La devoción a los Ángeles
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En la última década han proliferado las historias, imágenes e incluso canciones que se refieren directamente a los Ángeles, al punto que no pocas publicaciones, del más diverso pelaje, hablan de una verdadera “angelmanía” o “fiebre angélica”... Para nosotros, ambos términos resultan poco serios, aunque reconocemos el creciente interés de la gente y en consecuencia el desarrollo de una suerte de industria sobre el tema.
Lamentablemente, y como suele suceder en estas circunstancias, mucho de lo que se difunde contiene innumerables errores, no sólo teológicos sino también conceptuales. Y no es que la religión católica pretenda subrogarse el monopolio de tan importante asunto; de hecho, los tres principales credos monoteístas (el judío, el cristiano en general y el musulmán) reconocen un estatus importante a esta cuestión; probablemente porque los tres comparten las mismas raíces.
En este artículo trataremos de echar luz sobre este asunto, como siempre, bajo la tradición doctrinaria del Magisterio de nuestra Iglesia.
1. La naturaleza de los ángeles
La creencia en los ángeles proviene principalmente de su mención en las Sagradas Escrituras. En efecto, muchos son los pasajes de la Biblia en los cuales estos seres se manifiestan ante los ojos humanos para anunciar, ayudar, aconsejar y acompañar al hombre en su camino hacia la felicidad eterna.
Sobre los ángeles, la doctrina católica nos dice que éstos son ciertamente seres celestiales, aunque no hay que catalogarlos como divinos, ya que han sido creados por Dios a partir de la nada y por lo tanto son criaturas subordinadas a Él.
Pertenecen al conjunto de la creación, es por ello que no se puede decir que los ángeles hacen milagros por sí mismos o al margen de Dios, y por lo tanto no se les puede “adorar” ni considerar como dioses.
Son seres puramente espirituales y desprovistos de toda corporeidad, según lo sostiene la doctrina, claramente formulada por el Concilio IV de Letrán en el año 1215, en cuyo decreto se aclara que Dios “creó de la nada a una y otra criatura, la espiritual y la corporal, es decir, la angélica y la mundana, y después [creó] la humana, compuesta de espíritu y de cuerpo”
Sin embargo, la curiosidad o el deseo de dar forma física a estos seres celestiales se ha presentado prácticamente a lo largo de toda la historia del cristianismo. Es así como podemos ver que en el siglo IV, el arte religioso representó a los ángeles con forma de figura humana, y para el siglo V, se les añadieron las alas, como símbolo de su prontitud en realizar la voluntad divina y en trasladarse de un lugar a otro sin la menor dificultad. Actualmente, es muy difícil concebir a la figura angélica sin las simbólicas alas.
Sin embargo, insistimos en recalcar que, el hecho de que los ángeles aparezcan corpóreos en la Biblia y puedan ser representados en imágenes, no debe hacer pensar que cuentan con un cuerpo físico propio y alado, sino que aquellas son simples imágenes, elaboradas con el fin de hacer más fácil al creyente la comprensión del concepto “ángel”. Esto no quiere decir que, en determinado momento, los ángeles no puedan presentarse físicamente para ser vistos por los hombres, como lo sugieren las mismas Escrituras.
Con respecto a la bondad o maldad de los ángeles, la doctrina de la Iglesia Católica nos dice, en los documentos del Concilio de Braga, celebrado en el año 561, que todos los ángeles fueron creados buenos por Dios y que los demonios se pervirtieron por su propia voluntad.
En este Concilio se aclaró además, a partir del estudio y discusión de las Sagradas Escrituras y otros documentos eclesiales, que el diablo fue primero un ángel bueno, hecho por Dios, y que su naturaleza fue obra de Dios. No emergió, por tanto, de las tinieblas como principio y sustancia del mal, como afirmaban algunas creencias que todavía hoy pretenden difundirse.
Algunos pasajes de la Santa Biblia nos revelan la existencia de estos seres creados por Dios, así como algunas de las labores que realizan en favor de los hombres, como intermediarios entre Dios y la humanidad:
“Habiendo
expulsado al hombre, puso querubines al oriente del jardín del Edén,
y también un remolino que disparaba rayos, para guardar el camino
hacia el Árbol de la Vida” (Gen 3, 24)
“Ya estoy enviando a mi Ángel delante de ti para que te proteja
en el viaje, hasta introducirte en el lugar que te he preparado. Anda derecho
en su presencia y hazle caso: no le seas rebelde [...] no perdonará
tus faltas, pues en él está mi Nombre” (Ex 23, 20-22)
“Al sexto mes el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad
de Galilea, llamada Nazaret, a una joven virgen que estaba comprometida
en matrimonio con un hombre llamado José, de la familia de David.
La virgen se llamaba María” (Lc 1, 26-27)
“María se quedaba llorando fuera, junto al sepulcro. Mientras
lloraba se inclinó para mirar dentro y vio a dos ángeles vestidos
de blanco, sentados donde había estado el cuerpo de Jesús,
uno a la cabecera y el otro a los pies” (Jn 20, 11-12)
2. Qué hacen y cómo están organizados
Los 9 Coros Angélicos, son a su vez agrupados en tres jerarquías.
Éstas son:
Jerarquía Suprema:
Serafines: Es su privilegio estar unidos a Dios de manera
más íntima, en los ardores de la caridad (o el amor) Son los
“alabadores” de Dios. De hecho, Serafín significa “amor
ardiente”. Los serafines alaban constantemente al Señor y proclaman
su santidad.
Querubines: Asisten también ante el trono de Dios,
y es su privilegio ver la verdad de un modo superior a todos los otros Ángeles
que están bajo ellos. Son los “guardianes” de las cosas
de Dios. En la Biblia aparecen como los encargados de guardar el Arca de
la Alianza y el camino que lleva al árbol de la vida.
Tronos: También asisten ante el trono de Dios, y es su misión asistir a los Ángeles inferiores en la proporción necesaria. Los tronos son los que están atentos a las razones del obrar divino o, dicho de otro modo, los que mejor conocen e interpretan la voluntad de Dios.
Jerarquía Media:
Dominaciones: Son así llamados porque dominan sobre
todas las órdenes angélicas encargadas de ejecutar la voluntad
de Dios. Distribuyen a los Ángeles inferiores sus funciones y sus
ministerios.
Potestades: O “conductores del orden sagrado”,
ejecutan las grandes acciones que tocan en el gobierno universal, del mundo
y de la Iglesia, operando para eso prodigios y milagros extraordinarios
pero siempre de acuerdo con la voluntad de Dios. Las potestades son los
que luchan contra las fuerzas adversas.
Virtudes: Cuyo nombre significa “fuerza”, son encargados de eliminar los obstáculos que se oponen al cumplimento de las órdenes de Dios, apartando a los Ángeles malos que asedian a las naciones para desviarlas de su fin. Las virtudes son los encargados de ejecutar los milagros entre los hombres.
Jerarquía Inferior:
Principados: Son los que presiden los reinos, las provincias,
y las diócesis; son así denominados por el hecho de que su
acción es más extensa y universal que las acciones de los
ángeles de menor jerarquía. Los principados son los encargados
de la repartición de los bienes espirituales en la humanidad.
Arcángeles: Son enviados por Dios en misiones de
mayor importancia, para actuar directamente junto a los hombres.
Ángeles: Son los que tienen la guarda de cada hombre en particular. Velan por la vida espiritual y corporal de cada persona y, a cada instante, le comunican las luces, y les transmiten las fuerzas y gracias que necesitan.
3. Los Arcángeles
Son los únicos que aparecen en las Sagradas
Escrituras con un nombre propio. Como decíamos, son ángeles
que están al servicio directo del Señor para cumplir misiones
especiales. En la Biblia podemos encontrar diferentes pasajes donde los
Arcángeles intervienen como portadores de alguna importante noticia
que Dios quiere comunicar a los hombres.
La Santa Iglesia Católica celebra de manera oficial a los Arcángeles
San Miguel, San Gabriel y San Rafael el día 29 de septiembre de cada
año. A continuación describimos brevemente la historia de
los atributos particulares de cada uno de ellos.
Arcángel San Miguel: Aparece en defensa de los intereses divinos ante la rebelión de los ángeles malos; es el que arrojó del Cielo a Lucifer y a los ángeles que le seguían y quien mantiene la batalla contra Satanás y demás demonios, para destruir su poder y ayudar a la Iglesia militante a obtener la victoria final. El nombre de Miguel significa “quién como Dios” y se deriva precisamente de la interpelación que le hizo a Lucifer cuando pretendió, por soberbia, hacerse dios. Su conducta y fidelidad nos debe invitar a reconocer siempre el señorío de Jesús y a buscar en todo momento la mayor gloria del Señor.
Arcángel San Gabriel: Enviado por el Señor a diferentes misiones, anunció a la Virgen María el misterio de la Encarnación del Hijo de Dios y su maternidad divina.
También anunció a Zacarías el futuro nacimiento de su hijo, Juan el Bautista. Su nombre en hebreo significa “Dios es fuerte” o “Fortaleza de Dios”. Aparece siempre como el mensajero de Yahvé para cumplir misiones especiales, en las que se pone de manifiesto el Poder del Señor, y como portador de buenas noticias.
Arcángel San Rafael: Acompañó al joven Tobías cuando cumplía un difícil encargo, y se ocupó de solucionar difíciles asuntos de su esposa. Su nombre quiere decir “medicina de Dios”. Tiene un papel muy importante en la vida del profeta Tobías, al mostrarle el camino a seguir y lo que tenía que hacer. Tobías obedeció en todo al arcángel San Rafael, sin saber a ciencia cierta que era un mensajero de Dios. Él se encargó de presentar sus oraciones y obras buenas a Dios, dejándole como encargo el bendecir y alabar al Señor, hacer siempre el bien y no dejar de orar. Se le considera patrono de los viajeros, por haber guiado a Tobías en sus viajes siempre sano y salvo.
4. ¿Qué nos enseñan los ángeles?
Los ángeles nos enseñan principalmente a:
a. Glorificar al Señor, proclamar su santidad y rendirle sus homenajes
de adoración, de amor y de ininterrumpida alabanza.
b. Cumplir con exactitud y prontamente todas las órdenes que recibimos del señor y a cumplir su Voluntad sin discutir sus mandatos y sin aplazar su cumplimiento.
c. Servir al prójimo, pues ellos están preocupados por nosotros y quieren ayudarnos en las diversas circunstancias que se nos presentan en la vida. Esto nos animará a compartir con nuestros hermanos sus penas y alegrías.
5. Los ángeles custodios
Dios ha asignado a cada hombre un ángel para protegerle
y facilitarle el camino de la salvación, mientras está en
este mundo. Afirma sobre este tema San Jerónimo: “Grande es
la dignidad de las almas, cuando cada una de ellas, desde el momento de
nacer, tiene un ángel destinado para su custodia”.
En el Antiguo Testamento se puede observar cómo Dios se sirve de
sus mensajeros para proteger a los hombres de la acción del demonio,
para ayudar al justo o librarlo del peligro, como cuando a Elías
lo alimentó un ángel, (1 Reyes, 19, 5)
En el Nuevo Testamento también se pueden observar muchos sucesos
y ejemplos en los que aparecen estos seres: el mensaje a San José
para que huyera a Egipto, y los ángeles que sirvieron a Jesús,
después de las Tentaciones en el desierto, entre otros ejemplos.
Se puede decir que los ángeles custodios son compañeros de viaje, que siempre estarán al lado de cada uno de nosotros, en las buenas y en las malas, sin separarse ni un solo momento. Nuestro ángel custodio, o “ángel de la guarda” está a nuestro lado mientras trabajamos, descansamos, cuando nos divertimos y cuando rezamos, cuando le pedimos ayuda y cuando le olvidamos. Y lo más importante: no se aparta de nosotros ni siquiera cuando perdemos la gracia de Dios por el pecado. Nos presta auxilio para enfrentar con mejor ánimo las dificultades y tentaciones en la vida diaria.
Muchas veces se piensa en el ángel de la guarda como si fuera un amigo infantil, ficticio. Pero si pensamos que al crecer la persona se enfrentará a una vida con mayores tentaciones y dificultades, con mayor posibilidad de perderse en el camino, comprenderemos que en verdad recurrir al ángel custodio será de gran ayuda.
La Iglesia nos enseña que, para que la relación
de la persona con su ángel custodio sea eficaz, necesita hablar con
él, llamarle, tratarlo como el amigo que es. Así podrá
convertirse en un fiel y poderoso aliado nuestro, especialmente en los momentos
de peligro e incertidumbre.
Debemos confiar en nuestro ángel de la guarda y pedirle ayuda, pues
además de que él nos guía y nos protege, está
muy cerca de Dios y le puede decir directamente lo que queremos o necesitamos.
Recordemos que los ángeles no pueden conocer nuestros
pensamientos ni deseos íntimos si nosotros no se los hacemos saber
de alguna manera, ya que sólo Dios sabe lo que hay dentro de nuestro
corazón. Ellos, en cambio, sólo pueden conocer lo que queremos
intuyéndolo por nuestras obras, palabras, gestos, etc.
También podemos pedir favores especiales a los ángeles de
la guarda de otras personas, para que las protejan de determinados peligros
o las guíen en situaciones difíciles.
6. ¿Quiénes son los ángeles caídos?
Dios creó a los ángeles como espíritus puros. Al principio todos se encontraban en estado de gracia. Pero luego algunos de ellos se rebelaron, encabezados por Luzbel, de quien se dice que era el más bello de los ángeles, y que por su malicia y soberbia se negó a adorar a Jesucristo, Dios hecho hombre.
De ese modo, y por sentirse seres superiores, algunos
ángeles (se dice que un tercio de ellos) rechazaron eternamente a
Dios con un acto “inteligente” y libre de su parte, es decir,
por voluntad propia.
Así Luzbel -Luz Bella, también denominado Lucifer, Diablo
o Satán- junto con los ángeles rebeldes que le siguieron,
convertidos ahora en demonios, fue arrojado del Cielo al infierno. Allí
quedaron confinados todos a un estado eterno de tormento, desde donde nunca
más podrán ver a Dios.
No cambiaron su naturaleza, siguen siendo seres espirituales
y reales.
Lucifer es el enemigo de Dios. Jesús le llama “el engañador”,
“el padre de la mentira”. Su constante actividad en el mundo
busca apartar a los hombres de Dios mediante engaños e invitaciones
al mal. Quiere evitar que conozcamos al Señor, que creamos en Él,
que lo amemos y que alcancemos la felicidad eterna que él mismo perdió
por soberbia. Es un enemigo contra el que todos tenemos que luchar para
poder llegar al Cielo.
Los demonios se encuentran organizados en jerarquías, tal y como fueron creados en un principio, subordinados los inferiores a los superiores.
Satanás y sus demonios comenzaron sus maléficas acciones con Adán y Eva y no se dan por vencidos en su labor. Aprovechan la inclinación del hombre hacia el mal, por su naturaleza que quedó dañada después del pecado original. Son muy astutos, disfrazan el mal de bien. Su acción ordinaria en el hombre es la tentación. Por ello rezamos en el Padrenuestro: “...no nos dejes caer en tentación y líbranos del mal.”
7. ¿Por qué debemos creer en los ángeles?
La Iglesia ha definido la existencia de los ángeles como un dogma de fe. Toda la Biblia está llena de versículos y capítulos completos que hablan de los ángeles. Si creemos en ella, no podemos negar la existencia y la acción de los ángeles, junto a Dios y entre los hombres.
Además del testimonio de la Revelación, tenemos el de los Santos Padres de la Iglesia, quienes nos dejaron bellas y sugestivas descripciones de los ángeles que fueron retomadas por Santo Tomás no sólo en el aspecto teológico sino en un verdadero dinamismo cristiano.
El culto a los ángeles de la guarda comenzó en la península Ibérica y después se propagó a otros países. En el Concilio IV de Letrán, en 1215, se señaló que Dios es creador de todas las cosas, de las visibles y de las invisibles, de las criaturas espirituales y las corporales que fueron creadas de la nada.
En 1870, debido al materialismo y al racionalismo que imperaba ya desde esa época, el Concilio Vaticano I afirmó de nuevo la existencia de los ángeles.
Pablo VI volvió a poner de manifiesto la existencia de los ángeles en 1968, al formular el Credo. En la reforma litúrgica de la Iglesia de 1969, quedó establecido el día 29 de septiembre para dar culto a los arcángeles San Miguel, San Rafael y San Gabriel y el día 2 de Octubre, para rendir culto a los ángeles custodios.