ser probado a través de una instrucción canónica especial, que incluye tanto el parecer de un comité de médicos (algunos de ellos no son creyentes) como de un grupo de teólogos. El milagro no es requerido si la persona ha sido reconocida como mártir, es decir, si su muerte fue por causa de Dios o del Evangelio. Los beatos son venerados públicamente por las iglesias locales; generalmente en el ámbito de una nación, un país o región.
Santo: Con la canonización, al beato le corresponde el título de santo. Para la canonización hace falta otro milagro atribuido a la intercesión del beato y ocurrido después de su beatificación.
Las modalidades de verificación del milagro son iguales a las seguidas para los procesos de beatificación. Sin embargo, el Papa puede obviar algunos de estos requisitos en ejercicio de las facultades que le otorga la Iglesia, aunque generalmente no lo hace. Para las canonizaciones, habitualmente el martirio tampoco requiere la presencia de un milagro.
La canonización implica la veneración y el culto público del difunto por toda la Iglesia Universal. Se le asigna un día de fiesta y se le pueden dedicar iglesias y santuarios. Compromete la infalibilidad pontificia, que constituye uno de los dogmas de nuestra fe.
En 993, Ulric de Ausburg fue declarado santo en la primera canonización aprobada directamente por un Papa (Papa Juan XV). Gregorio IX formalizó el proceso, y en 1234 las canonizaciones se reservaron sólo al Papa. En el año 1588 el Papa Sixto V puso el proceso en manos de la Congregación para las Causas de los Santos y del Santo Padre. No existe un cómputo preciso de quienes han sido proclamados santos desde los primeros siglos, pero es llamativa la gran cantidad de beatificaciones y canonizaciones que se vienen realizando durante el pontificado de Juan Pablo II.
Con información obtenida de www.apologetica.org
5. El milagro de María de Guadalupe
El Indio Juan Diego dejó caer las flores que llevaba en su tilma como evidencia de su encuentro con la Virgen, sin reparar que Santa María de Guadalupe, la morenita del Tepeyac, quiso quedarse en su humilde ayate para ser conocida y venerada por todos los fieles católicos, proteger y cuidar a su amada tierra mexicana y a las razas y pueblos indígenas de América.
Al ver tan divina imagen, el Obispo de la Nueva España, Fray Juan de Zumárraga, y todo el clero allí reunido, se postró delante de Ella para venerarla. Como sostienen los investigadores, resulta difícil afirmar si la evangelización de los pueblos del nuevo mundo se consumó con ese hecho, o si en ese momento los españoles fueron conquistados por la divina imagen de una Virgen indígena.
“Desde que el indio Juan Diego hablara de la dulce Señora del Tepeyac, Tú, Madre de Guadalupe, entras de modo determinante en la vida cristiana del pueblo de México." (Juan Pablo II, 27 de enero de 1979, en su primera visita a México).
Innumerables y exhaustivos han sido los estudios sobre la imagen del Ayate de Juan Diego, sin embargo, todos llevan a una sola afirmación: la imagen no ha sido pintada ni impresa por la mano del hombre.