Beatificación de los Siervos de Dios Juan Bautista y Jacinto de los Ángeles
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Durante su quinta visita pastoral a México, el Papa Juan Pablo II, además de canonizar al indígena Juan Diego, beatificó a dos mártires oaxaqueños: los Siervos de Dios Juan Bautista y Jacinto de los Ángeles, quienes murieron en el año 1700, a causa de la defensa de su fe.
Ambos eran padres de familia y trabajaban al servicio de la Iglesia Católica como “Fiscales de la Iglesia”, el grado más alto en la escala de cargos públicos que podían desempeñar los laicos, de acuerdo con lo establecido en 1585 por el Tercer Concilio Provincial Mexicano.
La vida cotidiana de los ahora beatos se desenvolvía en medio de dos circunstancias importantes: la introducción del cristianismo en la Nueva España, a partir de 1521, y los problemas que conlleva el tratar de labrar un terreno francamente hostil.
El resultado lógico, en medio de estos condicionantes, fue que la labor de evangelización avanzó muy lentamente, puesto que, a pesar de las apariciones de Guadalupe en el Tepeyac, persistían las creencias idolátricas en el pueblo, con sus correspondientes ceremonias rituales.
El proceso de beatificación de estos fieles del Señor se inició en la Diócesis de Antequera, Oaxaca, en 1889, propiciada por el Obispo Eulogio G. Gillow y Zavalza.
La causa sufrió una serie de interrupciones y retrasos, debidos principalmente a la Revolución Mexicana y a las persecuciones religiosas del siglo XX. Prácticamente puede decirse que había sido abandonada, hasta que fue retomada casi un siglo más tarde, en 1991, por el Arzobispo Héctor González Martínez. Finalmente se llegó al proceso de beatificación. A continuación relatamos sintéticamente la historia de estos dos hombres, en quienes la Iglesia reconoció, hace algunos días, las virtudes heroicas necesarias para proclamarlos Beatos y autorizar su veneración en México.
1. Beato Juan Bautista
Nació hacia el año 1660 en San Francisco Cajonos, en el Estado de Oaxaca. Juan Bautista comenzó a servir a su pueblo desde niño, cuando apenas tenía unos siete u ocho años de edad. Ejerció por muchos años el ministerio de acólito o auxiliar del sacristán mayor, habiendo pasado por todos los demás servicios propios de las necesidades de la Iglesia en aquel tiempo.
Después de desempeñarse en varios ministerios, se le consideró digno del más importante servicio que -como decíamos anteriormente- se otorgaba en esa época a los fieles laicos: el de fiscal, cuyas funciones implicaban la asistencia a los sacerdotes, el cuidado de los bienes de la Iglesia, la vigilancia y custodia de la fe y las costumbres del pueblo, procurando que todos recibieran los sacramentos, que no hubiera adulterios, actos de idolatría ni otro tipo de corrupciones.
2. Beato Jacinto de los Ángeles
Nació hacia el año 1660, también en el pueblo de San Francisco Cajonos, Distrito de Villa Alta en el Estado de Oaxaca. A pesar de la carencia de documentos que lo certifiquen, es evidente su bautizo por el servicio que prestaba en la Iglesia y por su relación tan cercana con los sacerdotes, especialmente por su cargo de fiscal de la vicaría, ministerio que desempeñaba cuando fue martirizado.
El Siervo de Dios fue legítimo descendiente de algunos de los principales
caciques indígenas que poblaban la zona, según se afirmaba
en las declaraciones que presentaron sus nietos en el año de 1775.
Dada su alta moral y su historia de servicio a la Iglesia, Jacinto fue elegido,
junto con Juan Bautista, para ocupar el cargo de fiscal, y de esta manera
defender e inculcar los actos de fe y devoción a Dios dentro de su
pueblo.