Las benditas indulgencias
Por: Andrea Cordero
La Indulgencia es una de las más fieles manifestaciones de la Misericordia del Padre, quien con los brazos abiertos espera amorosamente a todos los pecadores, demostrando de diversas maneras que está siempre dispuesto a perdonar, en su totalidad, aquellas culpas y penas origi-nadas por el pecado.
Así pues, todo católico que tiene la profunda intención de santificarse, con ayuda de la gracia de Dios, no se encuentra solo: al ser miembro de la Iglesia, que por decisión del mismo Jesucristo se ha constituido como mediadora para la salvación a las almas, tiene la ventaja de contar con una ayuda especial. La definición que ofrece nuestra Iglesia sobre el término Indulgencia se encuentra en el Catecismo de la Iglesia Católica, en el párrafo 992, donde se explica que: “La indulgencia es la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados, en cuanto a la culpa, que un fiel dispuesto y cumpliendo determinadas condiciones, consigue por mediación de la Iglesia, la cual, como administradora de la redención, distribuye y aplica con autoridad el tesoro de las satisfacciones de Cristo y de los santos”.
Para entender un poco mejor esta definición, es preciso describir la vinculación que existe, según explica la Iglesia, entre el Pecado, el Perdón y la Pena.
La doctrina católica
nos enseña que el pecado cometido, por su carácter de ofensa
a la santidad y a la justicia de Dios, así como de desprecio a la
amistad personal con Él, tiene una doble consecuencia: 1) Si es grave,
nos priva automáticamente de la Comunión con el Señor,
y por consiguiente nos excluye de la parti-cipación en la vida eterna.
Sin embargo, Dios, en Su infinita Misericordia, concede al pecador arrepentido,
a través de la absolución que obtiene con una confesión
bien hecha, el perdón del pecado grave y el indulto de la “pena
eterna”, es decir de la condena definitiva, que se merecería
por haberlo cometido. (*)
2) Todo pecado, incluso venial, genera la necesidad de una purificación,
que se puede realizar en esta vida, o bien des-pués de la muerte,
en el estado que se llama “Purgatorio”, según nos explica
el Catecismo de la Iglesia Católica en su párrafo 1472.
Sólo esta “purificación”, nos libera de lo que se denomina la “pena temporal del pecado”, con cuya expiación se cancela aquello que nos pudiera impedir la plena comunión con Dios, con los santos y con nuestros hermanos. Es recién entonces, al haber “pagado” esa pena, cuando nos hacemos dignos de ingresar al Reino de los Cielos, y no sólo al recibir la absolución del sacerdote y cumplir después con la penitencia que éste nos demande al confesarnos.
Es aquí donde las Indulgencias cobran relevancia, ya que si bien por el sacramento de la Penitencia se nos perdona la “pena eterna del pecado”, la Indulgencia es uno de los medios a través de los cuales se nos perdonan las “penas temporales” que tendríamos que pagar, ya sea con muchos sacrificios y mortificaciones en esta vida, o bien a través de un tránsito por el purgatorio, después de la muerte.
Al comenzar a fundar la Santa Iglesia, Jesús dijo a sus discípulos: “Yo les aseguro: todo lo que aten en la tierra quedará atado en el Cielo, y todo lo que desaten en la tierra quedará desatado también en el Cielo” (Mt 18, 18).
Gracias a esta manifestación de confianza por parte de Nuestro Señor hacia aquellos hombres, que ya comenzaban a constituirse en las cabezas de la Iglesia, los cristianos podemos estar seguros de que obtendremos del Padre Misericordioso la remisión o perdón de las “penas temporales” debidas por nuestros pecados, es decir, recibiremos Su Indulgencia.
1. Indulgencias parciales o plenarias
De acuerdo con los cánones 993 y 994 del Catecismo de la Iglesia
Católica, la indulgencia puede ser “parcial” o “plenaria”,
según libere a la persona en parte o totalmente de la pena debida
por sus pecados. De este modo, todo fiel puede obtener diariamente indulgencias
parciales o plenarias para sí mismo o ganarlas para los difuntos;
sin embargo, no se pueden lograr ni en favor de otra persona viva, ni para
los propios pecados futuros.
La indulgencia parcial se concede a los fieles cristianos que, en el cumplimiento
de sus obligaciones y en el sufrimiento de las dificultades de la vida,
elevan su alma a Dios con humilde confianza, añadiendo, aunque sea
mentalmente, alguna piadosa invocación (ver listado de oraciones
y acciones que permiten obtener indulgencias Págs. 8 y 9) Se concede
también al fiel que, movido por el espíritu de fe y de misericordia,
e inspirado en el deseo de obtener indulgencias, se pone al servicio del
prójimo necesitado, o se priva voluntariamente de alguno de sus bienes
o placeres en favor de sus hermanos.
Para obtener una indulgencia parcial se requiere:
·Estar bautizado;
·no estar excomulgado;
·estar en estado de gracia, esto es, libre de pecado mortal;
·tener intención de ganar la indulgencia;
·realizar alguna de las acciones estipuladas para ese propósito;
·tener un corazón arrepentido de los daños causados
por el pecado;
·orar por las intenciones del Papa.
Para ganar una indulgencia plenaria, además de querer evitar cualquier pecado mortal o venial, hace falta rezar o realizar la obra que incorpora la indulgencia cumpliendo con tres condiciones especiales:
·Confesión sacramental el día que se busca la indulgencia
o, como máximo, siete días antes o siete días después;
·Comunión Eucarística;
·Oración por las intenciones del Papa.
La indulgencia plenaria puede ganarse hasta una vez al día. Sin embargo, el fiel cristiano que esté en peligro de muerte, puede obtenerla más de una vez en una misma jornada. Es oportuno señalar que con una sola confesión sacramental pueden ganarse varias Indulgencias, en distintos días. Conviene, no obstante, que se reciba frecuentemente la gracia del sacramento de la Penitencia, para ahondar en la conversión y en la pureza de corazón.
Por el contrario, con una sola comunión eucarística y una sola oración por las intenciones del Santo Padre, solamente se gana UNA indulgencia plenaria. La condición de orar por las intenciones del Sumo Pontífice, se puede cumplir simplemente agregando a la oración o a la acción que permite ganar indulgencias, el rezo de un Padrenuestro y un Avemaría, ofrecidos con esa finalidad. Sin embargo, se concede a cada fiel cristiano la facultad de rezar, además, cualquier otra fórmula según su piedad y devoción.
2. Acciones y oraciones reconocidas por la iglesia para ganar indulgencias
Indulgencias Plenarias
Las siguientes oraciones y acciones, entre otras, permiten obtener una indulgencia
plenaria, si se cumplen las condiciones requeridas:
·Te Deum: Rezado el 1º de enero y en la Solemnidad de Pentecostés.
·Tantum ergo: Rezado el Jueves Santo, después de la Misa,
en Coena Domini y en la acción litúrgica del Corpus Christi.
·Acto de reparación: Rezado públicamente el día
del Sagrado Corazón. “Jesús dulcísimo...”
·“Miradme, oh mi amado y buen Jesús...”: Rezado
los viernes de Cuaresma.
·Veni Creator: Rezado públicamente el 1 de enero y en la solemnidad
de Pentecostés. “Ven Espíritu Creador...”
·Rezar el Vía Crucis: ante las estaciones, meditando las escenas.
·Rezo del Santo Rosario: En una iglesia, en un oratorio, en familia,
o en comunidad. Es suficiente con rezar sólo cinco de los quince
misterios, con la meditación de los misterios que se rezan. ·Media
hora o más de Adoración al Santísimo Sacramento de
la Eucaristía.
·Al sacerdote que celebra los 25, 50 y 60 años como aniversario
de su ordenación, es extensiva a quienes le acompañen en la
Santa Misa de conmemoración.
·Recibir la bendición apostólica en peligro de muerte
inminente.
·Asistir a la predicación de algunos sermones, participando
en la clausura de una Santa Misión.
·Visitar las Basílicas Patriarcales o Mayores de Roma el día
de la fiesta titular, en cualquier día de precepto o en día
cualquiera del año elegido por el mismo fiel: ha de rezarse el Padrenuestro
y el Credo.
·Usar el día de los Santos Pedro y Pablo (29 de junio) algún
objeto piadoso bendecido por el Papa o un obispo, rezando un Credo.
·Al nuevo sacerdote en su Primera Misa Solemne, y a quie-nes asistan
a ella.
·Al fiel que hace la Primera Comunión, y a quienes le acompañan.
·En la visita pastoral, pueden beneficiarse de la indulgencia, una
vez, si se asiste a una función sagrada presidida por el visitador.
·Lectura de la Sagrada Escritura durante media hora o más.
·Jueves Santo: estar media hora frente al monumento.
·Viernes Santo: asistir a la Adoración de la Santa Cruz.
·Sábado Santo: renovar las promesas bautismales en la Vigilia
Pascual.
·Pascua: recibir la bendición Papal “Urbi et Orbi”
aunque sea por televisión.
·Noviembre 2: visitar un templo o cementerio y orar por los difuntos
(sólo aplicable a los difuntos).
·Ejercicios Espirituales, que duren por lo menos tres días
·Fiesta Patronal, visitando la Iglesia y rezando un Padre Nuestro
y un Credo.
·En el momento de la muerte: rezando alguna de las oraciones habituales
durante la vida.
Indulgencias parciales
Las siguientes oraciones y acciones tienen indulgencia parcial:
·“A tí, bienaventurado José...”
·“Acordaos, oh piadosísima Virgen María...”
·“Ángel de Dios, tú que eres mi custodio...”
·“Aquí estamos, Señor, Espíritu Santo...”
·“Santos Apóstoles Pedro y Pablo...”
·“Misericordia, Dios mío...” (Salmo 50).·“Alma
de Cristo...”
·“Proclama mi alma...” (Magnificat).
·“Oremos por nuestro Pontífice..”
·“Jesús dulcísimo, cuya caridad...”
·“Desde lo hondo...”
·“Ven, Espíritu Creador...” (Veni Creator).
·“Ven, Espíritu Santo...” (Veni, Spiritus Sanctus).
·“Jesús dulcísimo, Redentor del género
humano...” (Consa-gración a Cristo Rey).
·“Te damos gracias...”
·“Señor... dígnate enviar a Tu santo ángel...”
·“Señor, que tu gracia inspire...”
·“Visita, Señor esta habitación...”
·Rezar la Salve.
·Rezar el Santo Rosario.
·Rezar el Ángelus durante el tiempo ordinario.
·Rezar “Regina Coeli” durante el tiempo pascual.
·Rezar Laudes o Vísperas del Oficio de difuntos.
·Rezo de cualquiera de las Letanías aprobadas por la Iglesia.
·Rezar las oraciones para pedir por las vocaciones.
·Rezar por la unidad de los cristianos.
·Rezo de cualquiera de los oficios breves.
·Rezar una oración en honor de un santo en el día de
su celebración litúrgica.
·Hacer un acto de contrición.
·La comunión espiritual.
·Asistir a las Novenas con motivo de Navidad, Pentecostés
o de la Inmaculada Concepción.
·Cualquier acto de fe, esperanza o caridad.
·Hacer un rato de oración mental.
·Impartir o aprender la doctrina cristiana.
·Realizar la Señal de la cruz, pronunciando las palabras de
costumbre.
·Visitar las catacumbas.
·Ofrecer a Dios los deberes y las dificultades diarias.
·Entregarse a sí mismo o algún bien propio por los
más nece-sitados.
·Realizar alguna abstinencia voluntaria con espíritu de penitencia.
·Quienes no pueden leer, ganan la Indulgencia por la lectura de la
Sagrada Escritura (plenaria si es durante media hora) escuchándola,
grabada en un cassette.
·“María, Madre de gracia y de clemencia...”
·“Oh, sagrado banquete”
·“Señor, a todos lo que por amor...” (Oración
por nuestros benefactores).
·“Señor, Dios Todopoderoso que nos has hecho llegar
al comienzo de este día...”
·“Bajo tu protección...”
·“Señor, dales el descanso eterno...” Esta indulgencia
se aplica sólo a los difuntos.
·“Adórote devotamente...”