Multitudinario y exitoso encuentro ecuménico en Argentina:
«Que sean uno para que el mundo crea»
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De ZENIT.org y JCV).- Unos 7 mil cristianos, entre católicos y evangélicos, se reunieron el pasado lunes 19 de junio para orar por la unidad de las iglesias. La cita tuvo lugar en el estadio Luna Park, de la ciudad de Buenos Aires.
Se trataba del III Encuentro Fraterno de la “Comunión Renovada de Evangélicos y Católicos en el Espíritu Santo” (CRECES), al que apoyó decididamente el Primado de la Argentina, Cardenal Jorge Mario Bergoglio, quien dando un auténtico testimonio de humildad, no solamente se pasó la tarde compartiendo las graderías del estadio con el público, sino que después de su exposición recibió de rodillas la bendición -con imposición de manos- por parte de los oradores y organizadores del encuentro.
Unas veinte personas, entre sacerdotes, pastores, predicadores laicos y músicos, compartieron el escenario par invitar a la gente a orar y a cantar a Jesús.
Destacaron entre ellos el Cardenal Bergoglio, el pastor Giovanni Traettino, obispo de la Iglesia Evangélica de la Reconciliación en Italia, el padre Raniero Cantalamessa, OFM, predicador de la Casa Pontificia desde 1980, el laico italiano Mateo Calisi, presidente de la Fraternidad Católica de Asociaciones y Comunidades Carismáticas de Alianza, de Derecho Pontificio, y el cantante mexicano Marcos Witt, cuyas canciones fueron coreadas por toda la concurrencia.
Según la noticia difundida por Zenit, el encuentro comenzó cerca de las 9 de la mañana, y toda la jornada fue una verdadera demostración de unidad: “En la multitud no había divisiones entre católicos y evangélicos. Todos se sentaron juntos y compartieron como hermanos las alabanzas y las predicaciones.”
Es digno de destacar que se hayan juntado 7 mil personas en aquel estadio, especialmente si se tiene en cuenta que se trataba de un día lunes.
En el inicio del evento, el pastor Norberto Saracco, rector de la Facultad Internacional de Educación Teológica de Uruguay, presentó el CRECES, vinculando la historia de las diferencias entre los cristianos a lo largo de los siglos, con el inicio del accionar de este movimiento ecuménico, a partir de la visita que recibió en Italia del laico Matteo Calisi, en 2003. Un año más tarde, tendría lugar el primer encuentro de CRECES en Buenos Aires.
“Aunque nos cueste creerlo –señaló refiriéndose a Dios- Él sigue teniendo los hilos de la historia. Y aunque nos cueste aceptarlo, sigue siendo la cabeza de la Iglesia”.
A continuación fue presentado el pastor Miguel Ángel Petrecca, uno de los pioneros del diálogo entre católicos y evangélicos, quien dirigió una oración ante los 7 mil asistentes. Lo propio hicieron luego Matteo Calisi, Giovanni Traettino y el padre Cantalamessa.
Después de la presentación de algunos oradores, llegó el turno del padre Raniero Cantalamessa, quien fue aclamado por todo el auditorio, que siguió atentamente su primera exposición por más de 45 minutos.
Al referirse a la unidad, explicó que “la unidad que buscamos ya existe, porque fue conquistada por Cristo y se hace operante en la iglesia por el Espíritu Santo. Pero todavía queda mucho por hacer.” Luego manifestó que el Espíritu Santo conduce a los creyentes a la unidad y a la verdad a través de dos caminos: uno es la unidad carismática y pentecostal y el otro es la unidad jerárquica e institucional. “El Espíritu precede -aseveró-, la institución no puede más que seguirlo”.
Destacó que, por sí sola, la vía del ecumenismo oficial y teológico no alcanzaría nunca la unidad de los cristianos, agregando que “es necesario sostener el ecumenismo doctrinal con el espiritual. Y, como ambos proceden del mismo Espíritu, no puede haber conflicto.”
El padre Cantalamessa se refirió al fenómeno pentecostal, evangélico y carismático, como “un signo de los tiempos”, porque es el único movimiento eclesial verdaderamente interconfesional. “Fue suscitado al mismo tiempo, por el mismo espíritu, en distintas iglesias”, destacó.
La presentación del religioso capuchino concluyó con una emotiva oración, que obtuvo una respuesta muy efusiva por parte de toda la asamblea, que lo despidió con aplausos y ovaciones.
El siguiente orador fue el pastor italiano Giovanni Traettino, quien en lo más destacado de su participación aludió a la Santísima Trinidad, expresando: “La unidad no es una opción porque Dios es unidad”. Luego advirtió que “habrá mucha resistencia, pero Dios vencerá. Esto que ocurrió hoy es una sorpresa para mí, pero no para Dios porque ya lo había planeado hace mucho tiempo” aseguró.
“Abrazo, llaga y viento” fueron los conceptos centrales de la breve alocución del Cardenal argentino, quien entre ovaciones y cariñosos aplausos, dijo: “Que el Padre nos tape la boca con el abrazo y nos una más y más”. Más adelante sostuvo: “Si soy pecador, veo la llaga con la que Cristo nos ha salvado”, para agregar: “apropiémonos de la llaga de Cristo”. Con respecto al viento alegó que “nos amasa en la unidad, nos arremolina como iglesias reconciliadas en la diversidad”.
Conferencia de prensa
De la conferencia de prensa participaron Matteo Calisi, el pastor Giovanni Traettino, el padre Raniero Cantalamessa y el pastor y músico mexicano Marcos Witt. Ambos pastores coincidieron en que ese encuentro no sólo trascendería las puertas del Luna Park, sino que también iba a resonar en toda América Latina.
Por su parte, el padre Raniero aclaró que había viajado a la Argentina para el retiro en el que predicó para los obispos de ese país, y al encuentro con todo el presbiterio en Córdoba. “Yo pensaba que el encuentro de CRECES iba a ser un detalle secundario de mi viaje, sin embargo creo va a ser lo principal”, puntualizó.
Sin unidad no habrá testimonio creíble
Desde estas páginas hemos hablado, quizás con demasiada insistencia, acerca de la súplica de Jesús al Padre, que leemos en Juan 17,20-23, y que para nosotros debiera ser un mandato urgente y conminatorio.
Jesús le dijo a nuestro Padre: “No ruego sólo por éstos (es decir, por sus discípulos allí presentes), sino también por todos aquellos que creerán en mí por su palabra (es decir, por todos y cada uno de nosotros, los cristianos). Que todos sean uno, como tú, Padre, estás en mí y yo en ti.
Que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. Yo les he dado la Gloria que tú me diste, para que sean uno como nosotros somos uno: yo en ellos y tú en mí. Así alcanzarán la perfección en la unidad, y el mundo conocerá que tú me has enviado y que yo los he amado a ellos como tú me amas a mí.”
Note el lector cómo, conociéndonos, de cabezas y corazones duros, Jesús insiste en el concepto “que sean uno”; es decir, no sólo “que se toleren o que se quieran, nada más”:
¡QUE SEAN UNO!
También repite la idea de que, mientras no sea así, el mundo no creerá en Él...
Desde esa fundamental y grave perspectiva, evidentemente, la unidad de las Iglesias Cristianas, así como la unidad entre los apostolados, entre las parroquias, entre las personas, es un mandato divino que no admite demoras ni dilación.
En la página anterior hemos presentado una breve crónica sobre el Encuentro Ecuménico de CRECES, que tuvo lugar en la Argentina.
Damos gracias al Señor nuestro Dios al ver los claros signos de retorno hacia la unidad de la Iglesia única fundada por Jesús, que como se extrae de ese breve segmento de la oración realizada por un Cristo ya sufriente, constituyen pasos de progreso hacia la perfección.
Al finalizar el evento de Buenos Aires, el pastor Carlos Mraida leyó la Declaración del Tercer Encuentro de Evangélicos y Católicos, de la cual reproducimos un extracto a continuación, con la convicción de que bien vale la pena cederle este espacio (generalmente destinado a analizar y manifestar nuestros puntos de vista sobre determinados temas) a un documento que, aunque no sea de manufactura propia, también refleja nuestro sentir y pensar.
DECLARACION CONJUNTA - TESTIMONIO Y COMPROMISO (III Encuentro Fraterno de CRECES)
“Miles de católicos y evangélicos nos hemos reunido en el estadio Luna Park de Buenos Aires, para celebrar la presencia viva de nuestro Dios, para declarar nuestra fe común y para renovar nuestro compromiso de acción y oración por nuestra amada Argentina.
Vinimos a celebrar el amor de Dios Padre, que nos hizo sus hijos, recreando nuestras vidas y dándoles sentido y propósito. Declaramos que nuestra patria necesita a Dios como ‘Pater’, de manera tal que su amor y la dirección de su palabra restauren los fundamentos de nuestra nación. Por eso nos comprometemos a misionar juntos para que los valores del Reino de Dios sean las bases de nuestro país.
Vinimos a celebrar la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que nos hizo nuevas criaturas. Y al pensar que el vocablo nación viene del verbo nacer, no podemos dejar de declarar que nuestra nación necesita del nuevo nacimiento que Jesús propone. Por esta razón es que nos comprometemos a continuar trabajando juntos para que las tinieblas y la muerte retrocedan en nuestra sociedad.
Vinimos a celebrar la presencia en nuestras vidas del Espíritu Santo que nos ayuda, consuela y fortalece. Después de tantas décadas de dolor, injusticia y devastación, declaramos que los argentinos necesitamos de su asistencia para construir el país que todos queremos, y que precisamos de su consuelo sanador para cicatrizar las heridas que hay en nosotros (...)
Vinimos a celebrar que hay una sola iglesia, formada por todos aquellos que confiesan que JESÚS es el SEÑOR y han sido bautizados. Al hacerlo, no podemos menos que declarar con dolor y arrepentimiento que nuestras divisiones han impedido mostrar adecuadamente al mundo el propósito de Dios de conformar una humanidad diversa pero unida. Y (...) al tiempo que pedimos perdón, humildemente ofrecemos este encuentro de unidad como signo y semilla profética de lo que Dios quiere hacer, no sólo en su única iglesia sino en la Nación. Por eso nos comprometemos a hacer todo lo que esté de nuestra parte para que sea realidad la oración de Jesús:
«Padre, que sean uno para que el mundo crea».
(...) Declaramos que Dios nos proveyó generosamente de recursos naturales y humanos. Lamentablemente, nuestros pecados personales y colectivos no han permitido que vivamos de acuerdo a estas posibilidades y al deseo divino. Nos comprometemos a orar y a trabajar juntos con todos los que se esfuerzan para que en nuestra sociedad se encarnen los valores de amor, justicia, equidad y verdad del Evangelio.
Vinimos a celebrar la gloria de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. Declaramos que su gloria está presente y llenará toda la tierra. Nos comprometemos a servir para que esa gloria se manifieste más abundantemente en nuestra nación. A Él sea la gloria por siempre y para siempre. Amén.
Buenos Aires, 19 de junio de 2006.”