Canonizan a Josemaría Escrivá de Balagner
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Se puede recordar al ya Santo Josemaría de muchas maneras: como fundador del Opus Dei, como el sacerdote a quien tanto admiraba el Papa Pablo VI, como el incansable seguidor de Cristo, como el reflexivo escritor de bases espirituales y morales para este tiempo, entre otras virtudes. Sin embargo, no sólo debemos recordar a este santo, sino que debemos imitar sus acciones, llenas de inspiración divina.
Josemaría Escrivá de Balaguer nació en la comunidad de Barbastro, España, en 1902 y murió en 1975. Durante casi toda su vida, trabajó incansablemente para llevar a cabo la obra que Dios le encomendó: convencer al mundo de que la santidad no es exclusiva para los sacerdotes o religiosos, sino que cualquier ser humano está llamado a ser santo, como bien lo expone el Catecismo de la Iglesia Católica:
“Todos los fieles, de cualquier estado o régimen de vida, son llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad”. Todos estamos llamados a la santidad: “Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto” (Mt 5,48). (Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica 2013)
San Josemaría no solamente proclamó que la santidad era accesible para cualquier persona que se propusiera ser santo, sino que procuró establecer por medio del Opus Dei (“Obra de Dios”, movimiento apostólico fundado por este santo) los medios de formación necesarios para ayudar a las personas a lograr la santidad.
Para el Padre Escrivá de Balaguer, todos deberíamos luchar por vivir las virtudes cristianas integrándolas a nuestra espiritualidad, ya que siempre consideró al alma como una “unidad”, en la cual cada virtud influía en las demás y de este modo, practicando cada virtud, se podría alcanzar la anhelada santidad.
1. La Obra de Dios (“Opus Dei”)
Para Josemaría, la Obra de Dios
consistía principalmente en que cada hombre se hiciese y se sintiese
una “obra” de Dios, un instrumento suyo.
San Josemaría consideró siempre como modelos espirituales
a grandes almas como las de Santa Teresa de Jesús, el Santo Cura
de Ars, Santa Catalina de Siena y Santo Tomás Moro, y siempre trató
de transmitir a los fieles todo lo que aprendió de estos grandes
maestros de la santidad, cuyas vidas y virtudes conocía muy bien.
De este modo, nunca pensó que tuviera que crear una teología propia para el Opus Dei, pues estaba convencido de que la riqueza teológica y doctrinal del Magisterio, la Tradición de la Iglesia Católica, así como el ejemplo de las vidas de todos los santos de la historia, brindaban una sólida base para acercarse a Dios. El problema que él veía, sin embargo, era que dichas enseñanzas no se conocían.
Por ese motivo, siempre se preocupó por dar a cada persona los medios de formación que le permitieran conocer y amar cada vez más a la Iglesia, entender sus enseñanzas y seguirlas fielmente. Este apego a la Iglesia le hizo vivir muchos años de su vida en Roma, pues siempre quiso que el Opus Dei tuviera un gran sentido de Iglesia.
En el 2002 se cumplen cien años del nacimiento de San Josemaría, y el 2 de octubre se celebraron los 74 años de la creación del “Opus Dei”, Obra de Dios que sigue llevando a los cristianos las enseñanzas de la Iglesia, junto al pensamiento y la profunda espiritualidad de este sacerdote que siempre luchó por hacer la voluntad del Padre.
Hoy en día, el Opus Dei, como Prelatura Personal de la Iglesia Católica, realiza una labor apostólica en los cinco continentes, y cada uno de sus miembros debe seguir llevando el mensaje del Evangelio, según la estrategia diseñada por este hombre del Señor, a través de lo que él llamaba “El apostolado de la amistad y la confidencia”: Cada hombre debe presentar un recto testimonio de vida, y ser digno de verdadera confianza entre sus amigos, sus compañeros de trabajo, sus empleados y todas las personas con las que tiene oportunidad de relacionarse
2. La canonización de Escrivá de Balaguer
El día de esta gran fiesta para la Iglesia Católica, Juan Pablo II llegó a la Plaza de San Pedro en un auto descubierto, a diferencia de otras ocasiones en las que se traslada en el “Papa Móvil”, con cristales blindados.
En este vehículo lo acompañaba Monseñor Javier Echevarría, Prelado del Opus Dei. La asistencia a esta ceremonia fue monumental por lo que fueron necesarias nueve pantallas gigantes, para que más de 300 mil peregrinos presenciaran la canonización del santo español.
Cuando a las diez y veinticinco de la mañana, Juan Pablo II leyó la fórmula de canonización, la plaza de San Pedro estalló en un aplauso fortísimo y prolongado. En esta ceremonia participaron los cardenales concelebrantes y 470 obispos, entre los que se contaban 53 españoles, 55 italianos, el arzobispo de Moscú, varios arzobispos maronitas e incluso dos obispos de Cuba.
Durante la celebración, el Papa definió la importancia del mensaje del recién elevado a los altares universales de la Iglesia Católica: “[El mensaje de San Josemaría] abre un horizonte extraordinariamente rico porque, también en el contexto aparentemente monótono del normal acontecer terreno, Dios se acerca a nosotros y nos permite cooperar a su plan de salvación”.
Concluida la canonización, el Santo Padre invitó a los miembros del Opus Dei y a todos los fieles católicos a seguir las huellas del nuevo santo, “difundiendo en la sociedad, sin distinción de raza, clase, cultura o edad, la conciencia de que todos estamos llamados a la santidad. Esforzaos por ser santos vosotros mismos en primer lugar, cultivando un estilo evangélico de humildad y de servicio, de abandono en la Providencia y de escucha constante de la voz del Espíritu”
El carácter internacional de la Obra de Dios, “Opus Dei” quedó claramente manifiesto con la presencia de fieles llegados de 84 países, así como la participación de 42 sacerdotes, entre cardenales, obispos y presbíteros, que también provenientes de distintas latitudes, concelebraron la solemne misa junto al Papa.
Entre ellos se encontraban Antonio María Rouco Varela, cardenal de Madrid, la ciudad donde fue fundado el Opus Dei en 1928; Juan José Omella, obispo de Barbastro, donde nació Josemaría Escrivá en 1902, y Fernando Sebastián Aguilar, arzobispo de Pamplona, una de las varias ciudades europeas que han nombrado “hijo predilecto” al actual santo.
Santificación del Trabajo
San Josemaría siempre predicó la importancia del trabajo honesto,
hecho con la mayor perfección posible y cuidando los pequeños
detalles, como el medio por excelencia del cristiano común y corriente
para alcanzar la santidad.
Para San Josemaría no importaba si se araba un camino, se jugaba
al fútbol de modo profesional o se llevaba una misión diplomática.
En todas estas actividades veía una oportunidad para contemplar a
Dios constantemente, haciendo todo por amor a Él.
Síntesis del proceso para la Canonización
Desde la muerte de Monseñor Escrivá de Balaguer, acaecida
el 26 de junio de 1975, la Postulación de la Causa recibe un gran
número de testimonios en los que personas de diversos países
recogen los recuerdos del trato que tuvieron con Josemaría Escrivá.
También comienzan a llegar miles de narraciones de favores atribuidos
a su intercesión, que ponen de manifiesto la extensión de
la devoción privada a Josemaría Escrivá.
El 17 de mayo de 1992, en Roma, Juan Pablo II beatifica a Josemaría
Escrivá de Balaguer; y el 26 de febrero de este año, el Papa
preside un Consistorio Ordinario Público de Cardenales para aprobar
las canonizaciones de varios beatos. Entre ellas figura la de Josemaría
Escrivá, que queda fijada para el 6 de octubre de 2002.
3. El espíritu de San Josemaría Escrivá de Balaguer
“Algo había en su mirada que atraía
a los jóvenes, tanto cuando él tenía treinta años
como al final de su vida. Algo había en su consejo que encendía
en deseos de amar a Cristo y de servir a Dios. Algo había en su corazón
que llevaba a quien se encontraba a su lado -ya fuera marquesa, catedrático,
campesino o ama de casa- a quererle de verdad.
Al tratarle, todos advertían los detalles de su cariño, porque
cuando se ama, ¡qué difícil es disimularlo!” (La
mirada del Fundador del Opus Dei. Jesús Martínez García.
Tomado de www.encuentra.com)
Efectivamente, como manifiesta el autor de esa reseña, todos los
que conocieron personalmente a San Josemaría, coinciden en que, con
su sola presencia, desbordaba amor y santidad. Este santo solía decir
que era necesario amar profundamente a cada ser humano porque cada hombre
había valido la sangre de Cristo. Y lo importante es que no solamente
lo decía, sino que llevaba a la práctica sus palabras y amaba
intensamente a cada persona que conocía.
El mismo Cardenal Joseph Ratzinger, prefecto de la Congregación para
la Doctrina de la Fe, había manifestado durante la Eucaristía
del 19 de Mayo de 1992, fecha de la beatificación del fundador del
Opus Dei, que “Josemaría Escrivá fue un heraldo de Cristo:
el único camino digno del hombre. Su predicación era una invitación
ardiente, dirigida a todos los cristianos, para que abriesen de par en par
las puertas de su propia alma al Señor; para que supiesen comprender
y aceptar el sentido vocacional de su existencia cristiana; para que colaborasen
en la misión evangelizadora de la Iglesia”
Pero quién mejor que el Padre Ernesto Juliá, Sacerdote y Doctor
en Teología, quien fuera colaborador y amigo cercano de San Josemaría
durante muchos años, para definir la espiritualidad extraordinaria
del Padre Escrivá de Balaguer.
El Padre Juliá, en un artículo publicado en la edición
especial que el sitio de Internet www.encuentra.com dedicó a este
santo, destacó tres aspectos importantes que San Josemaría
Escrivá siempre tuvo presentes dentro de sus enseñanzas, para
hacer accesible la santidad a cualquier laico comprometido. Aquí
las reproducimos por la riqueza que encierran:
1. La Cercanía de Dios:
Josemaría Escrivá entiende que esta cercanía es la
primera y más inmediata consecuencia de la Encarnación. Es
una cercanía que se realiza en Cristo, en hacernos conocer nuestro
nuevo modo de ser “hijos de Dios en Cristo” [...]
2. El sentido vocacional de la existencia humana:
Al recordar el sentido vocacional de la existencia humana, al afirmar que
el nacimiento de todo hombre corresponde a una llamada de Dios, personal,
única e irrepetible, Josemaría Escrivá pone al hombre
ante la grandeza de ser criatura de Dios; ante la grandeza de ser cristiano,
hijo de Dios; y manifiesta al cristiano la alegría y la grandeza
de ser santo: de vivir por Cristo, en Cristo, con Cristo. [...]
3. Colaborar en la misión evangelizadora
de la Iglesia:
La novedad es Cristo viviendo en cada cristiano, ese Cristo tantas veces
dormido en todo hombre de “buena voluntad” que el Opus Dei tiene
la misión divina de despertar. Y lo despierta, recordando que todo
cristiano ha de ser un apóstol, un evangelizador, no un predicador,
ni un recordador de doctrinas, sino alguien que haga “de su vida diaria
un testimonio de fe, de esperanza y de caridad; testimonio sencillo, normal,
sin necesidad de manifestaciones aparatosas, poniendo de relieve -con la
coherencia de su vida- la constante presencia de la Iglesia en el mundo,
ya que todos los católicos son ellos mismos Iglesia, pues son miembros
con pleno derecho del único Pueblo de Dios”
(Este último texto fue tomado por el Padre Juliá de una de
las obras cumbre de Monseñor Escrivá de Balaguer, “Es
Cristo que pasa” n. 53)
Pidamos por la intercesión de este gran Santo que el Señor
nos conceda la luz y la fuerza necesarias para comprender y cumplir Su Voluntad,
para vivir y morir santamente, como lo hizo y nos enseñó a
hacerlo San Josemaría Escrivá de Balaguer. Viviendo en la
Gracia de Dios, todos podemos ser santos