Los Padres de la Iglesia
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Muchas veces los laicos oímos hablar de los “Padres de la Iglesia” y no sabemos quiénes son, qué hicieron, por qué se los llama de ese modo, etcétera. Se nos plantean una serie de incertidumbres al respecto que, por lo general, quedan allí, irresueltas; ya sea porque nos da cierta vergüenza (o pena) el preguntar, o porque no encontramos la persona o el momento adecuados para hacerlo, o porque alcanzamos a formarnos una idea de las posibles respuestas y con ello nos basta, o finalmente porque las dudas no nos llegan a inquietar lo suficiente como para tratar de despejarlas en una oportunidad más propicia.
Es por ese motivo, unido principalmente al deseo que Jesucristo Vivo tiene de difundir entre sus lectores los fundamentos de nuestra fe, que hoy llegamos hasta ti con este breve artículo, esperando, como siempre, que te sea agradable y sobre todo provechoso.
Por razones de espacio, no pretenderemos darte una visión acabada sobre esta temática, que por lo demás es bastante compleja. Sin embargo, nos estimula el deseo de brindarte una introducción en la materia, para que, si es de tu interés, puedas investigar la abundante bibliografía que existe al respecto.
Sin más preámbulos entramos en el tema: Se conoce como “Padres de la Iglesia”, o como “Primeros Padres”, a los más ilustres, célebres y acreditados pastores, filósofos y teólogos de los primeros siglos del cristianismo, que sentaron las bases doctrinales de la Iglesia Católica.
Muchos de ellos fueron también obispos, de manera que debían alternar sus reflexiones, estudios e inspiraciones con su labor apostólica y pastoral. Sus enseñanzas, consideradas en sentido colectivo, es decir, como un conjunto, son valoradas por la Iglesia como el fundamento esencial e indispensable de la doctrina ortodoxa cristiana.
A tal punto tiene relevancia el pensamiento y el legado de estos hombres a la Iglesia, que existe una disciplina o rama, dentro de la Teología, que se denomina “Patrística” o “Patrología”, que en su sentido más amplio, consiste, como su nombre lo sugiere, en el estudio de la doctrina, el pensamiento, la biografía y los contextos históricos dentro de los cuales se manifestó el pensamiento de los Padres de la Iglesia.
Algunas escuelas teológicas establecen una diferenciación entre “Patrística” y “Patrología”, refiriendo que la “Patrística” es el estudio de los Padres centrado en la doctrina que transmitieron, mientras que la “Patrología” se centra en el análisis de su vida personal, pero no vamos a entrar en esos detalles ahora, puesto que ni nuestros lectores, ni nosotros mismos, necesitamos ahondar en reflexiones epistemológicas o metodológicas de tan alto vuelo.
Lo cierto es que la Iglesia ha considerado siempre que, dada la cercanía de los “Primeros Padres” a los Apóstoles, nadie mejor que ellos podría habernos presentado la correcta manera de interpretar las Sagradas Escrituras, que como bien sabemos constituyen la base de nuestra fe.
En los hechos prácticos, esa cercanía se traduce como una reducción importante del riesgo, que siempre existe, de que los mensajes se distorsionen cuando se transmiten de boca a oído, que fue el modo en que se difundió la Buena Nueva de Jesucristo en los primeros años, hasta la redacción definitiva de los Evangelios.
Para corroborar lo acertado de este criterio, recordemos el juego infantil del “teléfono descompuesto” y acordémonos de qué manera se distorsionaban los mensajes originales en cuanto llegaban a la última persona de la cadena... Era gracioso ¿verdad? Ciertamente, no se podría correr el mismo riesgo con el Mensaje de nuestra Salvación. De hecho, el Espíritu Santo no lo habría permitido.
El asunto es que, en el caso de los “Primeros Padres” la Iglesia ha constatado la línea a través de la cual recibieron sus enseñanzas, y ha establecido cuatro criterios para definir a quién se puede considerar como “Padre de la Iglesia” y a quién no, Estos principios son: su antigüedad, su ortodoxia, su santidad y, finalmente, su aprobación por parte de la Iglesia.
Este último aspecto, que entre los cuatro parece ser el más difícil de entender (y para algunos de aceptar) está referido a la importancia del consenso y la comunión, bajo la cual ha actuado y ha procurado conscientemente actuar la Iglesia desde siempre.
Como veremos en el próximo número de esta revista (cuando tratemos la segunda parte del artículo referido al Canon de las Sagradas Escrituras), uno de los criterios principales a la hora de definir un asunto tan importante, como era el determinar qué libros debían formar parte de la Sagrada Biblia y cuáles no, fue precisamente su uso y aceptación por parte de la mayoría de las Iglesias.
De hecho, no todos los escritos de los Padres de la Iglesia son ortodoxos, sino sólo aquellos en los que hay común acuerdo entre ellos. Así, por ejemplo, Orígenes y Tertuliano cayeron en serios errores en determinado momento, pero eso no nos permite negar el valor de sus obras anteriores.
El título de “Padres” ya era comúnmente utilizado en el siglo IV. Así, por ejemplo San Basilio Magno (329-379) escribía: “Lo que nosotros enseñamos no es el resultado de nuestras reflexiones personales, sino lo que hemos aprendido de los Padres”. Por su parte, el Papa Gelasio (que fue Sumo Pontífice entre los años 492 y 496) hizo una lista de autores aprobados que contiene las “obras de los santos Padres aceptadas por la Iglesia”.
Asimismo, durante los dos primeros siglos del cristianismo, era común referirse a los “Padres Apostólicos”, es decir a los Padres que fueron discípulos de los Apóstoles y fueron directamente instruidos por ellos, como por ejemplo San Policarpo, maestro de muchos de ellos.
La Iglesia ha establecido una clasificación muy elemental para distinguir a los “Primeros Padres”, con base en su lugar de procedencia. Así, hablamos de los “Padres griegos”, que son en general los procedentes del Este y “Padres latinos”, que son los de origen occidental.
Generalmente se considera que el último de los Padres latinos es San Isidoro de Sevilla, que vivió entre los años 560 y 636, y el último de los Padres griegos es San Juan Damasceno, quien vivió desde el año 675 hasta el 749.
A continuación reproducimos la lista de los Padres latinos y los Padres Griegos, con el fin de que sepas quienes fueron, y, si es de tu interés, puedas investigar sus biografías, algunas de las cuales presentaremos en los próximos números de Jesucristo Vivo. En muchos casos se desconocen los años de sus nacimientos, e incluso en otros también los de sus muertes, de manera que tenemos simplemente una aproximación de acuerdo con la referencia de sus escritos.
PADRES LATINOS (Algunos de ellos conservan el nombre en latín)
San Ireneo, Obispo de Lyons (130 - 200)
Tertuliano, Apologista, fundador de la teología latina (160 - 223)
Orígenes (185 - 254)
Minucio Felix, Apologista (Siglo II o III)
San Cornelio, Papa (Muerto en el año 253)
San Cipriano, Obispo de Cartago (Muerto en el año 258)
Novatiano, el Sismático (200 - 262)
San Dionisio, Papa (Muerto en el año 268)
San Pamfilio, Sacerdote (240 - 309)
Lactancio Firmianus, Apologista (240 - 320)
Arnobius, Apologista (Muerto en el año 305)
San Hilario, Obispo de Poitiers (315 - 368)
San Dámaso I, Papa (Muerto en el año 384)
San Gregorio de Elvira (Muerto después del año 392)
San Fobadio, Obispo de Agen (Muerto en el año 395)
San Ambrosio, Obispo de Milán (340 - 397)
San Siricio, Papa (334 - 399)
Mario Victorinus, Romano (Siglo IV)
San Paciano, Obispo de Barcelona (Siglo IV)
San Optatus, Obispo de Mileve (Finales del siglo IV)
Rufino, Traductor al latín de la teología griega (345 - 410)
San Inocente I, Papa (Muerto en el año 417)
San Jerónimo, Sacerdote, exegeta, traductor de la Vulgata. (343 - 420)
San Agustín, Obispo de Hipona (354 - 430)
San Paulino, Obispo de Nola (353 - 431)
San Celestino I, Papa (Muerto en el año 432)
San Juan Casiano, Abad, escritor ascético (360 - 435)
Mario Mercator, (Principios del siglo V)
San Euquerio, Obispo y confesor de Lyons (Desaparecido en el año 449)
San Pedro Crisólogo, Arzobispo de Ravenna (400 - 450)
San Vicente de Urins, Sacerdote, monje (Muerto en el año 450)
San León Magno, Papa (390 - 461)
San Próspero de Aquitaine, Teólogo (390 - 463)
Salvian, Sacerdote (400 - 480)
San Enodio, Obispo de Pavia (473 - 521)
San Fulgencio, Obispo de Ruspe (468 - 533)
San Caesarius, Arzobispo de Arles (470 - 542)
San Benito, Padre del Monasticismo Occidental (480 - 546)
San Gregorio Magno (I), Papa (540 - 604)
San Isidoro, Arzobispo de Sevilla (560 - 636)
San Clemente I, Papa (Clemente Romano) (Pontificado: 88 - 97)
San Ignacio de Antioquía (35 - 107)
Atenágoras, Apologista (Siglo II)
Hermas, Autor de El Pastor (Siglo II)
San Clemente de Alejandría, Teólogo (150 - 215)
San Hipólito, Mártir (170 - 236)
San Dionisio el Grande, Arzobispo de Alejandría (190 - 264)
San Firmiliano, Obispo de Cesarea (Muerto en el año 268)
San Gregorio Taumaturgo, Obispo de Neocesarea (213 - 270)
San Arquelao, Obispo de Cascar (Muerto en el año 282)
Eusebios, Obispo de Cesarea (260 - 340)
San Julio I, Papa (Muerto en el año 352)
San Cesario de Nazianzus (330 - 369)
San Atanasio, Arzobispo de Alejandria (Aprox. 297 - 373)
San Basilio Magno, Arzobispo de Cesarea (329 - 379)
San Cirilo, Obispo de Jerusalén (315 - 386)
San Gregorio Nacianceno, Obispo de Sasima (329 - 390)
Diodoro, Obispo de Tarsus (Muerto en el año 392)
San Gregorio de Nyssa (330 - 395)
Didimus el ciego, Teólogo (313 - 398)
Afrates, Monje sirio (Siglo IV)
San Eustaquio, Obispo de Antioquía (Siglo IV)
San Epifanio, Obispo de Salamis (315 - 403)
San Juan Crisóstomo, Patriarca de Constantinopla (347 - 407)
San Cirilo, Patriarca de Alejandría (376 - 444)
San Isidoro de Pelusium, Abad (Aprox. 360 - 450)
Genadio I, Patriarca de Constantinopla (Muerto en el año 471)
Dionisio, el PseudoAreopagita, Teólogo místico (Finales del siglo V)
San Juan Climacus, Monje (579 - 649)
San Anastasio Sinaita, Apologista, monje (Muerto en el año 700)
San Germano, Patriarca de Constantinopla (634 - 733)
San Andrés de Creta, Arzobispo de Gortyna (660 - 740)
San Juan Damasceno, Defensor de las imágenes sagradas (675 - 749)