Fiesta de Pentecostés. El Don del Espíritu Santo

Por: Alejandra Galván

En el año litúrgico católico encontramos diversas festividades que son de suma importancia para el crecimiento espiritual de todos los que profesamos esta Fe. Sin embargo, a veces cumplimos con ciertos rituales que tienen origen en las Sagradas Escrituras, pero cuyo fondo en verdad desconocemos.

Así sucede, por ejemplo, con el día de Pentecostés, que de alguna manera ya era celebrado por el pueblo judío, con la llamada “Fiesta de las Siete Semanas”. En su origen, se trataba de un festejo campesino de los israelitas, que no representaba tanto un sacrificio dedicado a Yahvé, como un acto de humildad y de aplicación de las Leyes de Dios, al igual que sucedía con otras celebraciones anuales: la Fiesta de los Azimos, la Pascua, la Fiesta de los Tabernáculos y la Fiesta de las Tiendas (Dt 16: 1-17).

Para nosotros, herederos de ciertas tradiciones judáicas, pero pertenecientes a la nueva Iglesia fundada por Cristo, Pentecostés es una de las principales fiestas religiosas, junto con el nacimiento (Pascua de Natividad) y la pasión, crucifixión y resurrección de Jesucristo (el Triduo y la Pascua de Re- surrección).
Para comprender de manera profunda la promesa que hiciera Jesucristo antes de partir hacia el Padre, necesitamos entender las profecías relacionadas con la venida del Espíritu Santo. Veámoslo:

1. Cambios en la vida espiritual

Por medio de los profetas, Dios anuncia que llegará el día de una nueva alianza, que será distinta de la pactada con los primeros israelitas que liberó de Egipto, quienes quebrantaron ese pacto con su infi-delidad. Se trataría de una ley insertada en los corazones de la humanidad, un cono-cimiento de Dios en todos los hombres (Jr 31: 31-34)
En efecto, el Espíritu Santo hace que el hombre asimile las enseñanzas transmitidas por Jesús, durante su paso por esta tierra, y que están inscritas en el Evangelio. Permite que este Evangelio se haga real y practicable, como un esclarecimiento personal y una guía colectiva que sea la solución eficaz ante los cambios y dificultades espirituales, que a menudo deben afrontar los seres humanos.

La Nueva Alianza anunciada por los profetas significaba un cambio, una nueva forma de relación entre el hombre y la voluntad de Dios. Las leyes divinas no sólo quedarían labradas sobre tablas de piedra, sino que, a partir de entonces, se inscribirían en el corazón de la gente; pues bien dijo Jesús en el Sermón de la Montaña que Él no venía a suprimir la Ley, sino más bien a llevarla a su perfección.

Esto sólo sería posible por la acción del Espíritu Santo sobre nuestros corazones, que actúa desarrollando una moral interna, nueva y establecida “en lo profundo del ser humano”, y que bien puede resumirse en el amor a Dios y al prójimo.

Antes de que Jesucristo anunciara su partida para volver al Padre, reveló algunos de los misterios de Dios. Él se marchaba, pero el Padre enviaría al Espíritu: “Si ustedes me aman guardarán mis mandamientos, y yo rogaré al Padre y les dará otro Protector que permanecerá siempre con ustedes, el Espíritu de la Verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no lo ve ni lo conoce.” (Jn 14:15-17).

El Espíritu Santo es, desde su llegada, el intérprete de Dios y quien recuerda las ense-ñanzas de Jesús, para poder así permanecer en Él y Él en nosotros.

El Espíritu Santo como la Nueva Presencia de Dios entre los hombres, nos habla claramente, y no en parábolas, de Dios. De este modo, el Santo Espíritu es a la vez entendimiento espiritual y arraigo moral, porque nos permite comprender las verdades reveladas por el Señor y darles cumplimiento. De igual forma, trae consigo el “poder” para pedir todo al Padre en el nombre de Jesús, amando y a la vez gozando del infinito amor de la Santísima Trinidad, que es Padre, Hijo y Espíritu Santo.

2. Cómo conmemorar Pentecostés

Lo primero que es necesario al respecto, es considerar que cada día puede vivirse un nuevo Pentecostés. La mejor manera de celebrar la venida del Espíritu Santo entre nosotros, consiste en aceptar Su pre-sencia en nuestras vidas, agradeciendo por todo lo que Dios nos otorga, hasta los sufrimientos mismos; viviendo con alegría y amor para todos y frente a todo.

Recibir el Espíritu Santo y renovarlo en nuestro diario vivir, significa actuar con humildad y servicio ante los ojos de Dios (recordemos que Él es Omnisciente y Omnipresente), estar con el corazón dispuesto para Él y Su iglesia, orar como lo hicieron los Apóstoles durante nueve noches, practicando ese ciclo de distintas novenas que la Iglesia nos ofrece, en distintas devociones.
Siempre tener fe en que algo maravilloso sucederá, pero nada que no sea la voluntad del Señor; renovando el testimonio de la Nueva Presencia en nuestras vidas, para que todos podamos vivir una conversión completa, y para que, quienes estén alejados de Dios, logren acercarse cada día un poquito más a Él.

Quien sienta un vacío en su alma, quien haya perdido el objetivo espiritual y trascendente de su vida, debe buscar el Amor de Jesucristo, permitiendo el ingreso del Espíritu Santo en su corazón.
Recordemos que la puerta de nuestro corazón tiene la cerradura a un sólo lado: se abre desde adentro, y que Cristo llama a la puerta a cada instante de nuestra vida.
¡Dejemos que nuestros corazones se abran a Él y se llenen con el Espíritu de Dios!

3. Ubicación de Pentecostés en el año litúrgico

50 días dura la Pascua, que comienza con el Domingo de Resurrección y termina con el día de Pentecostés. Después de la cuaresma se inicia el triduo pascual (jueves, viernes y sábado santo) El triduo culmina el sábado por la tarde; en el día 40 de la Pascua se celebra la ascensión de Cristo y después de 9 días, Pentecostés.

4. El significado de Pentecostés

La unción del Espíritu Santo, no siempre implica la realización de milagros mara-villosos, como hablar en lenguas, lograr la curación física de personas o algunas otras manifestaciones, que si bien es un modo especial a través del cual a veces se muestra Dios ante las naciones, su objetivo primordial no es ese, sino llevar a la humanidad a confiar en lo que el Señor hace en Cristo, con Cristo y a través de Cristo.

Definitivamente, la unción del Espíritu Santo es perpetua, el don de lenguas prevalece hoy para el entendimiento entre evangelizadores y evangelizados, y en lo que respecta a los milagros, el más maravilloso de ellos consiste en sentir el amor de Dios y aprender a corresponderle con amor, directamente a Él y a nuestros semejantes.

 

 

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