La devoción a los Sagrados Corazones

Por: Francisco Rico Toro

El corazón siempre ha representado el lugar físico donde tendrían cabida las emociones, los deseos, los afectos, las actitudes; los sentimientos del ser humano, pero también la falta de ellos.

En las Sagradas Escrituras, la palabra “corazón” es mencionada entre ochocientas y mil doscientas veces, dependiendo de la versión de la Biblia que tomemos.

Así como generalmente el corazón representa la parte más elevada del alma, simbolizando la perfección interior, también se refiere al espacio donde tienen lugar las dudas, las tentaciones, los malos deseos y el pecado: “Estaban comiendo la cena y el diablo ya había depositado en el corazón de Judas Iscariote (...) el propósito de entregarle”. (Jn 13,2).

De allí la importancia de procurar que nuestro corazón cristiano esté consagrado y se mantenga siempre unido a los Sagrados Corazones de Jesús y María; pues de ser así, el mal no encontrará en él un lugar para el pecado.

No es casual que durante los últimos tiempos, Juan Pablo II haya hablado con tanta frecuencia de los Corazones Unidos de Jesús y María. Ya en oca-sión del Año Santo Mariano (1987-1988) nuestro Papa invitaba a todos los cristianos a participar de una “alianza, a través de la consagración personal de la confianza” a los Sagrados Corazones.
Incluso antes, el 22 de septiembre de 1986, el Santo Padre explicó del siguiente modo la trascendencia de este acto: “Al consagrarnos al Corazón de María, descubrimos el camino seguro al Sagrado Corazón de Jesús, símbolo del amor misericordioso de Nuestro Salvador”.

1. Origen Bíblico de la devoción

El corazón siempre ha representado el lugar físico donde tendrían cabida las emociones, los deseos, los afectos, las actitudes; los sentimientos del ser humano, pero también la falta de ellos.

En las Sagradas Escrituras, la palabra “corazón” es mencionada entre ochocientas y mil doscientas veces, dependiendo de la versión de la Biblia que tomemos.

Así como generalmente el corazón representa la parte más elevada del alma, simbolizando la perfección interior, también se refiere al espacio donde tienen lugar las dudas, las tentaciones, los malos deseos y el pecado: “Estaban comiendo la cena y el diablo ya había depositado en el corazón de Judas Iscariote (...) el propósito de entregarle”. (Jn 13,2).

De allí la importancia de procurar que nuestro corazón cristiano esté consagrado y se mantenga siempre unido a los Sagrados Corazones de Jesús y María; pues de ser así, el mal no encontrará en él un lugar para el pecado.

No es casual que durante los últimos tiempos, Juan Pablo II haya hablado con tanta frecuencia de los Corazones Unidos de Jesús y María. Ya en oca-sión del Año Santo Mariano (1987-1988) nuestro Papa invitaba a todos los cristianos a participar de una “alianza, a través de la consagración personal de la confianza” a los Sagrados Corazones.

Incluso antes, el 22 de septiembre de 1986, el Santo Padre explicó del siguiente modo la trascendencia de este acto: “Al consagrarnos al Corazón de María, descubrimos el camino seguro al Sagrado Corazón de Jesús, símbolo del amor misericordioso de Nuestro Salvador”.

2. Dos santos, un carisma y una misma época

En el siglo XVII, el Señor manifestó Su plan para el mundo, a fin de que éste comprendiera mejor los misterios de Su Sagrado Corazón y del Inmaculado Corazón de María. Dos santos contemporáneos entre sí, San Juan de Eudes (1601 - 1680) y Santa Margarita María (1647 - 1690) revelaron al mundo el amor y la misericordia de Dios, que se pone al alcance de todas las almas a través de los Corazones de Jesús y de María.

Jesús explicó a Santa Margarita María que el amor de Su Corazón debía de extenderse y manifestarse a los hombres, y que a través de ello, Él derramaría grandes gracias sobre el mundo. Esto fue lo que Él le dijo, mostrándole en una visión Su Corazón:
“Mira este Corazón que tanto ha amado a los hombres y al que nada se ha perdonado hasta consumirse y agotarse para demostrarles Su amor; y en cambio, no recibe de la mayoría más que ingratitudes, por las irreverencias, desprecios y sacrilegios hacia él en este Sacramento de Amor.”

Y refiriéndose a algunos sacerdotes y religiosos de la época, Jesús agregó: “Pero lo que todavía me es más doloroso es que obran así hasta los corazones que de manera especial, se han consagrado a Mí.

Por esto te pido, que el viernes siguiente a la fiesta de Corpus Christi se celebre una fiesta particular para honrar mi Corazón, comulgando en dicho día y reparando las ofensas que ha recibido en el Augusto Sacramento del Altar.

Te prometo que mi Corazón derramará con abundancia las bendiciones de su Divino Amor sobre cuantos le tributen este homenaje y trabajen en propagar esta práctica.”

Le dijo también: “Y yo te prometo, en el exceso de misericordia de mi Corazón, que mi amor todopoderoso concederá, a todos aquellos que comulguen nueve primeros viernes de mes seguidos, la gracia de la penitencia final. Ellos no morirán en desgracia sin haber recibido los Santos Sacramentos, siéndoles mi Corazón refugio seguro en aquella hora postrera.”

Esta revelación dio origen a una gran devoción al Sagrado Corazón de Jesús y, entre otras cosas, a la práctica de los nueve primeros viernes de mes. De este modo, el Corazón de Jesús llegó a considerarse como el símbolo de ese amor infinito por el cual el Verbo se hizo Carne, instituyó la Sagrada Eucaristía, tomó sobre sí nuestros pecados y, muriendo en la cruz, se ofreció a Sí mismo como víctima y sacrificio al Padre Eterno.
San Juan de Eudes fue conocido por desarrollar la ‘doctrina del corazón’. Su obra ayudó también a establecer las fiestas litúrgicas de los Corazones de Jesús y María. Favorecido con apariciones y visiones, él afirmó haber escuchado de Jesús: “Os he dado este admirable Corazón de mi amadísima Madre, que es uno Conmigo, para que sea auténticamente vuestro corazón”.

3. Un insistente llamado a la humanidad

Por medio de las diversas apariciones que tuvo la Virgen María en el Siglo XIX, se hizo evidente que es a través de su tierno Corazón que encontraremos el camino más fácil hacia Jesús.

Resulta muy lógico pensar que, así como Jesús vino a través de María la primera vez, el Señor vendrá también a través de Ella al final de los tiempos, para reinar juntos, ambos, como Rey y Reina de todos los Corazones.

Sin embargo, sabemos que no habrá “una nueva encarnación”; por eso se refuerza la idea de que Jesucristo vendrá por medio de la intercesión de Su Madre, y llegará a todos los corazones puros y de buena voluntad a través del Inmaculado Corazón de María.

Recordemos que en 1830, Nuestra Señora pidió a Santa Catalina Labouré mandar a hacer una medalla, cuyo dorso debía llevar impresos los Corazones de Jesús y de María. Después de aquellas apariciones, las mani-festaciones de Nuestro Señor y la Virgen se orientaron más insistentemente hacia la devoción al Sagrado Corazón de Jesús y al Inmaculado Corazón de María.

4. El legado de Fátima

En Fátima, el Señor reveló y confirmó, desde el principio de los eventos y a través de un ángel, Su plan de hacer que el mundo colocara el Corazón de María junto al Suyo.

Según Sor Lucía, el ángel que se apareció a los tres niños en 1916, luego de enseñarles una oración, les dijo: “Oren así. Los Corazones de Jesús y de María están atentos a la voz de sus súplicas.” Y también dijo: “¡Oren! ¡Oren mucho! ¡Los Corazones de Jesús y de María tienen designios de misericordia para ustedes!”.

En su tercera aparición, el ángel instó a los niños a que repitieran la siguiente oración tres veces: “Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente. Os ofrezco el preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Jesucristo, presente en todos los tabernáculos del mundo, en reparación por las injurias, sacrilegios e indiferencia con que Él mismo es ofendido. Por los méritos infinitos del Sagrado Corazón de Jesús y del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores.”

Un año después, durante la segunda aparición de la Virgen, ocurrida el 13 de junio de 1917, María mostró a los pastorcitos su Corazón, rodeado de espinas, y le dijo a Lucia: “Dios quiere que tú permanezcas en el mundo por algún tiempo, porque Él quiere usarte para establecer en el mundo la devoción del Inmaculado Corazón”.

El 13 de julio del mismo año, luego de revelar a los niños los males que se cernirían sobre el mundo en el futuro, si la humanidad no cambiaba, la Virgen concluyó diciendo: “Para prevenir esto, vendré a pedir la consagración de Rusia a mi Corazón Inmaculado y la Comunión en Reparación los cinco primeros sábados.” Ella prometió: “Al final, Mi Corazón Inmaculado Triunfará, el Santo Padre Consagrará a Rusia a Mí, Rusia se convertirá y un cierto período de paz será concedido al mundo.”
En 1920, antes de su muerte, Jacinta insistió: “Digan a todos que Dios concede gracias a través del Corazón Inmaculado de María. Díganles que pidan gracias por este medio y que el Corazón de Jesús desea ser venerado junto con el Inmaculado Corazón de María. Pídanles que supliquen la paz por el Corazón Inmaculado de María, porque el Señor ha confiado en Ella la paz del mundo.”

5. Una devoción más oportuna que nunca

En nuestros días, cuando el mundo está convulsionado por la violencia y las guerras, debemos renovar nuestra devoción a los Sagrados Corazones de Jesús y María. Y esta devoción debe estar orientada a que nuestros corazones se hagan uno con los de nuestro Redentor y Su venerable Madre. De esta manera podremos adelantar la misericordia de Dios sobre la humanidad, que vive días de incertidumbre, angustia y confusión.

La mejor forma de hacerlo es respondiendo a la invitación de Nuestro Señor Jesucristo y Su Santa Madre: la devoción de la comunión reparadora de los nueve primeros viernes y los cinco primeros sábados del mes, con la intención de desagraviar al Sagrado Corazón de Jesús y al Inmaculado Corazón de María por todas las ofensas que reciben.

6. Las promesas que se cumplirán si nosotros cumplimos

Promesas hechas por el Señor a Santa Margarita María:


1.) Les daré las Gracias que necesiten en su estado de vida.
2.) Pondré paz en sus familias.
3.) Les consolaré en todas sus aflicciones.
4.) Seré un refugio durante la vida y, sobre todo, a la hora de la muerte.
5.) Bendeciré abundantemente sus emprendimientos.
6.) Los pecadores hallarán misericordia.
7.) Los tibios se harán fervorosos.
8.) Los fervorosos se elevarán rápidamente hacia la gran perfección.
9.) Bendeciré los lugares donde la imagen de Mi Corazón sea expuesta y venerada.
10.) Les daré la Gracia de conmover los corazones más endurecidos.
11.) Las personas que propaguen esta devoción tendrán su nombre escrito en Mi Corazón y jamás será borrado de él.

Por su parte, la Virgen María hizo a Lucía la siguiente promesa: “A todos aquellos que, durante cinco meses seguidos, en el primer sábado se confiesen y reciban la Sagrada Comunión, recen el Santo Rosario y me hagan 15 minutos de compañía meditando en los misterios del Rosario, con el fin de desagraviarme, yo prometo asistirlos en la hora de la muerte con todas las gracias necesarias para su salvación”.
Las intenciones que debemos ofrecer en reparación al Corazón Inmaculado de María fueron reveladas por Jesús mismo a Sor Lucía, el 30 de mayo de 1930. Cuando por instrucciones de su confesor ella preguntó a Nuestro Señor por qué Él pedía cinco sábados y no nueve o siete, en honor de los Dolores de Nuestra Señora, Jesús le explicó que cada sábado correspondería a una particular intención reparadora de las cinco grandes ofensas que con frecuencia recibe Su Madre:


1.- La blasfemias contra la Inmaculada Concepción de María.
2.- Las blasfemias contra su Virginidad.
3.- Las blasfemias contra su Divina Maternidad, rehusando al mismo tiempo a aceptar a María como Madre de toda la humanidad.
4.- La indiferencia sembrada en los corazones de los niños, el desprecio e incluso el odio contra la Madre Inmaculada.
5.- Los sacrilegios cometidos contra las sagradas imágenes de María.

Teniendo las cosas tan claras, ¿no participarás acaso de esta devoción a partir de ahora?

7. Consagración de la familia a los sagrados Corazones de Jésus y de María

Santísimos corazones de Jesús y María,
unidos en el amor perfecto,
como nos miráis con misericordia y cariño,
consagramos nuestros corazones,
nuestras vidas,
y nuestras familias a Vosotros.
Conocemos que el ejemplo bello
de Vuestro hogar en Nazaret fue un modelo
para cada una de nuestras familias.
Esperamos obtener,
con Vuestra ayuda,
la unión y el amor fuerte y perdurable
que [Vosotros] Os disteis.
Que nuestro hogar sea lleno de gozo.
Que el afecto sincero, la paciencia, la tolerancia y el respeto mutuo
sean dados libremente a todos.
Que nuestras oraciones
incluyan las necesidades de los otros,
no solamente las nuestras.
Y que siempre estemos cerca de los sacramentos.
Bendecid a todos los presentes
y también a los ausentes,
tanto a los difuntos como a los vivientes;
que la paz esté con nosotros,
y cuando seamos probados,
concedednos la resignación cristiana
a la voluntad de Dios.
Mantened nuestras familias cerca
de Vuestros Corazones;
que Vuestra protección
especial esté siempre con nosotros.
Sagrados Corazones de Jesús y María,
escuchad nuestra oración.
Amén.

 

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