El Tepeyac en la evangelización y la formación de la identidad mexicana
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Tanto la figura de Juan Diego como la de la Virgen de Guadalupe, por ser ambas de carácter indígena, facilitaron y reforzaron la evangelización definitiva de las razas americanas conquistadas por la corona española. Con el paso de no mucho tiempo, Juan Diego, La Virgen de Guadalupe, y el Cerro del Tepeyac, llegaron a ser símbolos indiscutibles y casi sinónimos de “lo mexicano”.
En su primera visita pastoral a México, el Papa Juan Pablo II describió acertadamente la importancia del fenómeno guadalupano en la formación de la identidad católica mexicana y, finalmente, americana.
“Desde que el indio Juan Diego hablara de la dulce Señora del Tepeyac, Tú, Madre de Guadalupe, entras de modo determinante en la vida cristiana del pueblo de México...” (Juan Pablo II, México, 27 de enero de 1979.)
Esta intensa e inmediata aceptación del pueblo no ha sido casual: Existen bastantes elementos simbólicos dentro de la imagen de la Virgen Morena que la identifican de manera profunda con el pueblo que la vio por primera vez gracias a la milagrosa tilma de Juan Diego.
Como antecedente podemos decir que los
pueblos mesoamericanos desde tiempos remotos ya veneraban en el cerro del
Tepeyac a una deidad llamada “Tonantzín” (que quiere
decir “nuestra madrecita”).
Los estudiosos del tema consideran que fue por ello que resultó más
fácil para los indígenas del Nuevo Mundo la asimilación
del mensaje traído por la Virgen María de Guadalupe.
1. Datos de la Basílica
El actual santuario de Nuestra Señora de Guadalupe se levanta a unos 15 kms de Ciudad de México, junto a la primera basílica construida en el siglo XVI y utilizada hasta mediados del siglo XX.
Cuando los cimientos de ese templo cedieron, representando un peligro para los fieles, la Conferencia Episcopal Mexicana decidió emprender la construcción de una nueva basílica, encomendando la obra al arquitecto Pedro Ramírez Vásquez.
La primera piedra fue puesta el 12 de diciembre de 1974 y el complejo se inauguró dos años después.
Nuestra Señora de Guadalupe es hoy el santuario mariano más grande y más concurrido del mundo: cada año lo visitan unos 20 millones de peregrinos. Desde fuera se asemeja a una tienda circular, plantada en el desierto (en memoria del tabernáculo de Moisés a los pies del Sinaí). El templo está revestido de láminas de cobre verde mar (el color del manto de la Virgen) y el interior está recubierto de pino del Canadá; el suelo es de mármol mexicano y en la columna central, revestida de tablas de cedro, cubiertas de láminas de oro, se encuentra la capa de Juan Diego con la imagen de Nuestra Señora.
2. El Simbolismo que encierra la imagen
Desde el siglo XVI, después de las apariciones, el naciente pueblo mexicano encontró en la Virgen Morena la imagen ideal que conjugaba el carácter religioso y nacional, que le permitiría ser identificado ante el mundo como una nación nueva y no como una colonia de España.
A lo largo de la historia, el ayate de Juan Diego, con la imagen milagrosa de María de Guadalupe, ha sido la bandera oficial y extraoficial de todos los mexicanos. Ha sido la madre latinoamericana, cálida y amorosa, que protege a sus hijos de las tormentas de la vida.
El orgullo indígena, mestizo, criollo y finalmente mexicano de la nueva nación, se vio reforzado con la imagen de la Guadalupana, ya que México ha sido el único lugar donde la Madre del Salvador quiso quedarse, y por eso envió su retrato directamente desde el cielo. En efecto, esta es la única imagen que venera oficialmente la Iglesia Católica Universal, que no habría sido pintada o esculpida por manos humanas.
Hay innumerables pasajes dentro de la historia del pueblo mexicano en los cuales la protagonista ha sido Nuestra Señora de Guadalupe. Una de las más notables es, sin duda, el episodio donde el Cura Hidalgo, al momento de proclamar la lucha por la Independencia de México, toma como bandera un estandarte de la Virgen del Tepeyac. ¿Qué mejor símbolo, para tan trascendente acto, que la imagen desposadas las jóvenes indígenas de la región.
La Virgen de Guadalupe está rodeada de rayos dorados que le forman un halo luminoso o aura. El mensaje transmitido es: ella es La Madre de la Luz, del Sol, del Niño Sol, del Dios verdadero, ella lo hace descender hacia el “centro de la luna” para que allí nazca, alumbre y dé vida.
Ella está de pie en medio de la luna, y no es casual que las raíces de la palabra México en náhuatl sean “Metz-xic-co” que significa “el centro de la luna”. La luna también es símbolo de fecundidad, nacimiento, vida. Marca los ciclos de la fertilidad femenina y terrestre.
La flor de cuatro pétalos o “Nahui Hollín” es el máximo símbolo náhuatl y representa la presencia de Dios, la plenitud, el centro del espacio y del tiempo. Esta sencilla y pequeña flor define a la Virgen de Guadalupe como la Madre de Dios y se ubica sobre su vientre, es decir, donde se encuentra Nuestro Señor Jesús.
Un ángel está a los pies de la Guadalupana. Sus alas son como de águila, asimétricas y muy coloridas, los tonos son parecidos a los del pájaro mexicano “tzinitzcan”. Sus manos sostienen el extremo izquierdo de la túnica de la virgen y el derecho del manto.
Y algo maravilloso: las estrellas del manto están en la ubicación exacta donde se encontraban en el cielo de aquel 12 de diciembre, es decir, las principales constelaciones del firmamento están también plasmadas en la imagen.
A todos estos detalles extraordinarios, evidentes dentro de la Imagen de la Guadalupana, hay que sumarle el momento en que Ella se plasmó en el ayate milagroso de Juan Diego un 12 de diciembre de 1531. Ese mismo día, por la mañana, tuvo lugar el solsticio de invierno, que para las culturas prehispánicas significaba el sol moribundo que vuelve a cobrar vigor, el retorno de la vida, la luz que vence a las tinieblas y resurge victoriosa.
El día comenzaba a reinar sobre la noche cuando la Virgen presentó
a los ojos incrédulos de América a su hijo único, el
Dios verdadero que se entregó para la conversión y salvación
de todos los pueblos.
Por otro lado, también existen en la imagen una serie de símbolos
místicos cristianos, que identifican a la Virgen de Guadalupe con
la “mujer vestida de sol, con la luna bajo sus pies”, de la
cual habla el Apocalipsis (Ap 12,1); y aunque la mayoría de los pastores
de nuestra Iglesia prefiere no referirse al tema, es seguro que esta aparición
inició una etapa trascendente para todo el mundo cristiano.
3. “Las figuras que aparecen en los ojos de la Guadalupana no están pintadas”
La aseveración corresponde al doctor José Aste Tonsmann, un técnico que comenzó a estudiar las retinas de la Virgen a principios de 1980, y que desde hace algún tiempo imparte conferencias en diversos países sobre sus hallazgos.
El pasado 17 de julio, el diario “La Razón” de España, publicó una entrevista realizada en Madrid por el periodista Álex Navajas a este prestigioso científico.
La nota de referencia indica que en 1929 se descubrió la primera figura humana en el ojo de la Virgen de Guadalupe. “La descubrieron con una lupa, pero casi se aprecia a simple vista”, explicaba en la entrevista el doctor Aste Tonsmann, un experto de IBM en procesamiento digital de imágenes, que además de corroborar técnicamente la presencia de esa imagen, percibió la existencia de doce figuras más.
Consultado acerca de si esas figuras podrían ser una obra humana, el experto lo negó categóricamente. “No, por tres motivos: En primer lugar, no son visibles al ojo humano, salvo una, la del español, que es la más grande. Nadie podría haber pintado unas siluetas tan pequeñas.
En segundo lugar, los pigmentos de esas figuras no se sabe qué origen tienen. Ocurre lo mismo con la imagen de la Virgen: no está pintada, y nadie sabe aún cómo se estampó sobre la tilma de Juan Diego”.
El tercer motivo es que “las trece figuras se repiten en los dos ojos. ¿Qué artista haría eso? Además, su tamaño varía de un ojo a otro, precisamente tal cual sucede en la realidad, dependiendo de lo cerca que estuviera el personaje del ojo izquierdo o derecho de la Virgen en el momento de su ‘impresión’ en el ayate”.
Al preguntársele sobre el método y los procedimientos que siguió en sus estudios, Aste Tonsmann explicó que primero se tomaron unas fotografías de los ojos. Después se digitalizaron y se realizaron las ampliaciones y el proceso de filtrado de las imágenes, en computadoras de alta precisión.
El experto indicó que en las retinas de la Virgen pueden apreciarse las imágenes de un sirviente casi desnudo; un anciano (el obispo Zumárraga); un joven (el traductor); un indígena con una tilma (Juan Diego); una mujer negra (una esclava); un español con barba; y por último, una familia indígena con padre, madre, tres hijos y dos adultos más... Cuando el periodista preguntó a Aste Tonsmann cómo sabía que el resto de las figuras correspondían a la esclava, al traductor, y los otros personajes, el científico respondió: “Hay constancia histórica. El anciano que aparece en los ojos de la Virgen guarda gran parecido con los cuadros del obispo Zumárraga que hay de la época. Sobre la esclava negra, Zumárraga dice en su testamento que le da la libertad, e incluso sabemos que se llamaba María. En el Archivo de Indias se conserva el acta de embarque del obispo cuando marchó al Nuevo Mundo”, concluyó el especialista.
Además de estas razones, que por sí tienen la suficiente contundencia como para echar por la borda las notas publicadas por algunos medios de comunicación acerca de un presunto “fraude” relacionado con la imagen de nuestra Madre de Guadalupe, hay un cuarto motivo, que nos permite negar rotundamente la posibilidad de que se trate de una pintura, como dichas publicaciones han pretendido hacer creer, y es que este fenómeno de “reflexión” de las imágenes de lo que se está viendo, en los ojos de las personas, conocido con el nombre de “reflejo de Sansom y Purkinje” ha sido descubierto recién en 1825, cuando ya la imagen tenía casi tres siglos de antigüedad.
Aun las versiones que sostienen que se trata de una pintura, reconocen que la imagen data de mediados del siglo XVI. Evidentemente, ya sería demasiado absurdo negarlo, pues todos saben que la tilma estuvo allí desde esa época. Cabe preguntar a estos manipuladores de la información entonces ¿habría sido el supuesto “pintor” capaz de adelantarse tres siglos a un descubrimiento científico moderno, para pintar esos reflejos? La verdad es que resulta bastante irracional tratar de sostenerlo...
Vaya uno a saber qué buscan, aparte de vender más ejemplares de sus pasquines, quienes confunden a la gente con presuntos “hallazgos de última hora”, eso sí, barnizados con discursos racionalistas, muy exitosos en este momento, en que incluso algunos pastores de la Iglesia parecen no tener la suficiente fe.
4. Nuestra patria y la madre protectora
Desde el siglo XVI, después de las apariciones, el naciente pueblo mexicano encontró en la Virgen Morena la imagen ideal que conjugaba el carácter religioso y nacional, que le permitiría ser identificado ante el mundo como una nación nueva y no como una colonia de España.
A lo largo de la historia, el ayate de Juan Diego, con la imagen milagrosa de María de Guadalupe, ha sido la bandera oficial y extraoficial de todos los mexicanos. Ha sido la madre latinoamericana, cálida y amorosa, que protege a sus hijos de las tormentas de la vida.
El orgullo indígena, mestizo, criollo y finalmente mexicano de la nueva nación, se vio reforzado con la imagen de la Guadalupana, ya que México ha sido el único lugar donde la Madre del Salvador quiso quedarse, y por eso envió su retrato directamente desde el cielo. En efecto, esta es la única imagen que venera oficialmente la Iglesia Católica Universal, que no habría sido pintada o esculpida por manos humanas.
Hay innumerables pasajes dentro de la historia del pueblo mexicano en los cuales la protagonista ha sido Nuestra Señora de Guadalupe. Una de las más notables es, sin duda, el episodio donde el Cura Hidalgo, al momento de proclamar la lucha por la Independencia de México, toma como bandera un estandarte de la Virgen del Tepeyac. ¿Qué mejor símbolo, para tan trascendente acto, que la imagen de la Virgencita, capaz de unir a todos los mexicanos en una lucha a favor de la libertad de los pueblos dominados por los españoles?
Otros memorables pasajes, dentro de nuestra historia, están signados por el grito bajo el cual murieron cientos de mártires mexicanos, durante la guerra cristera: “¡Viva Cristo Rey y la Virgen de Guadalupe!”
Y es así como hoy decimos “no hay mexicano que no sea guadalupano”. Incluso están quienes se definen como “no-católicos” pero eso sí, “guadalupanos”, aunque parezca una contradicción.
Nuestra dulce Madre, desde que quiso quedarse en el ayate de Juan Diego, también se ha plasmado en el corazón de todos los mexicanos y americanos. Esa huella de amor es imborrable, y permanecerá siempre que exista este grandioso pueblo que, a pesar de su pobreza, le rinde culto ininterrumpidamente cada 12 de diciembre, desde aquel glorioso año de 1531.
Hoy Juan Diego ha sido elevado a los altares de la Iglesia Católica Universal, pese a todos los argumentos en contra de su historicidad. Esto comprueba, una vez más, que el hombre nunca podrá contra los designios del Señor; porque fue voluntad de Él que la Virgen se le apareciera al Indio, voluntad Suya que la Virgen se quedara en el ayate y, finalmente, voluntad de Dios ha sido que hoy Juan Diego sea proos brevemente algunos de los símbolos que encierra la imagen de Guadalupe, y que podemos identificar claramente con la cultura indígena predominante en la región (el pueblo Azteca) en la época de las apariciones en el Tepeyac:
En la Imagen milagrosa del ayate, la Virgen lleva el cabello suelto, lo que entre los aztecas era señal de virginidad. Es la figura de una Virgen y al mismo tiempo de una madre.
Su rostro es moreno, ovalado y en actitud de profunda oración. Tiene un semblante dulce y amable que refleja el amor, la ternura y la gran fortaleza característica de las madres latinoamericanas.
Sus manos están juntas en señal de recogimiento, en profunda
oración. La derecha es más blanca y estilizada, la izquierda
es morena y más gruesa, podemos interpretar que significa la unión
de dos razas distintas.
La Virgen está embarazada, esto se puede constatar por la forma aumentada
del abdomen y la presencia del Cinto negro que llevaban las mujeres embarazadas
de la cultura indígena azteca. Este cinto se localiza arriba del
vientre, cae en dos extremos trapezoidales que en el mundo náhuatl
representan el fin de un ciclo y el nacimiento de una nueva era. En la imagen
simboliza que con Jesucristo se inicia una nueva era tanto para el viejo
como para el nuevo mundo.
La edad de la Virgen representa a una joven de entre 18 y 20 años, edad a la que comúnmente eranclamado Santo.