Juntos podemos hacer Iglesia

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Hace algunas semanas, el Director General de nuestro Apostolado (ANE) recibió una conmovedora carta, que por la relevancia de su contenido remitió de inmediato a la Redacción de Jesucristo Vivo, para que sea difundida a través de nuestros programas radiales, de nuestra página de Internet y de esta tu revista.

La reproducimos a continuación pidiéndote, a la vez que, si te es posible, la divulgues. Estamos seguros de que, con la bendición de Dios, juntos podremos colaborar con esta importante causa, a la que verdaderamente consideramos de interés de la Iglesia en su conjunto.

Jesús reine siempre en nuestras almas:

Escribo esta carta después de haber orado mucho, para exponerles nuestra situación. Soy la M. Olga María, Priora de esta Comunidad, formada por doce Monjas: cuatro mayores (entre 76 y 83 años), tres de mediana edad (58, 53 y 40 años) y dos más jóvenes (37 y 36 años) y tres novicias: una peruana y dos mexicanas (una de las novicias está enferma con un cáncer de pulmón). La que esto escribe, la Priora, es la de los 36 años.

Como pueden adivinar, el motivo de la presente carta es rogarles que nos ayuden a contactar con muchachas que tengan inquietudes vocacionales y Deseen ser Carmelitas Descalzas. Aquí rogamos intensamente al Señor y a su Madre Santísima que muevan los corazones de muchas jóvenes y vengan aquí para ser Carmelitas Descalzas en la tierra de nuestra Madre Santa Teresa y así ayudarnos para que no haya que cerrar este Carmelo ni muchos otros de España.

Llevamos existiendo como comunidad 403 años, desde 1603. Fundaron esta Comunidad las primeras compañeras de nuestra Santa Madre Teresa. Actualmente estamos en la ciudad y diócesis de Valladolid, el corazón de Castilla la Vieja, la tierra de Santa Teresa y de San Juan de la Cruz, y la tierra bendita donde el Sagrado Corazón de Jesús se apareció al Venerable P. Hoyos, S.J. y le formuló la Gran Promesa: “REINARE EN ESPAÑA CON MAYOR VENERACION QUE EN OTRAS PARTES”.

Al referirse a España, dicen los estudiosos que se refería no sólo a la Península Ibérica, sino a todos los territorios de Latinoamérica y Filipinas, que entonces (en el año 1733) formaban parte de la Corona Española.

Estamos aquí, en este palomarcito, amando y reparando a Jesús en su Corazón, tan solo, herido y despreciado en estos tiempos recios en que nos ha tocado vivir. Este Carmelo ha recibido la vocación específica de consolar su Corazón. El Sagrado Corazón de Jesús espera de esta comunidad mucho consuelo y reparación. Este monasterio, como el Carmelo del Cerro de los Ángeles, ha de ser una casita en que Él descanse y tenga sus delicias.

Nos hemos sentido llamadas a ser, para el Corazón de nuestro Jesús, “el bálsamo que le cure las heridas que le hacen los pecadores”. Tal y como le dijo a Santa Maravillas de Jesús, cuando le pidió la fundación del Cerro de los Ángeles.

Y ahora... Si no acude nadie a formar parte de nuestra Comunidad... ¿tendremos que abandonarle? Por caridad: ayúdennos a que la Gran Promesa del Sagrado Corazón de Jesús se haga realidad y Él reine. Que no tengamos que dispersarnos después de una historia de amor y oblación de cuatrocientos años...

También el Sagrado Corazón prometió a Santa Maravillas que España se salvará por la oración... Y está tan estragada esta tierra por falta de almas orantes que se inmolen y deseen ser esa Lamparita viva que alumbre su Corazón Divino... De esa Lamparita -nuestra Comunidad- hoy sólo quedan brasas y necesitamos de la generosa ayuda de ustedes para poder avivar la llama y lograr incendiar el mundo entero en el Amor de nuestro Señor Jesucristo.

¡Que venga su Reino! ¡Que triunfe su Divino Corazón!

Perdóneme si sermoneo demasiado, pero es tan hondo y ardiente ese deseo de que Él reine... Y tan pobre y pequeño este rebañito... Que no puedo más, y el alma se me escapa en clamores y ruegos.

Si nos escribieran diciéndonos que vienen algunas... La alegría será inmensísima. Si Desean llamarnos nuestro teléfono es  (0034) 983-20-72-78. Si llaman y les saluda el contestador automático dejen grabado su mensaje

Nuestra dirección de e-mail es:
 carmelitas@cdvalladolid.e.telefonica.net

Adjuntamos un tríptico informativo. Sería muy bueno imprimirlo y difundirlo. Se lo agradeceríamos mucho. (*)
En unión de oraciones:
 
Olga María del Redentor, i.c.d.

(*) N.E. El texto del tríptico es el de la página que sigue.

¿Por qué y para qué estamos aquí?
“Los institutos dedicados por entero a la contemplación,
por mucho que urja la necesidad del apostolado activo,
siguen siempre ocupando un lugar preclaro en el Cuerpo Místico de Cristo, en el que todos los miembros no tienen la misma función (Rom. 12, 4).

Pues ellos ofrecen a Dios un eximio sacrificio de alabanza, ilustran al pueblo de Dios con frutos ubérrimos de santidad, lo arrastran con su ejemplo y lo dilatan con una misteriosa fecundidad apostólica.

De esta forma son gala de la Iglesia y manantial de gracias celestiales.”
(Perfectae Caritatis nº7)

¿Quiénes somos?
Somos una Comunidad de monjas Carmelitas Descalzas,
una Comunidad de mujeres consagradas a “Dios sumamente amado” en el seno de la Iglesia Católica, dedicadas fundamentalmente a la oración, a la escucha y meditación de la Palabra de Dios, a la adoración y glorificación de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo

“Guardamos la Regla de Nuestra Señora del Carmen, y cumplida ésta sin relajación”  (Sta. Teresa, Vida XXXVI, 26)

Formamos parte de aquel grupo numeroso de hombres y mujeres que profesan los consejos evangélicos y de quienes el Concilio Vaticano II dice en la Constitución Dogmática Lumen Gentium:

“Ni piense nadie que los religiosos, por su consagración, se hacen extraños a la humanidad o inútiles para la ciudad terrena.

Porque aunque en algunos casos no ayuden directamente a sus contemporáneos, los tienen, sin embargo, presentes, de un modo más profundo en las entrañas de Cristo…”

Siempre que hemos de dar testimonio de nuestra vida oculta en el claustro nos quedamos con la impresión -después de mucho hablar, de que no acaba una de decir lo que siente y vive... Es en verdad muy difícil comunicar a un mundo tan acelerado y tecnificado como el de hoy, el sentido y la hondura de esta vida...

La VIDA CONTEMPLATIVA es una llamada al AMOR por el AMOR en Sí mismo.

Dice Santa Teresa de Lisieux: “En el Corazón de mi Madre, la Iglesia, yo seré el AMOR”. Exactamente eso somos las contemplativas: formamos el Corazón de la Iglesia, y desde él impulsamos todas las demás vocaciones que el Espíritu Santo suscita en el Cuerpo Místico.

¡Es precioso! Nosotras no sabemos, porque no se ve, dónde o en quién recae el fruto de nuestra oración, pero sabemos que nada de cuanto vivimos, sufrimos, gozamos y ofrecemos se pierde. Dios lo recoge todo y va dando a cada uno lo que necesita; dicho de otro modo: en el Corazón de Dios se van almacenando nuestras vidas hechas oración, y allí se transforman en Gracia que ÉL va derramando según convenga.

Existe otra faceta de la Vida Contemplativa más desconocida -si cabe- que la anterior de oración-intercesión, que es la de la ADORACION, la del holocausto. Parece que suena dramático dicho así, sin más explicaciones, pero es quizás la sublimación más alta a la que se puede llevar el Amor, la Filiación divina, la Alabanza....   ¡¡¡Adorar...!!!  Y eso... ¿en qué consiste?  Consiste -sobre todo- en cantar, alabar, proclamar su Gloria... ¡¡Adorar...!! ¡Cuántas resonancias y ecos inefables suscita esa palabra en un alma verdaderamente enamorada del Dios-Amor...!

Siempre el supremo y más alto acto de adoración ha sido el holocausto. En los tiempos del Antiguo Testamento había dos modos de ofrecer dones a Dios: sacrificios y holocaustos. En el sacrificio se inmolaba una víctima, una res generalmente; se le ofrecía a Dios, pero su carne la aprovechaban después los sacerdotes. En los holocaustos, sin embargo, una vez ofrecida la res, se quemaba por completo y no se podía aprovechar nada del animal.

Esta “inutilidad” es la expresión más alta de adoración, porque da a entender  que Dios es tan grande que merece que se le dediquen los mejores regalos sin otra utilidad que la de dárselo, que la de brindarle lo que ya es suyo. Este es el significado de las contemplativas: no hacemos catequesis, no servimos a la sociedad, no predicamos la Palabra... Es una vida inútil, inservible; justamente por eso, nuestra vida contemplativa consagrada a Dios en el silencio, en el anonimato, en la ausencia de motivaciones y recompensas o frutos materiales, y alimentada única y sustancialmente de la fe y la esperanza en el Amor de Dios, es un acto continuo de adoración, pues patentiza la Supremacía de Dios, la total validez de su Amor como Valor Absoluto que planifica, realiza y da sentido a una vida humana que se le entrega por completo.

La presencia de la Vida Contemplativa en la Iglesia constituyendo el Corazón del Cuerpo Místico quiere dejar claro ante todos los hombres que Dios es tan grande, tan inmenso, que vale la pena entregarle la vida que ÉL nos regaló primero para que se consuma, sin ningún otro provecho, en su honor, en total abandono y desprendimiento, por pura adoración, por puro amor al Amor, sin buscar más motivos: es DIOS y eso basta.

 

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