El Via Crucis
Por: Ricardo Rivas
El “Via Crucis”, también llamado Camino de la Cruz, Estaciones de la Cruz, o Vía Dolorosa, es una devoción que comenzó a propagarse en la Europa del siglo XV; aunque se sabe que ya desde los primeros siglos del cristianismo, varios de los lugares de la auténtica “Vía Dolorosa” de Jesús, en Jerusalén, fueron reverentemente señalados, y que allí concurrían numerosos peregrinos para recorrer el camino de Jesús meditando en su Pasión y buscando obtener gracias especiales.
El Via Crucis, tal como lo conocemos
ahora, representa un camino de oración, que nos ayuda a meditar sobre
la Pasión de Jesús. Consiste en recorrer un itinerario de
imágenes (bien pueden ser pinturas o esculturas), sobre las distintas
etapas que vivió nuestro Señor Jesucristo, desde el momento
en que fue sentenciado a muerte, hasta su sepultura.
Estos sucesos o etapas son llamadas “estaciones”, porque en
ellas “nos detenemos” a meditar sobre los acontecimientos más
significativos que sufrió Jesús durante las últimas
horas de su sacrificio.
El Vía Crucis pretende reavivar, en la mente y el corazón de quienes lo realizan, los momentos supremos de la entrega de Cristo por nuestra Redención, propiciando, a través de la contemplación, actitudes íntimas y solidarias con Él; de profunda tristeza, cierto, pero también de confianza, de gratitud y de identificación con nuestro Salvador.
La devoción de las Estaciones se generalizó en nuestra Iglesia hacia fines del siglo XVII, promovida especialmente por los sacerdotes franciscanos, que eran los custodios de la fe cristiana en la Tierra Santa.
Varios santos, entre ellos San Alfonso María de Ligorio, Obispo y Doctor de la Iglesia (1696-1787), han escrito meditaciones para cada una de las catorce estaciones; pero también cada fiel puede elaborar oraciones propias y agregarlas en cada uno de los misterios o estaciones.
Es propósito de Jesucristo Vivo, el invitarte a que nos unamos a Nuestro Señor, haciendo una “peregrinación espiritual a Jerusalén”, a los momentos más destacados de la Pasión y muerte redentora de Jesús, si fuera posible todos los días de esta Cuaresma, pero si no, al menos los viernes.
Por ese motivo, te acercamos en este número una adaptación del Vía Crucis de San Alfonso María Ligorio, que hemos adecuado para su rezo comunitario o individual por parte de los fieles laicos en Latinoamérica.
1. Las Indulgencias del Via Crucis
La primera referencia que se tiene sobre la cuaresma se remonta al año 332, aproximadamente, en uno de los escritos de Eusebio de Cesárea, donde es mencionada como una práctica cristiana. Un contemporáneo suyo, Atanasio de Alejandría, también se refiere a la cuaresma, en otro escrito del año 334.
Ambos documentos expresan coincidentemente la conmemoración de la peregrinación del pueblo de Israel por el desierto durante cuarenta años (Dt 8, 2-4; 29, 4-5), los cuarenta días y noches de Moisés en el Monte Sinaí, cuando recibiría las Tablas de la Ley (Ex 34, 27-28; 24, 18), y también el paso de Elías por el desierto, antes de llegar al Monte Horeb (1 Re 19,8).
Como vemos, no es casual el número de días establecido para esta experiencia. En efecto, desde el Antiguo Testamento, el número cuatro, algunas veces seguido de ceros, ha sido siempre relacionado con la idea del universo material de nuestra vida en la tierra, cargada de esfuerzos y mortificación para purificar el alma.
Junto a los ejemplos referidos de Moisés, el Éxodo de los judíos por el desierto y Elías, están los 400 años de esclavitud que pasó el pueblo hebreo en Egipto, los 40 días que duró el diluvio, y por supuesto, en la vida de Jesús vemos que también pasó por cuarenta días y cuarenta noches de ayuno en el desierto, preparándose para iniciar su vida pública. (Mt 4, 1-11; Lc 4, 1-13)
De hecho, este
es el punto referencial básico de la Cuaresma cristiana...
Existe también una relación numérica entre las seis
semanas que dura la cuaresma y los seis días de la Creación,
período en el cual, el Señor completa su obra.
2. Inicio de la Oración:
Arrodíllate frente al Altar, haz
un Acto de Contrición, y presenta al Señor tu intención
de ganar las indulgencias que puedes obtener con el rezo de esta oración,
ya sea para ti, para el alma de algún ser querido o para las santas
almas del Purgatorio.
Después dile al Señor, pensando muy bien en cada una de las
palabras que pronuncias, lo siguiente:
Señor mío, Jesucristo, anduviste con tan grande amor este
camino para morir por mí, y yo te he ofendido tantas veces apartándome
de Ti por el pecado; mas ahora te amo con todo mi corazón, y porque
te amo, me arrepiento sinceramente de todas las ofensas que te he hecho.
Perdóname, Señor, y permíteme que te acompañe
en este viaje. Vas a morir por mi amor, pues yo también quiero vivir
y morir por el tuyo, amado Redentor mío. Sí, Jesús
mío, quiero vivir siempre y morir unido a Ti.
ESQUEMA DEL REZO DE CADA ESTACIÓN:
1º Meditación
2º Oración propia de la estación
3º Primera Oración Común
4º Padrenuestro Ave María y Gloria
5º Segunda Oración Común
Luego se pasa a la siguiente estación, y así sucesivamente.
3. PRIMERA ESTACIÓN. Jesús es sentenciado amuerte
Sacerdote: Te adoramos, Cristo y te bendecimos.
Grupo: Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Meditación: Considera cómo Jesús, después de haber sido azotado y coronado de espinas, fue injustamente sentenciado por Pilato a morir crucificado.
Pausa para meditar en el misterio correspondiente a la Estación
Oración Propia de la 1ª estación: Adorado Jesús mío: fueron mis pecados, más que Pilato, los que te sentenciaron a muerte. Por los méritos de este doloroso paso, te suplico me asistas en el camino que va recorriendo mi alma para la eternidad.
Primera Oración Común:
“Quiero amarte, ¡oh Jesús mío!, más que a mí mismo, y me arrepiento de todo corazón de haberte ofendido. No permitas que vuelva a separarme de Ti otra vez; haz que te ame siempre y dispón de mí como mejor te agrade. Amén.”
Padrenuestro, Avemaría y Gloria
Segunda Oración Común:
Amado Jesús mío, por mí vas a la muerte,
Quiero seguir tu suerte, muriendo por tu amor,
Perdón y gracia imploro, postrado de dolor.
4. SEGUNDA ESTACIÓN
Jesús es cargado con la Cruz
El ayuno, obligatorio el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo, y la abstinencia durante los seis viernes de la cuaresma, nos ayudan a que todo nuestro ser, el cuerpo, la mente y el alma, participe en la reparación de nuestros pecados, para lograr un cambio que obre en nuestro propio bien, y en bien de toda la Iglesia.
El Concilio Vaticano II esclarece que no es tanto la penitencia corporal del individuo la que importa, sino la verdadera conversión del corazón. No vale tanto “sufrir” por unos días si el resto del año mantendremos el egoísmo, la ambición, la ausencia total de fraternidad que habitualmente alberga nuestro corazón.
Si hubiésemos sido creados como los ángeles, directamente para vivir en el cielo sin tener que pasar por las amarguras de la tierra, sin vivir las tentaciones por las cuales el ser humano atraviesa, estaríamos siempre en el mismo lugar en donde fuimos “colocados”. Ni más ni menos. Para siempre...
Sin embargo, pensemos en la increíble oportunidad de la cual todos nosotros gozamos: la posibilidad de, viviendo una vida pura y santificada, acercarnos más a Dios, si al morir somos llamados a su presencia, para vivir junto a Él por toda la eternidad.
¡Bendito Dios! que nos puso aquí, así como somos, con las mismas penas que tenemos en la “cuaresma” que es esta vida, para poder ganarnos un lugar más cercano a Él en la vida eterna.
Si tan solo supiéramos aprovechar este desierto y tuviéramos siempre presente que no somos más que cenizas… Si todos pudiéramos tomar conciencia de eso, probablemente el mundo cambiaría radicalmente en favor de los desfavorecidos de siempre...
¿Cómo expresarlo de forma que no suene a enseñanza monótona y abstracta? ¿Cómo hacer, en la visión plana de vida-sufrimiento, para descubrir la tercera dimensión que es la salvación del hombre a través del Evangelio? ¡Si hasta parecemos miopes por decisión propia, irrevocable e inrrevisable!
5. TERCERA ESTACIÓN
Jesús cae por primera vez debajo de la Cruz
Meditación: Considera esta primera caída de Jesús debajo de la Cruz. Sus carnes estaban despedazadas por los azotes; su cabeza coronada de espinas, y había ya derramado mucha sangre, por lo cual estaba tan débil, que apenas podía caminar. Llevaba al mismo tiempo aquel enorme peso sobre sus hombros y los soldados le empujaban; de modo que muchas veces desfalleció y cayó en este camino.
Pausa para meditar en el misterio correspondiente a la Estación
Oración Propia de la 3ª estación: Amado Jesús mío: más que el peso de la Cruz, son mis pecados los que te hacen sufrir tantas penas. Por los méritos de esta primera caída, líbrame de incurrir en pecado mortal.
Primera Oración Común
Padrenuestro, Avemaría y Gloria
Segunda Oración Común
6. CUARTA ESTACIÓN
Jesús encuentra a su afligida Madre
Meditación: Considera el encuentro del Hijo con su Madre en este camino. Se miraron mutuamente, Jesús y María, y sus miradas fueron como flechas que traspasaron sus amantes Corazones.
Pausa para meditar en el misterio correspondiente a la Estación
Oración Propia de la 4ª estación: Amantísimo Jesús mío: por la pena que experimentaste en este encuentro, concédeme la gracia de ser verdadero devoto de tu Santísima Madre. Y Tú, mi afligida Reina, que fuiste abrumada de dolor, alcánzame con tu intercesión una continua y amorosa memoria de la Pasión de Tu Hijo.
Primera Oración Común
Padrenuestro, Avemaría y Gloria
Segunda Oración Común
7. QUINTA ESTACIÓN
Simón ayuda a Jesús a llevar la Cruz
Meditación: Considera cómo los judíos, al ver que Jesús iba desfalleciendo cada vez más, temieron que se les muriese en el camino y, como deseaban verlo en la muerte infame de la Cruz, obligaron a Simón, el Cirineo, a que le ayudase a llevar aquel pesado madero.
Pausa para meditar en el misterio correspondiente a la Estación
Oración Propia de la 5ª estación: Dulcísimo Jesús mío: no quiero rehusar la Cruz, sino cargarla, como lo hizo el Cirineo. La acepto y la abrazo; acepto en particular la muerte que tengas destinada para mí, con todas las penas que la hayan de acompañar. La uno a la tuya, y te la ofrezco. Tú has querido morir por mi amor, yo quiero morir por el tuyo y por darte gusto; ayúdame con tu gracia.
Primera Oración Común
Padrenuestro, Avemaría y Gloria
Segunda Oración Común
8. SEXTA ESTACIÓN
La Verónica limpia el rostro de Jesús
Meditación: Considera cómo la devota mujer Verónica, al ver a Jesús tan fatigado y con el rostro bañado en sudor y sangre, le ofreció un lienzo, y limpiándose con él nuestro Señor, quedó impreso en éste su santa imagen.
Pausa para meditar en el misterio correspondiente a la Estación
Oración Propia de la 6ª estación: Amado Jesús mío: en otro tiempo vuestro rostro era hermosísimo; mas en este doloroso viaje, las heridas y la sangre han cambiado en fealdad su hermosura. ¡Ah, Señor mío!, también mi alma quedó hermosa ante vuestros ojos cuando recibí la gracia del bautismo, mas yo la he desfigurado después con mis pecados. Sólo Tu, ¡oh Redentor mío!, puedes restituirle su belleza pasada; hazlo por los méritos de tu Pasión.
Primera Oración Común
Padrenuestro, Avemaría y Gloria
Segunda Oración Común
9. SÉPTIMA ESTACION
Jesús cae por segunda vez con la Cruz
Meditación: Considera la segunda caída de Jesús debajo de la Cruz, en la cual se le renueva el dolor de las heridas de su cabeza y de todo su cuerpo, al afligido Señor.
Pausa para meditar en el misterio correspondiente a la Estación
Oración Propia de la 7ª estación: Oh pacientísimo Jesús mío: Tantas veces me has perdonado, y yo he vuelto a caer y a ofenderte. Ayúdame, por los méritos de esta nueva caída, a perseverar en tu gracia hasta la muerte. Haz que en todas las tentaciones que me asalten, siempre y prontamente me encomiende a Ti.
Primera Oración Común
Padrenuestro, Avemaría y Gloria
Segunda Oración Común
10. OCTAVA ESTACIÓN
Las mujeres de Jerusalén lloran por Jesús
Meditación: Considera cómo algunas piadosas mujeres, viendo a Jesús en tan lastimoso estado, que iba derramando sangre por el camino, lloraban de compasión; pero Jesús les dijo: “No lloren por mí, sino por ustedes mismas y por sus hijos”.
Pausa para meditar en el misterio correspondiente a la Estación
Oración Propia de la 8ª estación: Afligido Jesús mío: lloro las ofensas que te he hecho, por los castigos que me han merecido, pero mucho más por el disgusto que te he dado a Ti, que tan ardientemente me has amado. No es tanto el Infierno, como tu amor, el que me hace llorar mis pecados.
Primera Oración Común
Padrenuestro, Avemaría y Gloria
Segunda Oración Común
11. NOVENA ESTACIÓN
Jesús cae por tercera vez con la Cruz
Meditación: Considera la tercera caída de Jesucristo. Extremada era su debilidad y excesiva la crueldad de los verdugos, que querían hacerle apresurar el paso, cuando apenas le quedaba aliento para moverse.
Pausa para meditar en el misterio correspondiente a la Estación
Oración Propia de la 9ª estación: Atormentado Jesús mío: por los méritos de la debilidad que quisiste padecer en vuestro camino al Calvario, dame la fortaleza necesaria para vencer los respetos humanos y todos mis desordenados y perversos apetitos, que me han hecho despreciar tu amistad.
Primera Oración Común
Padrenuestro, Avemaría y Gloria
Segunda Oración Común
12. DÉCIMA ESTACIÓN
Jesús es despojado de sus vestiduras
Meditación: Considera cómo al ser despojado Jesús de sus vestiduras por los verdugos, estando la túnica interior pegada a las carnes desolladas por los azotes, le arrancaron también con ella la piel de su sagrado cuerpo. Compadece a tu Señor y dile:
Pausa para meditar en el misterio correspondiente a la Estación
Oración Propia de la 10ª estación: Inocente Jesús mío: por los méritos del dolor que entonces sufriste, ayúdame a desnudarme de todos los afectos a las cosas terrenas, para que pueda yo poner todo mi amor en Ti, que tan digno eres de ser amado.
Primera Oración Común
Padrenuestro, Avemaría y Gloria
Segunda Oración Común
13. UNDÉCIMA ESTACIÓN
Jesús es clavado en la Cruz
Meditación: Considera cómo Jesús, tendido sobre la Cruz, alarga sus pies y manos y ofrece al Eterno Padre el sacrificio de su vida por nuestra salvación; lo clavan aquellos bárbaros verdugos y después levantan la Cruz en alto, dejándolo morir de dolor sobre aquel patíbulo infame.
Pausa para meditar en el misterio correspondiente a la Estación
Oración Propia de la 11ª estación: Oh despreciado Jesús mío: Clava mi corazón a tus pies para que quede siempre ahí, amándote y no te deje más.
Primera Oración Común
Padrenuestro, Avemaría y Gloria
Segunda Oración Común
14. DUODÉCIMA ESTACIÓN
Jesús muere en la Cruz
Meditación: Considera cómo Jesús, después de tres horas de agonía, consumido de dolores y exhausto de fuerzas, inclina la cabeza y expira en la Cruz.
Pausa para meditar en el misterio correspondiente a la Estación
Oración Propia de la 12ª estación: Oh difunto Jesús mío: beso enternecido esa Cruz en que por mí has muerto. Yo, por mis pecados, tenía merecida una mala muerte, pero la tuya es mi esperanza. Ea pues, Señor, por los méritos de tu santísima muerte, concédeme la gracia de morir abrazado a tus pies y consumido por tu amor. En tus manos encomiendo mi alma.
Primera Oración Común
Padrenuestro, Avemaría y Gloria
Segunda Oración Común
15. DÉCIMOTERCERA ESTACIÓN
Jesús es bajado de la Cruz
Meditación: Considera cómo, habiendo expirado ya el Señor, le bajaron de la Cruz dos de sus discípulos, José y Nicodemo, y lo depositaron en los brazos de su afligida Madre, María, que lo recibió con ternura y lo estrechó contra su pecho traspasado de dolor.
Pausa para meditar en el misterio correspondiente a la Estación
Oración Propia de la 13ª estación: Oh Madre afligida. Por el amor de este Hijo, admíteme como tu siervo y ruégale por mí. Y Tu, Redentor mío, ya que has querido morir por mí, recíbeme en el número de los que te aman más fielmente, pues yo no quiero amar nada fuera de Ti.
Primera Oración Común
Padrenuestro, Avemaría y Gloria
Segunda Oración Común
16. DÉCIMOCUARTA ESTACIÓN
Jesús es colocado en el sepulcro
Meditación: Considera cómo los discípulos llevaron a enterrar a Jesús, acompañándole también su Santísima Madre, que lo depositó en el sepulcro con sus propias manos. Después cerraron la puerta del sepulcro y se retiraron.
Pausa para meditar en el misterio correspondiente a la Estación
Oración Propia de la 14ª estación: Oh Jesús mío sepultado: beso esa loza que te encierra. Tu resucitaste después de tres días; por tu resurrección te pido y suplico que me hagas resucitar glorioso en el día del juicio final para estar eternamente Contigo en la Gloria, amándote y bendiciéndote.
Primera Oración Común
Padrenuestro, Avemaría y Gloria
Segunda Oración Común
Después, volviendo al Altar Mayor, Se reza una oración final, que permite obtener todas las indulgencias propias de esta práctica piadosa que es el Via Crucis:
ORACIÓN FINAL, A JESÚS CRUCIFICADO
Mírame aquí, ¡oh mi amado y dulcísimo Jesús!, que postrado en tu santísima presencia, te ruego con el más ardiente fervor, que imprimas en mi corazón sentimientos de fe, esperanza y caridad, de dolor de mis pecados, y de propósito de nunca más ofenderte. Entretanto que yo, lleno de amor y compasión, voy considerando tus cinco llagas, comenzando con aquellas palabras que de Ti dijo, ¡oh, Dios mío!, el santo profeta David: “Taladraron mis manos y mis pies y se pueden contar todos mis huesos”.Se rezan cinco Padrenuestros, cinco Avemarías
y cinco Gloria Patris, por las cinco llagas de Jesucristo.(Las de la cabeza,
las de la espalda, las de las manos, la del costado y las de los pies) Después
otro Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria más, pidiendo al
Señor que atienda las intenciones del Santo Padre, para poder ganar
todas las otras indulgencias concedidas a esta devoción.
La indulgencia será plenaria si se reza esta oración delante
de un Crucifijo, después de haber comulgado.