El Papa se reśne con los Movimientos Eclesiales
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El sábado 3 de junio pasado, en la Plaza San Pedro, se llevó a cabo el encuentro de los nuevos movimientos eclesiales con Su Santidad Benedicto XIV, a lo largo de una jornada que se caracterizó por una nutrida participación de los laicos –a través de los dirigentes y fundadores de los principales movimientos y comunidades allí presentes- quienes dirigieron el rezo del Santo Rosario, comentaron los Salmos y el Cántico del Apocalipsis de las Vísperas, y dirigieron mensajes al Santo Padre.
El encuentro comenzó a las 15:45 (hora de Roma) con el saludo del Obispo Josef Clemens, Secretario del Consejo Pontificio para los Laicos.
Con la presentación de un emotivo video, se recordó el primer encuentro de este tipo, que se realizó en mayo de 1998 con su santidad Juan Pablo II, también durante la fiesta de Pentecostés.
En aquella ocasión, Juan Pablo II manifestaba: “Siempre, cuando interviene, el Espíritu produce estupor. Suscita eventos cuya novedad asombra; cambia radicalmente a las personas y la historia. (...)
Citando la Constitución Dogmática Lumen Gentium, agregaba: «El mismo Espíritu Santo no sólo santifica y dirige al pueblo de Dios mediante los sacramentos y los ministerios, y lo llena de virtudes. También reparte gracias especiales entre los fieles de cualquier estado o condición, y distribuye sus dones a cada uno según quiere. (1 Co 12, 11). Con esos dones hace que estén preparados y dispuestos a asumir diversas tareas o ministerios que contribuyen a renovar y construir más y más la Iglesia» (L.G. 12).
Para luego puntualizar: “Algunos carismas suscitados por el Espíritu irrumpen como viento impetuoso que aferra y arrastra a las personas hacia nuevos caminos de compromiso misionero al servicio radical del Evangelio, proclamando sin cesar las verdades de la fe, acogiendo como don la corriente viva de la tradición y suscitando en cada uno el ardiente deseo de la santidad.” (Juan Pablo II. Roma, 30.5.1998).
Cerca de 400 mil miembros de los nuevos movimientos y comunidades eclesiales acudieron a la cita. Aunque la mayoría provenía de Italia, unas 30 mil personas llegaron de países vecinos de Europa, 5 mil de Latinoamérica, 450 de África, 300 de Asia y más de 100 de Oceanía.
En esta ocasión, llegaron hasta la plaza de San Pedro representantes de algo más de cien nuevos movimientos (dos veces más que en el primer encuentro, que tuvo el mismo escenario hace ocho años).
Fue como un cenáculo al aire libre, en el cual, reunidos en torno al sucesor de Pedro, los movimientos invocaron una renovada efusión del Espíritu sobre la Iglesia, “para que llene los corazones de los fieles y se anuncie a todos el mensaje de amor de Cristo, Salvador del mundo”.
En su homilía, dedicada a explicar la obra del Espíritu Santo, el Santo Padre expresó: “Si vemos esta asamblea, aquí, en la plaza de san Pedro, nos damos cuenta de que Él suscita siempre nuevos dones, vemos cómo son diversos los órganos que crea, y como actúa siempre de nuevo corporalmente”.
“Pero en Él la multiplicidad y la unidad van juntas –aclaró—. Él sopla donde quiere. Lo hace de manera inesperada, en lugares inesperados, y de formas que antes no se habían imaginado”.
“La multiformidad y la unidad son inseparables”, explicó. “El Espíritu Santo quiere vuestra multiformidad, y os quiere para el único cuerpo, en la unión con los órdenes duraderos de la Iglesia, con los sucesores de los apóstoles, y con el sucesor de san Pedro”.
“¡Participad en la edificación del único cuerpo!”, exhortó a los movimientos. “Los pastores os prestarán atención para no apagar al Espíritu, y vosotros no dejaréis de llevar vuestros dones a toda la comunidad”.
Procurando alentar un nuevo impulso misionero en el seno los movimientos laicales, recordó: “Quien ha encontrado lo que es verdadero, bello y bueno en su propia vida –¡el único tesoro, la perla preciosa!—, corre para compartirlo por doquier, en la familia, en el trabajo, en todos los ambientes de su propia existencia”. Tras lo cual les pidió “ser aún más, mucho más colaboradores en el ministerio apostólico universal del Papa, abriendo las puertas a Cristo”.
“Este es el mejor servicio de la Iglesia a los hombres, y de manera totalmente particular a los pobres, para que la vida de la persona, un orden más justo en la sociedad, y la convivencia pacífica entre las naciones, encuentren en Cristo la ‘piedra angular’ sobre la cual construir la auténtica civilización, la civilización del amor”.
Tras la homilía del Papa, se dio paso a la ceremonia litúrgica del sacramento de la Confirmación, caracterizada por el rito del fuego, por la invocación del Espíritu Santo y por la profesión de fe.
Al finalizar el encuentro, Luís Fernando Figari, fundador del Movimiento de Vida Cristiana, y Patti Gallagher Mansfield, de la Renovación Carismática Católica, agradecieron al Papa a nombre de los movimientos allí presentes.