La Natividad de María
Por: Mario Medina
Si queremos imaginar la Virtud de María, pensemos solamente una cuestión: que Dios, siendo Todopoderoso y Eterno, la eligió justo a Ella, para hacerla madre de Su Hijo, que es la Segunda Persona de la Santísima Trinidad...
Pudiendo haber elegido a cualquier otra mujer, en cualquier otro momento histórico, el Señor de la Historia elige a María, hija de Ana y Joaquín, y a través de Ella, de Su sometimiento a la Voluntad del Padre, nos envía a Jesús, Quien trae la gracia de la Redención a todos los hombres: la Resurrección de entre los muertos, que nos asegura la posibilidad de vivir la Vida Eterna junto a Él.
La Natividad de la Virgen María es un tema acerca del cual no se tiene mucha información. Las Sagradas Escrituras no hacen referencia a este acontecimiento.
Lo poco que se conoce nos llega a través de dos libros “apócrifos”, esto es, no reconocidos oficialmente por la Iglesia Católica como auténticos. Se trata del llamado “Evangelio de Santiago” y del “Libro sobre la Natividad de María”, basado a su vez en otro apócrifo, que fue conocido como “Evangelio de Pseudo Mateo”. En estos libros se narra la historia de la Natividad de la Virgen María y la historia de sus padres, San Joaquín y Santa Ana.
Se explica que Joaquín era de Galilea, descendiente de la familia real de David, y que Ana provenía de Belén; que su matrimonio era ejemplar y cumplían con la voluntad de Dios, con los preceptos religiosos y las costumbres de su época.
Una prueba de su rectitud era que, según narra ese evangelio, dividían todas sus ganancias en tres partes: una para el templo, otra para los pobres y la tercera para su familia.A pesar de ser un matrimonio sólido de 20 años, Joaquín y Ana no habían podido tener hijos. Por eso habían prometido a Dios que si Él les concedía descendencia, ellos consagrarían ese hijo a Su servicio.
En aquella época, la esterilidad era mal vista, porque el pueblo de Dios peregrinaba y necesitaba habitantes para no extinguirse. Por este motivo, a las personas estériles se las discriminaba en las calles y en los templos.
Cuenta el presunto libro de Santiago que Joaquín y Ana asistían cada año a las fiestas de Jerusalén y en ellas pedían a Dios que les concediera un hijo. Se dice también que en una de esas fiestas, cuando Joaquín se acercó al altar para depositar la ofrenda de sus cosechas, fue despreciado y humillado por el sacerdote, precisamente a causa de su esterilidad.
Avergonzado por ser prácticamente echado del templo, Joaquín se retiró a las praderas, donde pidió al Señor el consuelo y la gracia. Allí oraba y hacía penitencia para recibir de Dios el favor de tener un hijo.
Meses después del incidente en
el templo, un ángel del Señor se le apareció a Joaquín
y le anunció que Dios había recibido sus ofrendas y había
escuchado sus ruegos, por lo que le concedería una hija. Deberían
llamarla María y viviría consagrada a Él, como ellos
habían prometido.
En esta revelación, el ángel le habría anticipado que,
siendo virgen, María sería la Madre del Hijo de Dios.
Cuenta el “Libro sobre la Natividad
de María” que el ángel del Señor también
se le apareció a Ana y le avisó de lo sucedido. Ella salió
al encuentro de Joaquín y juntos se abrazaron de felicidad por la
noticia.
Más allá de la autenticidad o no de estos relatos, cuya veracidad
nadie está en condiciones de aseverar o negar, es justo reconocer
que las narraciones muestran a los padres de María como una pareja
entregada a Dios, perseverante en la oración, gente de fe, de sacrificio,
y de una generosidad sin límites; valores todos que, ciertamente,
los hacía dignos formadores de Quien sería, por gracia de
Dios y por sus propias virtudes, la Madre del Redentor.
1. Fiesta de la Natividad
En la iglesia de Santa Ana, en Jerusalén, se halla la fuente de narración del nacimiento de la Virgen María. Se dice que en una época existió una basílica dedicada a Ella. La arqueología y los testimonios de varias personas, entre ellas el Patriarca Sofronio, confirman que el nacimiento de la Virgen se habría dado en ese pueblo.
Se cree que la fiesta de la Natividad surgió en oriente, justamente en Jerusalén, en el sigo V, y que posteriormente se extendió de allí a todo el mundo.
La fiesta del nacimiento de la Virgen María se conmemora el 8 de septiembre.
2. El culto a Santa Ana y San Joaquín
La devoción a Santa Ana es más conocida y antigua que la de San Joaquín. Actualmente se celebra a ambos santos el 26 de julio. En un principio, Santa Ana era celebrada el 25 de julio y San Joaquín en distintas fechas, como el 20 de marzo y el 16 de agosto. A partir del Concilio Vaticano Segundo se acordó celebrar a ambos santos en la misma fecha.
Santa Ana es considerada patrona de las personas que se dedican a la “Puntilla” -el tejido de encaje fino- pues se dice que ella enseñó con dedicación esta labor a María. También es considerada patrona de las costureras y de todas las actividades relacionadas con lo textil, así como de las personas que realizan algún trabajo riesgoso y difícil.
Existe la costumbre de que, las mujeres que desean embarazarse, imploren la mediación de Santa Ana, quien en una ocasión, feliz para la humanidad toda, intercedió por sí misma con la oración perseverante y logró así el favor de Dios.
San Joaquín y Santa Ana son, entre otras cosas, un ejemplo de perseverancia en la oración y de confianza en Dios, pues por lo que nos relata el Evangelio Apócrifo de Santiago, siempre confiaron en Él, y nunca dejaron de pedirle con amor que les hiciera el milagro de darles descendencia. Y cuando su petición fue concedida, ellos cumplieron fielmente la promesa hecha a Dios de consagrarle a su hija.
Podemos observar cómo, antes de que María naciera, el camino se iba preparando ya desde sus padres, en quienes se aprecia cualidades tan extraordinarias como la confianza, la obediencia, el amor a Dios aun en circunstancias difíciles, y la generosidad.
Sin duda, María creció en un hogar ejemplar, que la preparó para la más trascendental misión de la historia: Encarnar al hijo de Dios.
3. Plegarias a San Joaquín y a Santa Ana
Del Centro de Pastoral Litúrgica de Barcelona
Allí en Nazaret, en vuestra casa, vivíais
con fe, con esperanza, con amor. Ana y Joaquín, erais una pareja
generosa, y confiabais honradamente en Dios, el Dios liberador, amigo de
los pobres, fiel y misericordioso.
Ana y Joaquín, de vuestra familia hemos recibido el regalo de vuestro
nieto Jesús, el hijo de María, Dios hecho hombre: Dios que
ha venido a compartir nuestra vida. Os agradecemos vuestra fe, vuestra esperanza,
vuestro espíritu generoso, vuestra confianza. Y os pedimos que ayudéis
a todos los padres y madres para que sepan amar, educar, estar junto a sus
hijos, como vosotros supisteis hacer con María.
Del Misal Romano
Señor, Dios de nuestros padres, Tú concediste a San Joaquín y a Santa Ana la gracia de traer a este mundo a la madre de tu Hijo, concédenos, por la plegaria de esos santos, la salvación que has prometido a tu pueblo.