Por qué rezar frecuentemente el Rosario

Por: Francisco Rico Toro

Voy a decirlo claramente y sin rodeos: Para mí, el rezo del Rosario era una cuestión de viejas... más o menos buenas, malas, hipócritas,
honestas... ¡pero viejas!
Y es que aparte de mi falta de fe, que, confieso, era terrible, no alcanzaba a comprender los increíbles beneficios espirituales que trae consigo el meditar profundamente sobre los misterios de la Vida, Pasión, Muerte y Gloria de Jesús y la Santísima Virgen María.

Hay tanto para decir acerca del Rosario, que es imposible encarar esta nota sin pedir de un modo especial al Espíritu Santo que nos ilumine con sus dones. A mí y a ti, amigo lector... y me tomo la libertad de ponerme primero por una simple cuestión cronológica: es obvio que yo debo escribir antes de que tú me leas...
Lo primero que tengo para decirte es que, durante casi tres cuartas partes de mi vida, el rezo del Rosario me pareció una absoluta pérdida de tiempo.

No hallaba ningún sentido al hecho de repetir como loro el Credo, 5 Padrenuestros, 50 Avemarías, 5 Glorias y el “Dios te salve”... ¡Y el Padrenuestro, los tres Avemarías y el Gloria “extras”, que a alguien se le ocurrió que debíamos rezar por las intenciones del Papa...! ¡¡Y a veces, encima, las 61 letanías, llamadas “Lauretanas”!!
Me quedaba la imagen de infancia de aquellas señoras que repetían a toda velocidad sus oraciones antes de Misa en la Iglesia, cuando acompañaba a mi abuela alguna tarde, no siempre de buen agrado, a la Compañía de Jesús.

Yo estaba seguro de que ellas estaban más pendientes de cualquier otra cosa que de lo que decían, porque era imposible que llegasen a pensar en el sentido de sus palabras a la velocidad a la que las pronunciaban. Probablemente haya sido así, quién sabe... Lo que yo sé ahora es que no me corresponde juzgarlas.
Me parecía que en vez de cada “Ruega por nosotros”, hacia el final del Rosario, bien podrían haber estado haciendo, ellas mismas, algo por ellas... o por sus familias... o por los pobres, en fin; algo más “productivo”.

Debo comentarte que en el fondo comprendía a las ancianas que lo hacían, pues les sobraban varias horas cada día. Pero cuando de pronto comencé a ver a mi madre en esas, me pareció patético: una clara señal de que estaba poniéndose vieja, en mi opinión antes de tiempo.
Si por casualidad algún adivino me hubiese contado que a los 30 años yo estaría caminando por el jardín, Rosario en mano, todas las noches repitiendo aquel ramillete de oraciones, directamente me hubiera reído en su cara.

Voy a decirlo claramente y sin rodeos: Para mí, el rezo del Rosario era una cuestión de viejas... más o menos buenas, malas, hipócritas, honestas... ¡pero viejas!

Y es que aparte de mi falta de fe, que, confieso, era terrible, no alcanzaba a comprender los increíbles beneficios espirituales que trae consigo el meditar profundamente sobre los misterios de la Vida, Pasión, Muerte y Gloria de Jesús y la Santísima Virgen María.

Pues bien, dado que desde hace un buen tiempo soy asiduo de esa oración, y dado que he tenido (y tengo) la oportunidad de comparar los distintos estados en que se encuentra mi espíritu cuando rezo con frecuencia el Rosario y cuando por algún motivo dejo de hacerlo, es que me decidí a escribir esta nota, a pesar de todas las obligaciones que dejo pendientes.

Es honesto confesar que me encantaría ser leído por gente que piense hoy como yo pensaba en aquel cercano entonces, porque tal vez de ese modo pueda ser más fructífero este trabajo; así que ahí te lo encomiendo, amiga (te digo AMIGA porque hemos visto que son muchas más las mujeres que leen Jesucristo Vivo), te recomiendo que sugieras en particular esta nota a tu esposo, hijo, hermano... A ese crítico que seguramente tendrás cerca, si eres devota del Santo Rosario.

A ver sin nos echamos una manita juntos: tú me ayudas a evangelizar y yo trato de hacer que te critiquen o fastidien menos. ¿Estás de acuerdo? Pues sale y vale, ahí seguimos...

1. Origen y significado del Rosario

Al comenzar a tratar seriamente un tema, conviene presentar definiciones, remitirse a las etimologías, remontarse a los orígenes históricos y esas cosas, para poner en claro, desde el principio, de qué se estará hablando.

En este caso, lo que nos dice la historia del Rosario es menos de lo que hubiésemos querido presentar. Hemos procurado investigar bastante sobre el tema, aunque reconozco que en poco tiempo, y lamentablemente no hallamos una versión oficial y satisfactoria sobre las apariciones de la Virgen a Santo Domingo de Guzmán, con lo que nos habría gustado enriquecer esta nota.

Descubrimos que, contrariamente a lo que nos pintaba la iconografía religiosa, la Santísima Virgen no le entregó a Domingo la receta lista y acabada del Rosario, sino que éste fue evolucionando con el tiempo hasta llegar a su forma actual.

De todos modos, lejos de desanimarme, el no encontrar la información que esperaba me confirmó en la convicción sobre el origen celestial del Santo Rosario. Sencillamente porque vimos que Santo Domingo era un hombre de carne y hueso, aunque con una espiritualidad increíble, forjada en el yunque de la oración y noches enteras de adoración eucarística.

El nombre, su significado y el objeto devocional
La palabra “rosario” quiere decir concretamente “conjunto de rosas”, y nos invita a pensar en una corona, un ramillete o un jardín de rosas, que en sentido metafórico son las oraciones ofrecidas a la Virgen María por la persona que reza con devoción el Rosario.

En términos generales, Rosario o Corona es el nombre que se da a la devoción de repetir un determinado número de veces algunas oraciones.
Puesto que el número de ellas fue considerado importante, se comenzó contarlas con cuentas ensartadas en una cadena o hilo, o en los nudos hechos en una misma cuerda, al modo del milenario ábaco chino.
Por extensión también se llamó “rosario” al objeto devocional, con el cual se llevaba la cuenta de las oraciones; es decir, de las rosas que se ofrecían a la Santa Madre de Dios.
En sentido estricto, ya en nuestros días, el Rosario es la más importante devoción -autorizada y reglamentada por la Iglesia- a la Santísima Virgen María.

Cómo se reza
Un Rosario completo consiste en el rezo de 150 Avemarías, divididos en 15 decenas.
Antes de cada una de dichas decenas, se reza un Padrenuestro y al finalizarla un Gloria.
Quizás lo más importante del Rosario es que cada decena está dedicada a la meditación de un Misterio de la vida de Jesús y de María.
Estos Misterios a su vez se dividen en tres grupos de cinco: Gozosos, Dolorosos y Gloriosos.
Habitualmente se habla de “Un Rosario” refiriéndose al rezo de sólo una tercera parte de la Corona completa, es decir, a sólo cinco decenas, en las que -según el día- se medita sobre uno de los tres grupos de Misterios que mencionamos anteriormente de la siguiente manera: Gozosos, los lunes y jueves; Dolorosos, los martes y viernes; y Gloriosos los miércoles, sábados y domingos. Ésta es la forma más común de rezar el Rosario en la actualidad.

¿“El” Rosario o “los” Rosarios?
Existen, además del tradicional, otros tipos de “Rosarios”, como la “Corona Franciscana”, que tiene siete decenas de Avemarías, recordando “los siete gozos de Nuestra Señora”.

También está la “Corona de los Dolores”, con siete grupos de siete cuentas cada uno, para considerar cada uno de los grandes dolores que padeció la Virgen al ser mediadora o “instrumento” para la Salvación de los hombres (Ver artículo sobre la Virgen de los Dolores, en Jesucristo Vivo Nº 4)
Hay también un Rosario llamado “de Santa Brígida”, con sesenta y tres cuentas, que representan los 63 años que, según decía esta santa, había vivido la Virgen en la tierra: seis decenas y tres cuentas adicionales, que se rezan en la parte de cuentas sueltas que habitualmente tienen los rosarios.

Además está la llamada “Coronilla de la Virgen”, que tiene doce cuentas juntas, por la corona de doce estrellas con que se caracteriza a varias advocaciones de Nuestra Señora, presentada así en el mismo libro del Apocalipsis. En cada una de ellas se reza un Avemaría, y en la parte suelta hay tres cuentas, para tres Padrenuestros.
Finalmente, el rosario “común” de 5 decenas se usa también para el rezo de muchos otros “Rosarios especiales”, establecidos a lo largo de los siglos por la piedad popular o por revelaciones a algunos santos o místicos, como la “Corona de la Misericordia”, encomendada por el propio Jesús a Santa Faustina en revelaciones privadas (ver Jesucristo Vivo Nº 2); la Corona de las Lágrimas; la del Espíritu Santo; la de los Ángeles; etcétera.

 

2. Reseña biográfica de Santo Domingo

Santo Domingo de Guzmán nació en Caleruega de Burgos (España) a fines de 1171, en el seno de una familia piadosa y económicamente acomodada, lo que le permitió realizar sus estudios en los mejores institutos de la región, donde se formó en todas las ciencias humanas de la época, en filosofía y en teología, que al parecer era la disciplina que a él más le interesaba.

Se ordenó como sacerdote a la edad de 25 años, que era la mínima permitida por el Derecho Canónico para la ordenación sacerdotal, aunque había venido ya desempeñándose como Canónigo Regular de la Catedral de Osma desde sus 20 años.

Ya como sacerdote fue nombrado Vicario de su Diócesis y acompañó a su obispo en numerosos viajes. Al descubrir la fuerte crisis por la que atravesaba la Iglesia en la mayoría de los lugares por los que pasaba, decidió entregarse por completo, junto con algunos hermanos que lo seguían, al trabajo apostólico, renunciando a toda comodidad, viviendo de las limosnas, transportándose sólo a pie y descalzo, y sin tener más ropa que la que llevaba puesta en el cuerpo.

Eran los primeros días de la Orden de los Frailes Dominicos,quienes al igual que sus contemporáneos de fundación, los Franciscanos, produjeron con su espiritualidad una verdadera revolución en el seno de la Iglesia, que salvo honrosas excepciones, había venido alejándose dramáticamente del Evangelio, en particular en lo referente a la austeridad y al espíritu de sacrificio.

No obstante, para Santo Domingo, además de la necesidad de esta práctica virtuosa de la pobreza evangélica, el sacrificio y la austeridad extrema por amor a Dios, también era muy importante la sabiduría que brinda el estudio, para poder ser un buen servidor del Reino.

Precisamente por ello determinó que la orden de sacerdotes que él fundaba (después conocida como la Orden de los Dominicos, en honor a él), fuera una Orden de Predicadores, dispuestos a prepararse sólidamente en teología y recorrer pueblos y ciudades para llevar a todas partes la luz del Evangelio.

La historia nos narra que rechazó tres veces la ordenación como obispo, pues entendía que el Señor y la Iglesia lo necesitaban más como fraile, predicador y misionero.

En muy pocos años, los Frailes Predicadores, dirigidos por Domingo, fundaron en el Sur de Europa sesenta centros de apostolado, en los que se impartía una excelente formación teológica.

Fue por eso que más tarde, uno de sus discípulos en la orden, se constituiría en una de las principales luces que haya tenido, a lo largo de su historia, la Iglesia Universal: Nos referimos a Santo Tomás de Aquino, ilustre Doctor de la Iglesia, especialmente célebre por su explicación racional sobre la existencia de Dios.

Todos los que conocieron a Domingo coincidían en resaltar su profunda espiritualidad, su sincero amor a Dios, a la Santísima Virgen María y a los hombres, su inquietud y notoriedad intelectual y su completa adhesión al Evangelio.

Varios autores, algunos de ellos contemporáneos del santo, se refieren al particular modo de orar que tenía, en distintos momentos y en las más variadas circunstancias, a veces sólo mentalmente y otras a viva voz, con largas postraciones frente a la Eucaristía, que en reiteradas ocasiones comenzaban al atardecer y duraban hasta la salida del sol al día siguiente.

 

3. Su papel en el origen de esta devoción mariana

La Iglesia reconoce a Santo Domingo como el “fundador” de la devoción al Rosario, principalmente porque fue la primera persona que, según puede recogerse de varios testimonios y escritos de la época, dio carácter de “oración” al Ave María, ya que de las tres oraciones más difundidas hoy, en aquel tiempo solamente se decía el Padrenuestro y el Credo.

Además promovió su rezo, especialmente entre los frailes, religiosas y seglares de su Orden, como un complemento diario a la Liturgia de las Horas.

Se sabe que varias veces al día, Domingo se ponía de rodillas o hacía una genuflexión y repetía el saludo del Arcángel San Gabriel y de Santa Isabel a la Virgen (primera parte de la oración del Avemaría)
Domingo consideraba la repetición del Avemaría como una forma de particular devoción a la Madre de Cristo, a través de quien se hizo posible el Plan Redentor de Dios para la humanidad.

Según nos muestra la historia, el Avemaría terminó de completarse recién hacia mediados del siglo XVII, con la adición del nombre de “Jesús” al finalizar la primera parte de la oración (“...y bendito es el fruto de tu vientre...”)

El rezo del Ave María, de rodillas, era una práctica en la Orden dominica legislada por su propio fundador. El beato Raimundo de Capua, sucesor de santo Domingo, escribe que él había fundado una milicia de seglares -“Milicia de Jesucristo”- vinculada a la Orden. A sus miembros les mandó “rezar a diario un cierto número de Padrenuestros y de Avemarías que rezarían en lugar de las horas canónicas”.

Más adelante, el Papa Gregorio IX, en la bula que aprueba esta Milicia, establece que por cada hora canónica digan siete padrenuestros y por cada hora del oficio de la Virgen siete Avemarías. Esos cuarenta y nueve Padrenuestros y cuarenta y nueve Avemarías son la confirmación pontificia de lo establecido por santo Domingo. Así surgen los primeros antecedentes claros del Rosario.

Desde sus inicios, fue una oración de reparación, pues en su práctica, Santo Domingo, buscaba especialmente devolver la dignidad a la Virgen, cuestionada como Madre de Dios y desacralizada por una secta de herejes que proliferaba en la Europa de aquellos tiempos: los Albigenses.
El rezo del Rosario, hoy, tiene el mismo carácter reparador de sus orígenes, expiando los pecados propios y ajenos por intercesión de las virtudes de María, la Inmaculada, la virgen sin mancha que fue elegida por Dios, desde el principio de los tiempos, para contribuir, como ningún humano, en el plan divino de la Salvación.

 

4. Las bases bíblicas del Santo Rosario

Definitivamente, el Rosario es un resumen del Nuevo Testamento, que sintetiza de un modo extraordinario los aspectos más sobresalientes de la historia de nuestra redención... Por ello es necesario que se lo rece meditando profundamente en cada uno de sus misterios, mientras los labios pronuncian las oraciones y el corazón siente cada vez más el amor de Dios.

Mediante esta oración recordamos el dolor, el gozo y la gloria de la vida de Jesús y de María, desde la misma Concepción de nuestro Señor, pasando por toda su Pasión y Muerte en el Calvario, y culminando (después de la Ascensión de Cristo Resucitado, y de la Asunción de la Santísima Virgen a los Cielos) en la distinción de María como Reina de la Creación.

El Papa Pío V, en su bula de 1569, definió sintéticamente al Rosario como “el modo piadosísimo de oración, al alcance de todos, que consiste en ir repitiendo el saludo que el ángel le dio a María; interponiendo un Padrenuestro entre cada diez Avemarías y tratando de ir meditando mientras tanto en la vida de Nuestro Señor”.

Cada una de las oraciones que componen el Rosario están fundamentadas en las Sagradas Escrituras. Cada decena representa, y nos invita a meditar profundamente en un Sagrado Misterio de la Vida de Jesús y María, con base totalmente bíblica.

Cada cuenta pequeña del Rosario representa un Salmo, una Alabanza a Dios, pues “coincidentemente”, la Biblia contiene 150 salmos, como 150 Avemarías tiene la Corona completa del Rosario.
Todas las frases que componen esta oración están totalmente fundamentadas en la Santa Biblia.

La señal de la Santa Cruz, con la que se comienza el Rosario, es el signo que identifica al cristiano, en la Cruz murió Jesús para salvar a la humanidad de sus pecados. Es una señal de esperanza y de fe, que pone de manifiesto la infinita caridad de nuestro Redentor para con todos los hombres, creyentes o no.

Después de recordar el misterio correspondiente se reza la oración del Padrenuestro, oración fundamental de la religión Católica, enseñada por el propio Jesucristo (Mt 6,9-13)
En cada una de las cuentas pequeñas del Rosario se reza el Ave María, que es a la vez reconocimiento y tributo del creyente católico a la Madre de Dios, por haber sido elegida entre todas las mujeres, por su pureza y por su entrega absoluta a la voluntad del Creador (Lc 1,28-30)

El Gloria es un canto de alabanza a la Santísima Trinidad. El Dios uno y trino presente en el bautismo de Jesús.
Las Letanías son una síntesis del pensamiento del pueblo de Dios sobre la Virgen María, a quien se alaba por sus virtudes y de quien se espera el favor, como poderosa mediadora ante su Hijo.

En la Letanía se repite constantemente la frase “ruega por nosotros” reconociendo así a María como intercesora, reconocimiento que, inexplicablemente, no es compartido por algunos cristianos no católicos, aunque ellos sí reconozcan que toda oración, realizada por cualquier mortal, por cualquiera de ellos o de nosotros, tiene poder intercesor ante Dios.

La Virgen María, en apariciones tan sólidamente cimentadas por la actitud de la Iglesia jerárquica frente a ellas, como las de Lourdes y Fátima, ha pedido esta práctica piadosa.
Los santos, sobre todo los de los últimos tiempos, han insistido al pueblo cristiano, con sus exhortaciones y ejemplo, para la práctica de esta devoción.

En apariciones y manifestaciones místicas de la Santísima Madre, que tienen lugar hoy y que todavía no son reconocidas por la Iglesia Universal, la exhortación al rezo del Rosario adquiere a veces el tono de una súplica.

Los Papas, en incontables documentos de su magisterio, han recomendado tenazmente el rezo del rosario.
Juan Pablo II ha expresado en múltiples circunstancias su adhesión y amor por esta completa oración:
- En 1978, poco después de ser elegido Pontífice, sorprendió al mundo con esta frase en la Plaza de San Pedro: “Mi oración preferida es el Rosario [...] es una escalera para subir al cielo” (29 de octubre)
- “El Rosario nos proporciona dos alas para elevarnos en la vida espiritual: la oración mental y la oración vocal” (29 de abril 1979)
- “Es la oración más sencilla a la Virgen, pero la más llena de contenidos bíblicos” (21 de octubre 1979)
- Cuando fue en peregrinación al santuario de Nuestra Señora del Rosario de Pompeya, Juan Pablo II hizo allá un bellísimo sermón acerca del Rosario, en el que dijo: “El Rosario es nuestra oración predilecta. Cuando la rezamos, está la Santísima Virgen rezando con nosotros. En el rosario hacemos lo que hacía María, meditamos en nuestro corazón los misterios de Cristo” (Lc. 2, 19)

 

5. Cómo rezar el Rosario

El Rosario es una oración verbal y mental. Si mientras recitamos las oraciones del Rosario, nuestra mente se aleja de los misterios que debemos contemplar con ellas, si no “acogemos y meditamos en el silencio de nuestro corazón” la enseñanza de cada uno de los pasajes señalados y el trasfondo de amor que ellos contienen, el rezo del Rosario sí será una pérdida de tiempo, y más valdrá la pena haber dedicado aquellos minutos a realizar obras de caridad, lecturas bíblicas, o aunque sea a
pasar un momento de amor en familia.

Para alcanzar su verdadero significado y efecto, el rezo del Santo Rosario debe llevarnos a contemplar la vida de Jesús y de María, a meditar profundamente sobre el amor de Dios hacia los hombres, sobre la entrega absoluta y sin reservas de la Virgen a la Divina Voluntad, como un ejemplo para todo ser humano; a extraer, en fin, todas las enseñanzas evangélicas que esta oración tiene para transmitirnos, por constituir una síntesis de las vivencias más significativas de Jesús y de su Madre en el misterioso proceso de la Redención.
De lo contrario, su repetición será, como decía al principio de esta nota, un simple acto mecánico de falso pietismo.

El Rosario es una oración verbal y mental. Si mientras recitamos las oraciones del Rosario, nuestra mente se aleja de los misterios que debemos contemplar con ellas, si no “acogemos y meditamos en el silencio de nuestro corazón” la enseñanza de cada uno de los pasajes señalados y el trasfondo de amor que ellos contienen, el rezo del Rosario sí será una pérdida de tiempo, y más valdrá la pena haber dedicado aquellos minutos a realizar obras de caridad, lecturas bíblicas, o aunque sea a pasar un momento de amor en familia.

Es cierto que las enseñanzas de Jesús están quizás mejor transmitidas en otros diversos pasajes evangélicos, en sus centenares de parábolas, de reflexiones, de ejemplos; sin embargo, con frecuencia la lectura de dichos pasajes constituye un aporte directo al intelecto, y sólo en una segunda o tercera instancia tienen impacto sobre nuestros sentimientos.
Por el contrario, estas simples vivencias que evocamos en cada misterio del Rosario, al ser meditadas en profunda oración, repitiendo las principales oraciones de nuestro credo, son un mensaje directo al corazón, y por mediación de la Virgen Santísima, tienen un efecto inmediato de cura para nuestro espíritu.

Por eso quiero sugerirte a continuación diversos métodos que la Iglesia nos propone para hacer del rezo del Rosario un momento especial de sublime aproximación a Dios, a través de María.
Me encantaría contar con el tiempo y el espacio necesarios, y con tu paciencia e interés, por supuesto, para analizar, uno por uno, los 15 misterios de la Corona Mariana a la luz de los métodos que ahora te comparto.

Lamentablemente no es posible hacerlo, pero si los lectores como tú nos escriben y piden este material, que hemos recopilado, yo me comprometo a publicarlo en un próximo número de Jesucristo Vivo.
La Iglesia propone rezar el Rosario meditándolo profundamente, ya sea por medio de la lectura de los pasajes bíblicos a que hace referencia cada misterio, ya por el seguimiento de algunos textos escritos específicamente para tal fin, como los de San Josemaría Escrivá de Balaguer o el Beato Papa Juan XXIII, entre otros. También puede simplemente parar un momento, después de enunciar el misterio correspondiente y hablar con el Señor al respecto.

En todos los casos, y así no vayas a emplear ninguno de los métodos que luego te sugerimos, NO DEJES DE INICIAR EL REZO DEL ROSARIO CON UNA INVOCACIÓN PREVIA AL ESPÍRITU SANTO, PARA QUE DIOS TE PERMITA SACAR TODOS LOS FRUTOS DE ESTE REZO y para que las tentaciones y distracciones se alejen.

 

6. Métodos para rezarlo

Como decíamos párrafos atrás, son varias las opciones que nos propone la Iglesia para hacer que esta oración dé entre nosotros abundantes frutos espirituales. A continuación enumeramos algunas de ellas:

1 El Rosario Meditado
El Santo Rosario incluye un comentario para meditar cada misterio. En este modo de rezar el Rosario, al anunciar cada Misterio, se lee la meditación; durante el tiempo que se quiera se reflexiona en lo leído, y entonces se prosigue con el Padre Nuestro y los Avemarías. Se concluye con las oraciones finales y la letanía.
El Papa Juan XXIII realizó unas Meditaciones, que nos conducen muy bien a hacer una oración más profunda y una reflexión más seria durante el Rosario, con la confianza de que los comentarios del “Papa Bueno” nos llevan de la mano.

2 El Rosario Bíblico
El Rosario Bíblico es una colección de pasajes de la Biblia que acompaña a cada uno de los misterios. En este modo de rezar el Rosario, al anunciar cada Misterio, se lee el pasaje de la Biblia alusivo, y entonces se prosigue con el Padre Nuestro y los Avemarías. Se concluye con las oraciones finales y la letanía.

3 El Rosario Agregado
Además de una breve meditación para cada misterio, se agregan algunas frases alusivas en cada Avemaría. El Rosario Agregado, como su nombre lo indica, es una adición de meditaciones y frases intercaladas dentro de cada Avemaría por misterio. Estas frases agregadas van marcadas en “negritas” para distinguirlas del resto de la oración. En este modo de rezar el Rosario, al anunciar cada Misterio, se lee el breve comentario, y luego cada Avemaría de la decena irá acompañada por las frases alusivas a la meditación. Se concluye con las oraciones finales y la letanía.

4 El Rosario Bíblico Meditado
En este método, además de leer el texto Bíblico, cada misterio es acompañado de una breve reflexión, que nos ayuda a interiorizar mejor el rezo del Santo Rosario.
El Rosario Bíblico también es una colección de pasajes de la Biblia que acompaña a cada uno de los misterios, pero en este caso, se incluye un comentario para meditar aún más profundamente el pasaje de la Escritura que se leyó.
En este modo de rezar el Rosario, al anunciar cada Misterio, se lee el pasaje de la Biblia alusivo, así como la meditación; durante el tiempo que se quiera se reflexiona sobre lo leído, y entonces se prosigue con el Padre Nuestro y las Avemarías. Se concluye con las oraciones finales y la letanía.

 

7. Citas Bíblicas

Ya hacia el final de esta extensa nota, y dado que no nos fue posible incluir las meditaciones que nos hubiera gustado compartir contigo, queremos al menos dejarte las citas bíblicas, para que la próxima vez que reces el Rosario (Ojalá fuese hoy, y a partir de hoy todos los días), puedas ilustrar cada misterio con la lectura del pasaje correspondiente de las Sagradas Escrituras.

Misterios Gozosos (lunes y sábados) (*)

Primer Misterio: La Anunciación del Arcángel San Gabriel a la Santísima Virgen, de que había hallado la gracia de Dios y, si lo aceptaba, sería la madre del Redentor. Jesús se encarna en María: (Lc 1,26-31.38)

Segundo Misterio: La visita de María a su prima, Santa Isabel: (Lc 1,39-40.42.45)

Tercer Misterio: El nacimiento del Hijo de Dios, en un humilde pesebre de Belén: (Lc 2,1-7)

Cuarto Misterio: La presentación del niño Jesús en el Templo y la purificación de María, de acuerdo con la Ley de Israel: (Lc 2,22-23.25.34)

Quinto Misterio: El niño Jesús se pierde y es hallado en el Templo, conversando con los sacerdotes y escribas sobre las cosas de Dios (Lc 2,41-51)

Misterios Dolorosos (martes y viernes)

Primer Misterio: La oración de Jesús en el Huerto de los Olivos, pidiendo al Padre la fortaleza necesaria para afrontar las torturas y la cruel muerte de que sería objeto: (Mc 14,32-38)

Segundo Misterio: La flagelación de Jesús, atado a una columna: (Mc 15,15)

Tercer Misterio: La coronación de espinas del Hijo de Dios, humillado por sus captores: (Mc 15,16-19)

Cuarto Misterio: Jesús camina hacia el Calvario, con una muchedumbre que se burla de él, cargando la Cruz a cuestas: (Mc 15,21-22)

Quinto Misterio: La crucifixión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo (Jn 19,18.25-30)

Misterios Gloriosos (miércoles y domingos)

Primer Misterio: La resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, en el tercer día de su muerte: (Mt 28,1-6)

Segundo Misterio: La ascención de Jesucristo a los Cielos, de retorno junto al Padre después de haber cumplido su misión entre los hombres: (Mc 16,19-20)

Tercer Misterio: La venida del Espíritu Santo sobre el cenáculo de apóstoles y la Virgen María, que oraba junto a ellos, manteniéndolos unidos: (Hch 2,1-4)

Cuarto Misterio: La asunción de María, en cuerpo y alma a los cielos: (Cantar 6,10)

Quinto Misterio: La coronación de María Santísima, como reina de los cielos y de la tierra (Ap 12,1)

 

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