Jornadas Mundiales de la Juventud 2002

Por: Francisco Rico Toro

Las Jornadas Mundiales de la Juventud (JMJ) constituyen una celebración internacional para jóvenes católicos. En ellas los asistentes conviven con personas de todo el mundo y pueden intercambiar sus experiencias personales en la fe.

Esta celebración fue iniciada por el Papa Juan Pablo II, en el año de 1984; desde entonces se realiza año tras año. Esta verdadera fiesta se alterna entre celebraciones locales e internacionales. Cada año se celebra localmente en todas las parroquias del mundo, el día del Domingo de Ramos, y pasados dos años se celebra internacionalmente en algún país.

Fueron ya sede de estas jornadas Italia, Argentina, España, Polonia, Estados Unidos, Filipinas, Francia y en este julio pasado Canadá.
Para la decimoséptima edición el Papa escogió el lema: “Sois la sal de la tierra, la luz del mundo.” (Mt 5, 13-14)

1. Crónica de los principales sucesos

La celebración empezó el 18 de julio, con el arribo de los jóvenes a Canadá. Estos procedían de todas partes del mundo y se instalaron en distintas ciudades de ese país, conviviendo con familias católicas y asistiendo a los servicios en las parroquias.

A partir del 22 de julio, todos empezaron su peregrinar a Toronto, donde se realizarían las actividades principales y tendría lugar el encuentro con el Santo Padre.

El día 23, llegó a Toronto la Cruz de la JMJ, que fue erigida como símbolo de inauguración formal de la celebración.

Ese mismo día, Su Santidad, el Papa Juan Pablo II, arribó a Canadá, y dirigió desde el aeropuerto un mensaje a los jóvenes: “Soporten las marcas de una humanidad, que con frecuencia no conoce lo que es la paz ni la justicia”.

Esa misma tarde, el Arzobispo de Toronto, Cardenal Aloysius M. Ambrozic, presidió la misa con la que se inauguraba oficialmente la decimoséptima Jornada Mundial de la Juventud, 2002.Durante los días posteriores, los cerca de 300 mil jóvenes reunidos hasta ese momento, se dedicaron por las mañanas a recibir la Catequesis, que fue impartida en 24 idiomas. Por las tardes, y por primera vez en una JMJ, los jóvenes participaron en voluntariados relacionados con la ayuda a los necesitados, y con el desarrollo o el cuidado de la naturaleza.

También durante el día, 200 sacerdotes brindaban el sacramento de la confesión a quien lo requiriera. Este servicio fue permanente.

El jueves 25, Su Santidad se reunió por primera vez con los ya 400 mil jóvenes católicos en una ceremonia que se hizo para darle la bienvenida. Lo más trascendental de su mensaje fue quizás lo siguiente: “La felicidad puede encontrarse descubriendo la senda del perdón y la reconciliación, en un mundo con frecuencia asolado por la violencia y el terrorismo”.

También invitó a los jóvenes a seguir el camino de Jesús, y se refirió a sí mismo como “el viejo Papa, lleno de años, pero todavía joven de corazón”.

Olvidando el protocolo, envió un mensaje en español para los jóvenes de Iberoamérica. En él les pidió que hicieran de la JMJ un tiempo privilegiado para encontrar al Señor y convertirse en la sal de la tierra y la luz del mundo.

El viernes 26 se realizó un Vía Crucis multitudinario por las calles de Toronto. El Papa no estuvo presente en él, porque tomó un día de descanso en vistas a las siguientes jornadas. Sin embargo, aprovechó el día para compartir un almuerzo con 14 jóvenes de distintos países.

El sábado 27, en el parque Downsview se hizo una Vigilia Pascual, encabezada por el Papa, y que contó con la presencia de medio millón de jóvenes. En este evento, el Santo Padre llamó a los jóvenes “a ser una nueva generación que aprenda a construir, ladrillo a ladrillo, la ciudad de Dios dentro de la ciudad de los hombres”.

Recordó también que “sólo Cristo es la piedra angular sobre la cual es posible construir sólidamente el edificio de nuestra existencia”. También pidió a los asistentes ser portavoces de todos los jóvenes del mundo, conservar a Dios siempre vivo y repetir la imploración de los apóstoles “Señor enséñame a orar”, porque la oración es la sal de la vida y la verdadera luz de la humanidad.

2. Más de un millón de almas “em-papadas” en la Misa de clausura

El domingo 28 de julio se celebró la misa de clausura de la Jornada Mundial de la Juventud en Toronto. El clima no fue un obstáculo para la asistencia al oficio de la Sagrada Eucaristía de cerca de un millón doscientas mil personas.

Los asistentes se vieron fascinados y contagiados del ferviente entusiasmo del Santo Padre.

Saliéndose del discurso preparado para su Homilía, el Papa se refirió a la lluvia que caía, y dijo que era un símbolo del Bautismo, para renovar en la Fe a cada uno de los presentes. Inmediatamente sopló un fuerte viento, y el Santo Padre aludió al Bautismo en el Espíritu Santo. Minutos después comenzó a brillar el sol para todos...

Al concluir la ceremonia, Juan Pablo II anunció que la próxima Jornada Mundial de la Juventud se realizará en Colonia, Alemania, el 2005, y expresó que aquel acto significaba no sólo el final de un evento, sino también el inicio de la preparación de los jóvenes para el próximo.

Reproducimos la homilía completa pronunciada por el Santo Padre en esa ocasión, porque consideramos que el mensaje que encierra es verdaderamente trascendental para el pueblo católico.

Santo Tomás Moro escribió una vez, en alusión a las peregrinaciones: “No hay peregrino que no regrese a casa sin tener una idea nueva y un prejuicio menos”. Oremos con Juan Pablo II para que todos los jóvenes que tuvieron la oportunidad de asistir a esta jornada hayan vuelto a sus países con una fe renovada, con un mensaje que proclamar y con el firme propósito de convertirse realmente en “la sal de la tierra y la luz del mundo”.

3. Homilía de Juan Pablo II

1. En una colina, cerca del lago de Galilea, los discípulos de Jesús escucharon su voz, gentil y urgente; gentil como era el paisaje de Galilea y urgente como un llamado para elegir entre la vida y la muerte, entre la verdad y la falsedad. El Señor pronunció palabras de vida que resonarán para siempre en los corazones de sus seguidores.

Hoy les pronuncia las mismas palabras a ustedes, jóvenes... ¡Escuchen la voz de Jesús en la profundidad de sus corazones! Sus palabras les dicen quiénes son como cristianos. Les dicen lo que deben hacer para permanecer en su amor.

2. Pero Jesús les ofrece una cosa, y el “espíritu del mundo” les ofrece otra. En la lectura de hoy de la Carta de los Efesios, San Pablo nos dice que Jesús nos guía de las tinieblas hacia la luz. Tal vez el gran apóstol pensaba en la luz que lo cegó, cuando perseguía cristianos en su camino a Damasco. Cuando recuperó la vista, nada fue como antes. Nació de Nuevo y nada pudo quitarle su nuevo gozo.

Ustedes también están llamados a ser transformados. “Despierta tú que duermes y levántate de entre los muertos, y te iluminará Cristo”, dice San Pablo.

El “espíritu del mundo” ofrece muchas ilusiones falsas y parodias de felicidad. Tal vez no hay oscuridad más profunda que la oscuridad que ingresa a las almas de la gente joven cuando los falsos profetas extinguen en ellos la luz de la fe, la esperanza, y el amor.

La mayor decepción y la fuente más profunda de infelicidad, es la ilusión de encontrar la vida excluyendo a Dios, de encontrar la libertad excluyendo las verdades morales y la responsabilidad personal.

3. El Señor los está llamando a escoger entre estas dos voces que compiten por sus almas. Esa decisión es la sustancia y el reto de la Jornada Mundial de la Juventud. ¿Por qué han venido de todas partes del mundo? Para decir en sus corazones: “Señor, ¿donde quién iremos? Sólo Tú tienes palabras de vida eterna” (Jn 6:68). Jesús -el amigo íntimo de todo joven- tiene las palabras de vida.

El mundo que están heredando es un mundo que necesita desesperadamente un nuevo sentido de fraternidad y solidaridad humana. Es un mundo que necesita ser tocado y reconciliado por la belleza y la riqueza del amor de Dios. Necesita testigos de ese amor. Los necesita a ustedes, para que sean sal de la tierra y luz del mundo.

4. La sal se usa para conservar y mantener sanos los alimentos. Como apóstoles del tercer milenio, os corresponde a vosotros conservar y mantener viva la conciencia de la presencia de Jesucristo, nuestro Salvador, de modo especial en la celebración de la Eucaristía, memorial de su muerte redentora y de su gloriosa resurrección.

Debéis mantener vivo el recuerdo de las palabras de vida que pronunció, de las espléndidas obras de misericordia y de bondad que realizó. ¡Debéis constantemente recordar al mundo que “el Evangelio es fuerza de Dios que salva”! (Rm 1,16)

La sal condimenta y da sabor a la comida. Siguiendo a Cristo, debéis cambiar y mejorar el “sabor” de la historia humana. Con vuestra fe, esperanza y amor, con vuestra inteligencia, fortaleza y perseverancia, debéis humanizar el mundo en que vivimos. El modo para alcanzarlo, lo indicaba ya el Profeta Isaías en la primera lectura de hoy: “Suelta las cadenas injustas... parte tu pan con el hambriento... Cuando destierres de ti el gesto amenazador y la maledicencia... brillará tu luz en las tinieblas” (Is 58, 6-10).

5. Aun una llama pequeña vence la dureza de la noche. ¡Cuánta más luz harán ustedes, todos juntos, si son uno en la comunión de la Iglesia! ¡Si aman a Jesús, aman a la Iglesia! No se desalienten por los pecados y errores de algunos de sus miembros.

El daño hecho por algunos sacerdotes y religiosos a los jóvenes vulnerables nos llena con un profundo sentimiento de tristeza y vergüenza. ¡Pero piensen en la vasta mayoría de sacerdotes dedicados y generosos, cuyo único deseo es servir y hacer el bien! Hay muchos sacerdotes, seminaristas y consagrados aquí hoy; ¡acérquense a ellos y apóyenlos! Y, si en lo profundo de sus corazones, sienten el mismo llamado al sacerdocio o la vida consagrada, ¡no teman seguir a Cristo en el noble camino de la Cruz! En los momentos difíciles de la vida de la Iglesia, la búsqueda de la santidad se hace cada vez más urgente. Y la santidad no es una cuestión de edad; es un asunto de vivir en el Espíritu Santo, así como lo hicieron Kateri Tekakwitha y tantos otros jóvenes.

Ustedes son jóvenes, y el Papa es Viejo y está un poco cansado. Pero se sigue identificando totalmente con sus esperanzas y aspiraciones. Aunque yo he vivido a través de mucha oscuridad, bajo la hostilidad de los regímenes totalitarios, he visto suficientes evidencias para convencerme de que no hay dificultad, ni terror tan grande como para sofocar completamente la esperanza, que siempre brota en los corazones de los jóvenes.

¡No permitan que esa esperanza muera! ¡Afinquen sus vidas en ella! No somos la suma de nuestras debilidades y fallas, somos la suma del amor del Padre por nosotros y nuestra capacidad real de convertirnos en la imagen de su Hijo.

4. Oración Final

Oh, Señor Jesucristo,
mantén a estos jóvenes en tu amor.
Hazlos escuchar tu voz,
y creer en lo que Tú dices,
Tú solo tienes palabras de vida...
Enséñales a profesar su fe,
a compartir su amor
y dar esperanza a los demás.
Haz de ellos testigos convincentes de tu Evangelio,
en un mundo tan necesitado
de su gracia salvífica.
Haz de ellos el nuevo pueblo de las Bienaventuranzas.
¡Que sean sal de la tierra
y luz del mundo, al inicio del tercer Milenio Cristiano!
María, Madre de la Iglesia,
protege y guía a estos hombres y mujeres
jóvenes del siglo XXI.
Mantenlos cerca de tu corazón maternal. Amén.

 

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