La venta de indulgencias, Martín Lutero y el origen del protestantismo
Por: Francisco Rico Toro
La obtención de indulgencias, que había surgido como práctica más o menos frecuente ya en los albores del cristianismo, reportaba al principio enormes sacrificios y grandes mortificaciones para quienes deseaban adquirirlas.
Para tratar de entender en qué momento y de qué manera se produjo la “degradación” en la práctica de las indulgencias, que terminaría por fracturar a la Iglesia fundada por Cristo, es necesario explicar lo más sucintamente que sea posible el espíritu y la doctrina que subyacen en el fondo de esta práctica.
Para tal efecto, extractamos una breve cita de la Constitución Apostólica “Indulgentiarum Doctrina”, emitida por el Papa Pablo VI, en 1967, que condensa las enseñanzas y la tra-dición de la Iglesia sobre esta materia: “El fin que se propo- ne la autoridad eclesiástica, al otorgar las indulgencias, está no sólo en ayudar a los fieles cristianos a expiar las penas debidas, sino en impulsarlos a practicar obras de piedad, de penitencia y de caridad, mayormente las que sirven al incremento de la fe y del bien común...”
En este párrafo se encuentra, casi “escondido”, el porqué de que en cierto momento la obtención de indulgencias se vinculase con cuestiones económicas. Así pues, al proponerse no sólo la búsqueda de la propia salvación, sino también la promoción de la caridad cristiana, la doctrina de las indulgencias incorporó la limosna como una de las prácticas que proporcionaban una remisión o expiación de las penas temporales. Hasta allí, ningún problema...
Sin embargo, el deseo de los fieles de obtener indulgencias, combinado con las acuciantes necesidades económicas de la Iglesia durante la Edad Media, y la crisis moral generalizada de aquella época, dieron pie a una circunstancia fatal, que en 1517 desencadenaría el cisma más importante de la historia del cristianismo.
En aquel tiempo, la corrupción había invadido a todos los sectores que detentaban algún tipo de influencia, llegando, incluso, hasta las cúpulas de la Iglesia. Entonces, la acumulación de bienes, riqueza y poder ya no era privativa de los Señores Feudales, la ambición también había contaminado las conciencias de obispos, clérigos y seglares, que comenzaron a cometer una serie de abusos con este asunto.
Probablemente el origen de aquel mal pueda remontarse hasta el siglo XII, cuando algunas autoridades eclesiásticas procuraron, a través del dinero obtenido de limosnas y de la “venta” de indulgencias, el financiamiento para la construcción de templos y la realización de campañas mili-tares (Cruzadas), ante el real peligro que implicaban las invasiones turcas al continente europeo.
Inmediatamente, surgieron varios personajes inescrupulosos, que comenzaron a abusar y enriquecerse ilícitamente, al constatar que la concesión de indulgencias podía convertirse en una importante fuente de recursos, dado que ciertos cre-yentes cristianos no escatimaban el dinero ni los esfuerzos con tal de aminorar las penas del purgatorio.
Convencían pues a los fieles, de que era un requisito indispensable para ganar la indulgencia el depositar “en favor de la Iglesia” una suma de dinero que fuera proporcional a la cuantía de sus pecados.
En poco tiempo, esta contribución pecuniaria, que jamás debió haber sido más que un accesorio en la obtención de indulgencias, se convirtió muchas veces en el fin principal, y con esto la indulgencia se alejó de su objetivo original de ofrecer perdón y misericordia para el pecador arrepentido y se rebajó hasta convertirse en una simple operación financiera con fines de lucro.
Así lo denunciaría Martín Lutero, promotor de la “Reforma Protestante”: “El elemento financiero adquirió enorme volumen en las indulgencias de cruzada, porque los fondos (diezmos) que de ellas se recaudaban eran tan fuertes, que con ellos les era posible a los reyes y a los papas sostener las guerras contra los infieles.” (Tomado de R. G. Villoslada, “Martín Lutero”. Segunda edición, BAC, Madrid, 1976. pp. 319-351. Edición digital de Apologética.org)
Es en ese contexto cuando surge este importante personaje que partiría en dos el corazón mismo de la Iglesia Católica.
1. Martín Lutero
Lutero era un fraile agustino, considerado dentro de su orden como célebre teólogo y uno de los más ilustres profesores de la Universidad de Wittenberg, en la actual Alemania. Entre sus muchos amigos doctos, eruditos y piadosos, tenía fama de sabio y de hombre espiritual, aunque había también quienes criticaban su espíritu arrogante, la temeridad de sus opiniones y su soberbia.
Corría el mes de abril del año 1517 cuando llegó a oídos de Fray Martín Lutero la noticia de que a unos treinta kilómetros de Wittenberg, cierto fraile dominico predicaba una nueva indulgencia plenaria concedida por el Papa León X en favor de la basílica de San Pedro. Aquel predicador se llamaba Juan Tetzel.
En realidad, ésta no era una nueva causa de indulgencia, ya que el anterior Pontífice, Julio II, la había promovido durante su gestión con intenciones de otorgar indulgencias plenarias a los fieles que pagaran fuertes sumas de dinero, que se utilizarían para la construcción de la Nueva Basílica de San Pedro.
Aparentemente, éste fue el hecho que llevó a Lutero a pu- blicar, en octubre de ese mismo año (1517), un escrito donde cuestionaba la venta de indulgencias y otros abusos perpetrados en el seno de la Iglesia.
En este documento, posteriormente dividido en 95 tesis, se pone en duda la autoridad moral de los altos jerarcas de la iglesia, incluyendo al mismo Papa. Las “95 tesis” fueron concebidas y escritas por el fraile agustino, publicadas y difundidas en las principales iglesias y ciudades alemanas donde se daban con frecuencia estas erróneas prácticas... De este modo se iniciaba la Reforma Protestante.
Así como no se pueden negar los abusos que de hecho eran cometidos por varios clérigos, seglares y jerarcas católicos de aquella época, tampoco pueden ocultarse los móviles nacio-nalistas y oportunistas que guiaron a Lutero a producir este documento.
En efecto, ya desde el Siglo XIII se sostenía en diversos ámbitos que, “a causa de las tributaciones a la curia romana, Alemania quedaría empobrecida”. Esta queja sostenida, acompañada de una serie de críticas por los abusos que en esa región de Europa cometían numerosos miembros de la Iglesia, hallarían eco en el monje Lutero y le empujarían a buscar una diferenciación, en términos de “buenos y malos”, (amigos y enemigos), que a su criterio pasaría por una “reforma radical”, aunque siempre dentro del seno de la Iglesia.
Lo cierto es que, si bien la crítica luterana tuvo en sus orígenes sólidos, razonables y hasta loables fundamentos, al monje alemán se le cargaron demasiado los húmores y las tintas, perdió la brújula y los estribos, y cometió abusos tan graves en sus denuncias, que después le fue intelectual y éticamente imposible volver atrás.
En efecto, no de otro modo puede interpretarse,
como ejemplo, lo que expresaba en su Tesis Nº 29: “¿Quién
sabe si todas las almas del purgatorio quieren ser liberadas?”
Verdaderamente, parecía como si un espíritu maligno se hubiese
apoderado de él y le guiase a escribir una serie de improperios y
heregías...
2. Las 95 tesis Luteranas
Lutero no fue el único en protestar por el manejo de las indulgencias. Anteriormente, diversos personajes pertenecientes o ajenos a la Iglesia, habían levantado sus voces en contra de estos abusos. Pero Fray Martín, impugnaba además ciertos dogmas importantes de nuestra religión, como el tesoro espiritual de la Iglesia, el poder Papal para conceder indulgencias y la validez de las mismas... todo esto sin estar conciente de que con ello estaría sentando las bases de una nueva doctrina cristiana, que daría origen al Protestantismo.
Consideramos apropiado publicar algunas de las 95 tesis de Lutero, a fin de que se tenga una idea más clara sobre la posición y las demandas del fraile agustino, y los terribles excesos que terminaron por separarlo de nuestra Iglesia:
20. “Lo que el Papa entiende por
indulgencia plenaria no es la remisión de todas las penas en absoluto,
sino tan sólo de las impuestas por él”.
21. “Yerran, pues, los predicadores de indulgencias, según
los cuales, por las indulgencias papales, queda el hombre libre y salvo
de toda pena”.
29. “¿Quién sabe si todas las almas del purgatorio quieren
ser liberadas?”
30. “Nadie está absolutamente cierto (securus) de estar verdaderamente
contrito (arrepentido); mucho menos de haber obtenido plenaria remisión”.
32. “Se condenarán eternamente, junto con sus maestros, cuantos
se crean seguros de su salvación por las letras indulgenciales”.
58. “Esos tesoros no son los méritos de Cristo y de los santos,
porque éstos, sin intervención del Papa, siempre obran la
gra-cia del hombre interior y tienen por efecto la cruz, la muerte y el
infierno del hombre exterior”.
65. “Los tesoros evangélicos son redes con que antiguamente
se pescaba a los hombres que tenían riquezas” (divitiarum viros).
66. “Los tesoros de las indulgencias son redes con que hoy día
se pescan las riquezas de los hombres” (divitias virorum).
82. “¿Por qué el Papa no vacía el purgatorio,
dada su santísima caridad y la suma necesidad de las almas?”
(Tomado de R. G. Villoslada, “Martín Lutero”. Segunda
edición, BAC, Madrid, 1976. pp. 319-351. Edición digital de
Apologética.org)
Como puede apreciarse claramente, sus escritos llegaron a destilar un letal
veneno, que lamentablemente se tornaría en su contra y en contra
de millones de almas... almas que, con el paso del tiempo, adherirían
a las distintas iglesias tristemente desprendidas de aquella que fundó
el mismo Cristo; porque, sin ánimo de presumir, todas las demás
fueron fundadas por X, Y o Z hermano, tal vez muy bueno, muy justo, muy
“santo”... pero nunca equiparables al Santo de los Santos, que
edificó SU Iglesia sobre el Primado de Pedro.
3. Surgimiento del Protentantismo
Después de la publicación del polémico documento, las Tesis de Protesta Luteranas, se desató una serie de réplicas por parte de los predicadores de indulgencias. Uno de los principales oponentes a las tesis luteranas fue el mismo Juan Tetzel, quien se enfrascó con Lutero en una discusión casi académica sobre el manejo de las Indulgencias.
Tetzel se oponía a la aceptación de las tesis luteranas porque -según sus argumentos- con ello se despreciarían la autoridad y el poder del Sumo Pontífice y de la santa sede romana; se omitirían las obras de la satisfacción sacramental y cada quien interpretaría la Sagrada Escritura a su antojo (lo que hoy sucede con la doctrina protestante).
Por su parte, todos los elementos que en Alemania se hallaban descontentos de la Curia, por motivos políticos, económicos, nacionales o de cualquier otra especie, recibieron con beneplácito el precedente sentado por Lutero, quien, sin preverlo quizás, conduciría a la separación de una gran parte del pueblo devoto alemán. Al principio fue una simple resquebrajadura que pareció de escasa importancia, pero pronto se convirtió en un cisma que afectaría de manera definitiva a la Iglesia Católica Universal y a varios miles de almas.