La Arquidiócesis de Miami forma a sus fieles:
Ser discípulos de Cristo, a la luz del Evangelio

“La misión fundamental de la Iglesia consiste en hacer discípulos de Cristo”
Mons. Felipe de Jesús Estévez (Miami, 12.06.07)

Entre el 11 y el 14 de junio pasado, el Instituto Pastoral del Sureste (SEPI, por sus siglas en inglés) ofreció en Miami, Florida, el curso denominado “El Discipulado y los Evangelios”, que fue dictado por el Obispo Auxiliar de Miami, Monseñor Felipe de Jesús Estévez.

El principal objetivo del curso era el de analizar, bajo la luz del Evangelio, qué significa ser discípulo de Cristo hoy; cuál es la misión que Dios nos encomienda como bautizados, y cómo podemos asumir ese compromiso para hacerlo más fructífero a través de su Iglesia.

En general, y cumpliendo con el objetivo propuesto inicialmente, la “columna vertebral” del curso fueron los cuatro Evangelios. De allí se extrajeron las principales líneas de reflexión y análisis, procurando definir el perfil del discípulo de Cristo; analizando algunos rasgos de la personalidad de sus Apóstoles, a partir de lo que nos dejan ver sobre ellos las Sagradas Escrituras, etcétera.

Sin embargo, uno de los rasgos más llamativos de ese curso fue su excepcional actualidad, puesto que Monseñor Estévez utilizó, como apoyo bibliográfico, textos muy recientes. Tal fue el caso de algunos de los documentos “apenas cocinados” en la V Asamblea de la CELAM (que se llevó a cabo durante el mes de mayo en Aparecida) y el libro escrito por el Santo Padre, Benedicto XVI, intitulado “Jesús de Nazaret”, que todavía no ha sido editado en español.

Si tuviéramos que extractar el aprendizaje fundamental del curso en una frase, a fin de que el lector de esta nota pudiera quedarse con un mensaje claro y sólido en relación con él (aunque corriendo el riesgo de restar importancia a los magníficos y variados contenidos transmitidos a lo largo del mismo) podríamos sintetizar su mensaje central diciendo que “la misión fundamental de la Iglesia consiste en hacer discípulos de Cristo”.

Monseñor Estévez lamentaba que esta misión hubiese sido descuidada por mucho tiempo, pero remarcó que la Iglesia va tomando consciencia cada vez mayor de su importancia.

Refiriéndose a este punto, en el segundo día del curso, el Obispo Auxiliar de Miami reflexionó sobre los últimos versículos del Cap. 28 del Evangelio según San Mateo, que justamente relatan la Ascensión de Nuestro Señor Jesucristo y su encomienda:

Poco antes de que Jesús partiera, los once discípulos se postraron ante Él, aunque según nos refiere Mateo, todavía algunos dudaban... “Esta duda –comentaba el Obispo Estévez- forma parte del crecimiento, porque donde hay duda es porque quiere saberse más, se quiere conocer más…” Luego Jesús se acercará a ellos, y tratando de fortalecerlos en la fe, les dirá que el Padre le ha dado toda la autoridad, y es con esa autoridad que los envía, precisamente, a hacer discípulos en todas las naciones y a enseñarles a cumplir con todo lo que Él les ha transmitido...

Monseñor Felipe aclaraba que el bautismo es mencionado principalmente porque es un signo visible, a través del cual las personas se identificarán como parte de una comunidad de fe. Luego vendrá la promesa de Cristo, de quedarse con nosotros (sus discípulos), hasta el final de la historia.

Resultó muy interesante e ilustrativo, para todos los asistentes, el profundizar en los rasgos que cada uno de los evangelistas acentúan en sus escritos, especialmente en relación con la misión misma del discipulado y con la forma en la que los discípulos directos y más cercanos a Jesús, sus Apóstoles, iban interpretando esa misión.

Breve síntesis de los cuatro días

El primer día del curso se analizaba el discipulado a la luz del Evangelio según San Marcos, y se observaba que su Evangelio, en general, es un texto “creador”, pues su autor siempre va a la esencia de las cosas. “Marcos es desafiante, no es fácil... Su Evangelio no es fácil de entender, hay que leer entre líneas, nos sacude...” —puntualizaba Mons. Estévez, para luego agregar: “En su Evangelio, los discípulos no lucen muy bien: huyen, son torpes, no entienden. En una palabra, Marcos nos dice: ‘No sean torpes como estos’.”

Ese día, participó del curso Monseñor Agustín Román, el Obispo Auxiliar Emérito de Miami, a quien Monseñor Felipe invitó a dar una breve plática.

Monseñor Román dijo que “A veces el discípulo tiene gente cerca y no la toca...” que es muy importante ver cerca de nosotros a quien no hemos tocado. Expresó que “Si nosotros despertamos, despertaremos al mundo, porque una persona dormida, jamás despierta a los demás. Dos cristianos dormidos no despiertan ni ellos ni a nadie y que si todos estuviéramos despiertos, el mundo sería distinto.”

Finalmente aconsejó a los alumnos “Pedirle al Espíritu Santo la gracia de ‘despertar’ al discipulado, porque Él es el discípulo que nos hace discípulos”.

Del Evangelio según San Mateo (que se analizó en el segundo día), Mons. Estévez destacaba que se había escrito especialmente para las comunidades cristianas que de a poco iban surgiendo en medio del pueblo hebreo, y que por eso se remite con tanta frecuencia al Antiguo Testamento.

De manera sucinta, el Obispo refirió las temáticas fundamentales de este Evangelio, a saber: Las Bienaventuranzas y la explicación (o “ajuste de cuentas”) que hace Jesús en relación con lo que habían enseñado los Profetas y, particularmente, con lo que mandaba la Ley de Moisés. Quedará muy claro –a través de una lectura atenta de los capítulos 5 al 7— para qué vino Jesús... Para qué había prometido Dios, desde el principio, que mandaría al Mesías.

Entre los Capítulos 9 y 11 nos hablará sobre la Misión; luego sus Parábolas, de enorme riqueza, destinadas a explicar en qué consiste el Plan de Dios (especialmente en el Cap. 13); el “Discurso Eclesial”, es decir, de orientación especial para los Pastores de la Iglesia (Cap. 17 y 18), y finalmente el discurso Escatológico, que está entre los Capítulos 23 y 25, y que nos explica cómo y con qué criterio seremos juzgados por Dios.

Resaltó que el concepto que caracteriza a Mateo es el de “justicia”, pues con frecuencia manifiesta gran interés de cumplir, de ser íntegro, ecuánime e inobjetable. De hecho, es el único de los cuatro evangelistas que habla de San José y dándole el honor que se merece, lo califica como “Hombre Justo”.

Luego agregó que Mateo y Lucas se complementan al Evangelio de Marcos, a causa de que habrían tenido la misma fuente; es decir, el llamado “Protoevangelio” o “Documento ‘Q’.”

El tercer día estuvo dedicado a San Lucas, cuyo Evangelio nos resalta la Misericordia y la Compasión del Padre. También remarca la importancia de la oración, del desapego de los bienes temporales y la opción preferencial por los más necesitados.

Monseñor Estévez destacaba que, en la visión de San Lucas, el discípulo se hace discípulo por la renuncia.  La vivencia de Dios es el rechazo, así como en Juan la vivencia será más la belleza (ver Cap 4 de Jn la Samaritana).

San Lucas enfatiza que, para ser discípulo, hay que despojarse –decía el Prelado, invitando a sus alumnos a revisar Lc 9,58—. “Cuando Jesús habla de que las aves tienen un nido y los zorros una madriguera o cueva, se refiere a los cómodos que no se mueven. Hace falta ser libre para seguir a Jesús, pues la nostalgia socava la esperanza”. –expresaba Mons. Estévez

El cuarto día fue para el Evangelio de San Juan, respecto del cual, el Obispo de Miami decía que “es la gran revelación del Padre, de un amor apasionado pero a la vez agápico: Revela al Padre, apasionado por nosotros, que no quiere perdernos. Asimismo, la Pasión de Jesús es la obra de amor del Hijo, que está perfecta y solemnemente ilustrada en el Lavado de los pies, que será símbolo del lavado del pecado (Cap. 13)”

El discípulo tiene una unión grande con el Maestro, si el Maestro lava los pies, el discípulo será discípulo si lava los pies de los demás…  Jesús es el Kyrios, el Maestro, el Señor… El discípulo es tal solamente imitando al Maestro. Este es un punto muy importante, no sólo en el Evangelio de Juan... Ser discípulo es ‘configurarse’ en Cristo; como Pablo dice, ‘revestirse’ de Él.”

En este Evangelio vemos la unión  y la intimidad de Jesús con el Padre (a través de la oración de la glorificación, por ejemplo), y La unión del Hijo con el Padre, del Hijo con sus discípulos y de ellos entre sí; unión que es fundamental para que el mundo crea en Cristo y se convierta a Él.

“Seguramente que nos va a costar el estar unidos –-decía Mons. Estévez—, pero es una necesidad el hacerlo, para cumplir el deseo de Jesús: No debemos estar mal con nadie… por eso se promueve con insistencia la unificación de las Iglesias Cristianas...”

En el Capítulo 18 se muestra una vez más el amor y lo que parece ser su mayor preocupación de Jesús: cuidar a sus discípulos. Cuando lo van a apresar, pide: “Dejen que ellos se vayan….” 

En un trabajo de reflexión, realizado por grupos, los participantes del Apostolado de la Nueva Evangelización (ANE) en el curso, concluyeron que Jesús evangeliza acercándose a la gente, tocándola, haciendo discípulos, que luego se harán misioneros y así continuarán la Obra que Él inició; que seguirán evangelizándose y evangelizando en el amor y en la unidad.

El discípulo se hace misionero conociendo a Dios, adorándole, procurando asemejarse en todo a Jesús, porque Él es su Señor; dejando que la sed que le llevó a buscar al Cristo, y que se ha saciado con la alegría de encontrarlo, se convierta al mismo tiempo en el gozo de anunciarlo.

Cuando los discípulos le piden a Jesús que coma, Él dice que Su alimento es otro… Se siente pagado, recompensado, porque ganó discípulos para la Vida Eterna, para el Reino de Dios.  Tiene la alegría del Segador, Su Padre, y cuando uno es misionero, no busca mayor recompensa que agradar a Dios... (Ref.: Jn 4,31-36)

Al finalizar el curso, Monseñor Felipe manifestó que “En el Evangelio, la Santísima Virgen aparece como la primera discípula, no sólo porque atesoraba en su corazón todo lo que vivía con Jesús (El corazón  de la Virgen era una Biblia, porque todo lo guardaba allí), pero además tenía absoluta fe en Él desde un principio: Lo vemos con las Bodas de Caná, en el Evangelio de Juan (Cap 2). María forma parte del grupo de los discípulos, que a la entrada están separados, pero al regresar ya están juntos (Jn 2,12).  Ella es pues la intercesora y la evangelizadora. Intercede por los esposos; nos evangeliza a todos con su fe, y además, provoca la unión.”

Se concluyó diciendo que “el mirar la crucifixión debe edificarnos: Jesús, María y Juan conforman un auténtico triángulo de amor”.

Por razones de espacio, dejamos mucho sin decir. El curso trataba sobre los siguientes puntos: El Discipulado, el testimonio y la Misión en los 4 Evangelios. El ser discípulo de Cristo hoy. Desafíos y riquezas eclesiales. Testigos elocuentes. La misión del cristiano hoy.


EL INSTITUTO PASTORAL DEL SURESTE o South East Pastoral Institute (SEPI) es la rama educativa de la Oficina Regional de Pastoral de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos.

Fue creado en 1978 para asistir a los Obispos de las regiones V y XIV (que reúne a los nueve estados del Sureste de los Estados Unidos) en su servicio pastoral a los hispanos católicos, que provenientes de toda la América Hispana, excedían los 4.5 millones en la región del Sureste en el 2005. Hoy se estima que son muchos más.

En la actualidad, el SEPI sirve a treinta diócesis a través de esos nueve estados. Nació en 1979, como respuesta a la necesidad de formación de los católicos hispanos de los Estados Unidos, y como realización de las recomendaciones emanadas del II ENCUENTRO NACIONAL HISPANO, realizado en Trinity College, en Dakota del Sur, del 18 al 21 de agosto de 1977.

Acreditado por la Universidad Católica de Barrity, el SEPI forma líderes para el servicio de la Iglesia y la sociedad, los cuales tienen posibilidad de recibir créditos por los cursos realizados allí, para programas de formación de Grado y Post-Grado.


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