Un Corazón que suspira por ti
.
Incorporándose Jesús le dijo: “Mujer, ¿dónde están? ¿Nadie te ha condenado?” Ella le respondió “Nadie, Señor.” Jesús le dijo: “Yo tampoco te condeno. Vete, y en adelante no peques más.” (Jn 8, 10-11)
“…Por eso te digo que quedan perdonados sus muchos pecados, porque ha mostrado mucho amor… Y le dijo a ella “Tus pecados quedan perdonados… Tu fe te ha salvado, vete en paz.” (Lc 7,47 y ss)
Estas son manifestaciones de la bondad y ternura del Cora-zón Misericordioso de Jesús. Reacciones que a menudo nos dejan conmovidos y con un sentimiento de gratitud hacia Aquél que es la misericordia encarnada y que está dispuesto a levantarnos de nuestras caídas cuantas veces sea necesario. En efecto, Jesús, como dice la Palabra, pasó por el mundo haciendo el bien (Hch. 10,38) y desea hoy hacer bien a tu vida.
¡Si pudiéramos actualizar esas palabras de ayer, llenas de amor y misericordia, a la realidad del hombre de hoy que vive interesado por sí mismo e indiferente hacia Dios!
¿Y si nos atrevemos a ir más allá...? ¿Si las actualizamos en tu propia vida... en tus luchas, tus incertidumbres y vacilaciones, tus vacíos y miedos, tus pecados e inconstancias...? ¿Por qué no hacerlo? Yo te digo, amado hermano, que Jesús es el mismo ayer, hoy y siempre (Hb. 13,8) y por eso ante tu indiferencia, su Corazón sediento te dice: “Tú eres importante para Mí”... Ante las dudas que te asfixian, su Corazón palpitante de amor susurra a tu oído: “Confía en Mí, Yo nunca he defraudado a nadie”... Ante tus temores, su Corazón inundado de paz te recuerda: “No temas, Yo soy tu fuerza, el Dios que vence lo invencible y alcanza lo imposible”… Ante tus muchas debilidades, su Corazón ardiente en caridad ex-clama: “Mi omnipotencia es como un gran incendio y tu debilidad como paja seca”
Cuando se experimenta la ternura del Señor y vemos en nuestra propia realidad cómo se inclina hacia nosotros porque sabe que necesitamos de él, sentimos el amor misericordioso de Dios. Ese amor que no reprocha y siempre perdona, que sigue creyendo en ti, aunque tú mismo no lo hagas; amor inmutable, que no varía sea cual sea tu realidad.
Hoy quisiera gritar, a todas las almas, que hay un Corazón sediento de amor que espera que hagamos un alto y le re- conozcamos como Señor, que ansía ser el rey de tu vida. Un Corazón que está dispuesto a empezar de nuevo y no importa cómo estás o cómo te ha hecho el mundo, pues tiene el poder para presentarte sin mancha ante su trono glorioso (Judas 24). Un Corazón que, siendo Divino, tiene necesidad del hombre, pues no puede guardar para sí solo el caudal de amor que contiene.
Así lo expresó a santa Margarita María de Alacoque cuando le dijo: “He aquí este Corazón que tanto ha amado a los hombres y que no ha escatimado nada hasta agotarse y consumirse para demostrarles su amor.”
¿Sabes algo? Ese amor Él
lo manifiesta a través de Su misericordia, tal como hizo a Santa
Faustina Kowalska, al decirle “He abierto mi Corazón como una
fuente viva de misericordia, que todas las almas tomen vida de ella. Que
se acerquen con gran confianza a este mar de misericordia”
Alma amada de Dios, no temas acercarte a Él y ten siempre presente
esto: Tú eres muy valioso ante sus ojos. ¿Cómo explicarte
el amor que te tiene? ¿Con qué se le podrá comparar?
¿Con la profundidad del mar? ¿Con la inmensidad de los cielos?
No… eso no llega a expresar ni el 2% de su amor. La mayor prueba de
ese amor te la dio en la Cruz, y allí está consignado con
sangre y agua este hecho: El se entregó por ti y te salvó
para darte vida, y vida en abundancia.
Corazón Misericordioso de Jesús abraza a todas las almas con los rayos que brotan de tu llaga abierta y danos corazones semejantes al tuyo. Amén.