La Sábana Santa de Turín:
Una prueba irrefutable de la resurrección
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“Intervino entonces un hombre bueno y justo llamado José, que era miembro del Consejo Supremo, pero que no había estado de acuerdo con los planes ni actos de los otros. Era de Arimatea, una ciudad de Judea, y esperaba el Reino de Dios.
Se presentó, pues, ante Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús. Después de bajarlo de la cruz, lo envolvió en una sábana y lo depositó en un sepulcro nuevo cavado en la roca, donde nadie había sido enterrado aún.” (Lc 23, 50-53).
La “Sábana Santa de Turín” es la tela con la que se cree que se envolvió el cuerpo de Cristo después de que fuera bajado de la Cruz. Esta creencia, cuyo origen es extraído de los relatos Evangélicos, parece estar lo suficientemente fundamentada, tanto por el registro histórico que se ha podido realizar sobre el recorrido del lienzo, como por el análisis de los sorprendentes vestigios que presenta.
La tela en cuestión es de lino, tejida en “Espina de pescado”, y tiene 4.41 metros de largo y 1.13 metros de ancho (es decir, 8 por 2 “cubits”, la antigua medida usada en Israel). Tiene aspecto amarillento, raído, sucio, manchado de sangre y quemado; envejecido por los siglos de existencia y por las no pocas inclemencias.
Actualmente se encuentra en la catedral de San Juan Bautista de Turín (Italia), desde 1578. Está conservada en un cofre especial que la protege de los rigores del ambiente, así como de los eventuales atentados que podría sufrir. Es exhibida al público durante ciertos eventos especiales, aproximadamente una vez para cada generación, aunque puede ser observada de manera permanente por medio de un grueso cristal.
La Sábana Santa muestra la figura doble de un hombre (imagen frontal y dorsal) que yace en su lecho de muerte. Ambas imágenes se contraponen y juntan en el área de la cabeza, como resultado de la manera en que se acostumbraba envolver con la mortaja a los cadáveres antiguamente: empezando desde los pies, pasando por detrás del cuerpo, cruzando por la cabeza y retornando por encima, nuevamente hasta los pies.
La imagen sobre la tela luce muy débil, y es reconocible solamente desde una distancia relativa de 2 a 3 metros. Como veremos en detalle más adelante, la huella del cuerpo muestra signos de que el hombre envuelto en la tela fue severamente castigado, y que seguramente murió a causa de las graves heridas inflingidas con la tortura.
Por el carácter misterioso de la reliquia, y sobre todo de la polémica imagen que lleva impresa, la Sábana Santa ha sido objeto de más de mil investigaciones científicas, realizadas por profesionales de muy diversas especialidades, y se le han tomado cerca de 32 mil fotografías.
Estas investigaciones han hecho que la Sábana Santa sea, sin lugar a dudas, la reliquia más estudiada de la historia.
Resulta paradójico, y digno de resaltar en esta introducción, que muchos de los argumentos que hoy nos permiten afirmar la autenticidad de la Sábana Santa, provienen de los enormes esfuerzos que se hicieron a través de la historia –y en particular durante los dos últimos siglos, desde el seno de las más diversas disciplinas— para “desmentir” que el lienzo de Turín fuese verdaderamente la mortaja con la que Cristo había sido sepultado al ser bajado de la Cruz.
La Sábana Santa contó desde sus orígenes con muchos y muy devotos admiradores, y todos cuantos la veían quedaban cautivados por su esplendor, pero aunque la historia recogía muchos indicios favorables sobre su autenticidad, nadie era capaz de asegurar que fuese la verdadera sábana que envolvió el cuerpo de Jesús.
En 1898 la imagen de la Sindone estaba ya muy difundida, aunque nunca había sido fotografiada. Ante la eventualidad de que se produjera su pérdida por cualquier motivo, ese año se autorizó al abogado turinés Secondo Pia, de 43 años, fotógrafo aficionado, que tomara los primeros retratos de la Sábana Santa. Así Pía pudo hacer las dos primeras fotos de la reliquia: una con 14 minutos de exposición, y la otra con 20 minutos, conforme a la incipiente tecnología de la época.
Esa noche, cuando vio la placa de la segunda exposición, se llevó la sorpresa de su vida: La imagen de su negativo apareció majestuosamente, como si fuera una imagen en positivo, mostrándole con extraordinaria claridad y detalle al “Hombre de la Sindone”, como si viera un retrato (en positivo) de su cadáver.
Así se dio cuenta de que la imagen representada en la tela es en realidad como un “auténtico negativo”. Un negativo fotográfico de tamaño natural, “estampado” sobre un antiquísimo y vulgar tejido de lino.
No se conocía, ni se conoce hasta ahora (en la historia de la iconografía anterior al siglo XX), ningún otro caso de una imagen que haya sido hecha, pintada o labrada “en negativo”.
Este evento marcó un momento crucial para todos aquellos que sentían curiosidad por conocer la verdadera relación entre la Sábana Santa y Jesucristo. Sería pues el paso inicial para incentivar todas las investigaciones que se han realizado en adelante, hasta nuestros días.
El recorrido Histórico de la Sábana Santa
La Sábana Santa ha sufrido un itinerario insólito, un verdadero periplo, cuyo recorrido conviene dar a conocer, pues en él se observan, y a través de él se explican, algunos de los aspectos más inexplicables y polémicos sobre la Sindone, como podremos ver más adelante.
Año 33
Año 525
Año 723
Año 943
Año 1192
La Cuarta Cruzada toma Constantinopla. Muchos de los tesoros de la ciudad son saqueados. Todo rastro del sudario de Odessa desaparece en la confusión.
Año 1205 -1307
Año 1355
Se exhibe la Sindone en la pequeña iglesia de Lirey, cerca de Troyes, fundada por un caballero del lugar, de nombre Geoffrey I de Charny, primer propietario europeo conocido de la Sindone. Geoffrey morirá en la batalla de Poitiers al año siguiente, dejando una viuda, un joven hijo, y la Sindone...
Año 1389 - 1398
Año 1453
Año 1502
Se inaugura un nuevo emplazamiento 'permanente' para la Sindone: la Sainte Chapelle, especialmente construida en Chambéry para albergarla.
Año 1506
El Papa Julio II establece el día 4 de mayo como festividad propia de la Sindone. Éste será el día del año en que se mostrará la Sindone ante el público.
Año 1532
Año 1534
Cuatro monjas clarisas llevan a cabo la reparación de la Sindone, cosiéndole una tela de Holanda por detrás, y poniendo remiendos a las quemaduras más vistosas.
Año 1578
Año 1898
La Sindone es fotografiada por un concejal local, aficionado a la fotografía, Secondo Pia. Se revela por primera vez la extraordinaria 'fotografía de Jesús' que puede apreciarse más claramente en los negativos fotográficos.
Año 1902
El profesor de anatomía Yves Delage, agnóstico, presenta una ponencia en la Academia Francesa de las Ciencias manifestando que la Sindone es médicamente convincente: que ha envuelto un auténtico cuerpo crucificado.
Año 1939 - 14946
Año 1973
Una comisión de expertos estudia en secreto la Sindone. El profesor belga Gilbert Raes, experto en tejidos, toma una muestra de una esquina de la Sindone.
Año 1978
Se lleva a cabo un intensivo examen científico de la Sindone en una habitación del Palacio Real especialmente preparada para ello. Veinticuatro científicos y especialistas americanos, llevan adelante el llamado “Proyecto de Investigación de la Mortaja de Turín” [STURP, por sus siglas en inglés].
Año 1979
El STURP anuncia sus hallazgos: la imagen de la Sindone no ha sido creada por un artista, una conclusión que será cuestionada por el Dr. Walter McCrone (más delante se explicará el porqué).
Año 1983
Después de la muerte de Humberto II de Saboya, se entrega la Sindone en propiedad al Papa Juan Pablo II y sus sucesores. De este modo, por primera vez desde el inicio de su historia, la Sindone es formalmente propiedad de la Iglesia Católica.
Año 1988
Año 1997
Año 2002
El primer “escándalo” cuando la Ciencia se pronuncia
Como decíamos en la introducción de este reportaje, aunque suene increíble, los resultados científicos que demuestran la autenticidad de la Sábana Santa, fueron originalmente iniciados por personas no creyentes, impulsadas precisamente por el propósito de “desmentir” o refutar el supuesto (la hipótesis) de que aquella era la tela con la que Cristo había sido cubierto para ser enterrado.
Tal fue el caso de dos franceses: el doctor en medicina Yves Delage, agnóstico militante, quien en compañía del biólogo Paul Vignon, fueron los primeros científicos en realizar un análisis sobre el lienzo, en búsqueda de evidencias de lo que para ellos no era más que un fraude arqueológico.
Desde su perspectiva, era necesario desenmascarar, de una vez y para siempre esa “superchería de la Sábana Santa”, a fin de que, liberados de los dogmas de fe, los hombres ampliaran sus horizontes a la ciencia, y se dispusieran a encarar una nueva era de progreso y tolerancia.
Ante una gran expectativa, el 2 de abril de 1902, en la Academia de Ciencias de Francia, Delage publicaba los resultados de sus estudio: El Hombre al que habría cubierto la Sábana había sido crucificado, azotado, coronado de espinas, clavado de manos y pies y herido en su costado. La sangre era real, y las heridas también lo eran. Visiblemente conmovido, Delage sentenció: “El Hombre de la Sindone es Cristo.”
Por supuesto que a partir de aquella declaración, la comunidad científica (en su mayoría atea) se le vino encima: No sólo que se pronunció en contra de su aseveración, sino que lo criticaron y denostaron personalmente, lo que generó un tremendo escándalo, a causa de la Santa Sindone, que fue tapa de centenares de diarios y revistas alrededor del mundo.
Como consecuencia del alboroto, el Dr. Delage declaró: “...Se ha hecho innecesariamente una cuestión religiosa de un tema que, de por sí, es meramente científico, con el resultado de que las pasiones se han avivado y la razón ha sido desviada. Si se hubiera tratado de Sargón, de Aquiles, o de un Faraón, a nadie se le habría ocurrido poner objeciones...
Al hablar de este tema he sido fiel al verdadero espíritu científico, buscando tan sólo la verdad, sin preocuparme lo más mínimo si con eso podía perjudicar los intereses de alguna ideología... Yo reconozco a Cristo como personaje histórico y no entiendo por qué hay personas que consideran escandaloso el hecho de que sigan existiendo huellas materiales de su vida...” (Publicado en la revista Revue Scientifique, 12/4/1902).
Dado que no es fácil acceder directamente al lienzo, por el riesgo que se correría de deteriorarlo en extremo, durante varios años, muchos médicos ilustres, franceses, alemanes, ingleses, italianos, norteamericanos y de otros países, siguieron estudiando la Sábana Santa, a través de su negativo fotográfico.
En 1931, el fotógrafo Giuseppe Ernie tomó nuevas fotografías, que en virtud de las notables mejoras tecnológicas desde los tiempos de Secondo Pia, permitieron a los interesados hacer estudios mucho más precisos y reveladores, hasta la realización del llamado “Proyecto de Investigación de la Mortaja de Turín” [STURP, (por sus siglas en inglés: Shroud of Turin Research Project,)].
Los estudios científicos de 1978
La mayor concentración de investigaciones técnicas y científicas que se hayan hecho sobre la Sábana Santa tuvo lugar en el mes de octubre de 1978, cuando veinticuatro científicos y especialistas estadounidenses se reunieron en el llamado “Proyecto de Investigación de la Mortaja de Turín” [STURP, por sus siglas en inglés (Shroud of Turin Research Project)], para realizar todos los análisis que las diferentes disciplinas de la ciencia le tenían preparados.
Este equipo multidisciplinario estaba compuesto por representantes de la Fuerza Aérea, así como de los principales centros de investigación médica, científica, tecnológica y espacial de los EE. UU., y de importantes Universidades norteamericanas.
Los investigadores se reunieron durante cinco días, del 8 al 13 de octubre, en una habitación del Palacio Real en Turín, especialmente preparada para la realización de los diferentes estudios.
Entre los científicos convocados para este proyecto se encontraban representantes de las siguientes instituciones: Lockheed Corporation, U.S. Air Force Weapons Laboratorios, Brooks Institute of Photography, Harris County, Texas, Medical Examiner's Office, Oceanographic Services Inc., University of Colorado, Los Alamos National Scientific Laboratorios, IBM, Western Connecticut State University, Nuclear Technology Corporation, Los Angeles County Museum, St. Agnes Medical Center, Oriel Corporation, Rocky Mountain Thermograph, New England Institute, U.S. Air Force Academy, Jet Propulsion Laboratory, Sandia Laboratorios, Santa Barbara Research Center, y la Barrie Schwortz Studios.
A continuación, presentaremos algunos de los sorprendentes resultados a los cuales llegaron los investigadores luego de sus estudios.
Medicina Forense: Primeros análisis
Las Huellas de la Imagen
1. QUEMADURAS: Producidas por el calor del metal de la urna que contenía la Síndone la noche del incendio en la capilla de Chambéry, ocurrido el 3 de diciembre de 1532. Los 16 triángulos de color blanquecino que presenta el lienzo son los agujeros producidos por la fundición de una de las esquinas de la urna: la plata había empezado a derretirse por el intenso calor y una gota alcanzó el ángulo de aquel pliegue, la Sindone estaba doblada varias veces.
2. AGUA: Empleada para la extinción del incendio de 1532 y el enfriamiento de la urna. El agua empapó casi toda la Sindone.
3. CUERPO ENTERO: Se aprecia la doble imagen (frontal y dorsal) del cadáver de un varón, de aproximadamente 1.80 metros de altura. La Sábana permite constatar que la persona que fue envuelta con ella sufrió una muerte extraordinariamente similar a la que narran los Evangelios, pues en el estudio realizado se observan las características que se consignan a continuación (Puntos 4 a 12).
4. AZOTES: Son las huellas dejadas por la flagelación.
5. ESPINAS: Impresiones de sangre proveniente de heridas ocasionadas por un casco de espinas.
6. CLAVOS DE LAS MANOS: Sangre de la herida en la muñeca izquierda.
7. SANGRE: Escurrimiento de sangre del antebrazo derecho e izquierdo, que proviene de la muñeca.
8. LANZADA: Sangre brotada de la herida del costado del cuerpo. Por la composición de la sangre y el suero encontrado, provenía de la aurícula derecha del corazón y de la vena cava superior.
9. DESCENDIMIENTO: Sangre que brotó durante el descendimiento del cuerpo de la cruz.
10. CLAVOS DE LOS PIES: Sangre de las llagas de ambos pies, traspasados por un solo clavo.
11. MARCA DEL PATÍBULUM (madero transversal de la cruz): cargado por el reo, que ha magullado, aplastado y deformado lesiones anteriores en la espalda.
12. RODILLAS: Contusiones en las rodillas ocasionadas por caídas repetidas sobre terreno pedregoso (rastros de piedra aragonita).
La Cabeza
1. Manchas de sangre producidas por un casco de espinas.
2. Contusiones e hinchazones en la frente.
3. Contusión de la mejilla derecha.
4. Herida de la nariz y cartílago roto.
5. Escurrimiento irregular a lo largo de la comisura derecha de la nariz.
6. Sangre con rastros de saliva que sale de la boca.
7. Dos manchas de sangre que salen de los orificios nasales y llegan hasta la barba.
8. Mentón hinchado y magullado.
9. Pómulos contusos e hinchados.
M. Línea mediana del rostro que pone de manifiesto la torcedura de la nariz.
Breve noción de lo que es la medicina forense
La medicina forense, también denominada medicina legal, medicina judicial, o jurisprudencia médica, es la especialidad de la Medicina que estudia los aspectos médicos derivados de la práctica diaria de los tribunales de justicia, donde el médico especialista en el área (que recibe el nombre de médico legista o médico forense) actúa como perito o experto.
La actuación del médico forense es esencial en la investigación penal. Generalmente este especialista acude junto con el fiscal, cuando se procede al levantamiento de un cadáver después de alguna muerte sospechosa o violenta. Examina y recoge los signos externos del lugar de los hechos, determina la hora probable de la muerte y realiza la autopsia al cadáver: examinando de forma macroscópica las tres cavidades (craneal, torácica y abdominal) y tomando las muestras necesarias para enviarlas a centros especializados, donde se harán los correspondientes análisis químicos, bioquímicos y microscópicos de las mismas, para determinar con la máxima precisión posible las causas de la muerte, así como las circunstancias que envolvieron a los hechos fatales.
Asimismo, examina las ropas de la víctima y elabora el informe decisivo para las actuaciones penales.
Junto con el Diccionario de Ciencia Forense, podemos decir en síntesis que esta disciplina consiste en “la aplicación de prácticas científicas dentro del proceso legal, a través de investigaciones altamente especializadas, que localizan y analizan evidencias, que proporcionarán prueba concluyente al ser sometidas a estudios en laboratorios”.
Esto es así porque una gran parte de la evidencia que hallan estos especialistas, a menudo no puede ser analizada a simple vista.
La Pasión, según la Sábana Santa ¿Cuatro misterios dolorosos?
Los estudios realizados por el Dr. Judica Cordiglia y el Dr. Pierre Barbet, expertos en medicina forense (y que fueran publicados en 1955, en una obra titulada “¿Es Cristo el hombre del Santo Sudario?”) revelan sorprendentes coincidencias entre la información que se pudo extraer del lienzo y el sufrimiento de Jesucristo, según éste es descrito en las Sagradas Escrituras.
Desde la perspectiva forense, la Sábana Santa es la evidencia de un crimen horrendo. El análisis médico legal realizado en la Sindone concluyó que no existe la menor duda de que sólo un hombre que hubiera padecido exactamente los mismos tormentos físicos de Jesucristo podría haber dejado tales huellas. Veamos a continuación cuáles son dichas evidencias.
La Flagelación
Del estudio de este caso de flagelación, observado en la imagen de la Sindone, se resaltan algunas características específicas dignas de señalar:
La Corona de Espinas
El Camino del Calvario
Los estudios históricos y arqueológicos han permitido constatar que la cruz constaba de dos vigas sin pulir: El más largo (llamado stipes), que por lo general era un poste que estaba sólidamente plantado de antemano en el lugar de la ejecución, al que se ensamblaba el madero transversal (llamado patibulum), que por lo general pesaba unos 50 kg.
Por lo general el patibulum, algo más corto que el stipes, era colocado sobre las espaldas del condenado y atado a ambos brazos extendidos en forma de cruz. De esta manera era conducido el condenado hasta el lugar de su suplicio.
El padre Manuel Solé, S.J., en su libro “La Sábana Santa: su autenticidad y trascendencia” dice lo siguiente:
"Causa escalofríos de horror pensar en estas repetidas caídas. ¡Un hombre con unos 50 kg de peso a la espalda y los brazos atados, de modo que no pudiera servirse de las manos para amortiguar el golpe...! Su cabeza iría a dar fuertemente contra el suelo. (...) Y no olvidemos que aquella cabeza llevaba encasquetado un yelmo de espinas que se le clavarían profundamente al dar contra el suelo; y que el mismo patibulum, atado a la espalda, se correría, al caer, hacia la cabeza, golpeando las espinas de la nuca, que por esto aparece tan terriblemente maltratada".
La Crucifixión
El doctor Pierre Barbet, cirujano del Hospital de San José, en Paris, es quizás quien a hecho hasta ahora el estudio medico más completo de la pasión de Cristo, según se deduce de la Sábana Santa (Cf. La Passione di N. S. Gesu Cristo secondo el chirurgo, L. I. C. E. Torino).
Ante la imposibilidad de citar todos sus descubrimientos, por razones de espacio, reproducimos a continuación los que nos parecen de mayor interés.
El Dr. Barbet, en la búsqueda de respuestas en relación con la Sindone, realizó experimentos con cadáveres recientes, tratando de explicar específicamente por qué las marcas de la crucifixión aparecen en las muñecas y no en las palmas de las manos, como lo han representado siempre las pinturas clásicas de la crucufixión. Es así que obtuvo estos resultados:
El problema del Carbono 14: ¿Será todo un fraude bien montado?
El sistema de datación por radiocarbono (o Carbono 14) es el método más utilizado por la arqueología y la paleontología para obtener resultados relativamente confiables respecto de la edad de diferentes objetos que analizan.
Habitualmente conocemos por medio de este método la datación de varios objetos, como los fósiles prehistóricos, pues el Carbono 14 (C-14) nos permite estimar, por ejemplo, la fecha de la extinción de los dinosaurios; o el tiempo aproximado al que pertenecen algunos huesos humanos o animales encontrados; etcétera.
El procedimiento es simple, al menos ante los ojos de los científicos, ya que consiste en un conteo (o recuento) de la cantidad de isótopos de Carbono 14 que presenta cada muestra. Esa cantidad está relacionada con el envejecimiento de los objetos a través del tiempo, por la pérdida de estos isótopos que se evidencia en toda materia orgánica a medida que las décadas transcurren.
Lastimosamente, no se trata de una técnica completamente inobjetable, como cabría esperar en la utilización de un método científico. Así pues, hay muchos factores que intervienen al momento de realizar los estudios; que pueden incidir en la muestra misma que será sometida al análisis; en los procesos de limpieza utilizados para eliminar contaminantes que pudiesen afectar los resultados; en los factores ambientales que hubieran modificado la cantidad de Carbono 14 presente en el objeto de estudio; etc.
En 1988, el proyecto STURP publicó los resultados obtenidos de la datación de la Sábana Santa, luego de hacer el análisis de las muestras en varios laboratorios simultáneamente.
Para sorpresa y decepción de muchos, estos resultados anunciaban que la Sindone podría ser del siglo XIV. Los laboratorios de Arizona y Oxford, así como el de Zurich, llegaban al mismo resultado: el lienzo era aproximadamente del año 1350.
Como se imaginará el lector, la publicación de esta noticia fue por demás estremecedora, ante la sola posibilidad de que la Sindone fuera falsa, o para ser más precisos, se tratara de una farsa creada por el hombre.
Sin embargo, también se vio más adelante que las muestras tomadas de la Sábana Santa fueron recortadas de un sector demasiado cercano a los remiendos realizados por las monjas clarisas en el año 1534 (al que se alude en el cuadro sobre el recorrido histórico de la Sindone –página 20), y que por lo tanto podrían estar contaminadas con las cenizas del incendio de 1532, o con rastros de polen de aquella época, etc.
De todos modos, ninguna de las dos fechas coincidiría exactamente con el año de datación obtenido en la aplicación del método C-14. ¿Sería que las monjas utilizaron telas de más de dos siglos de antigüedad para parchar la Sindone, tratando de aplicarle un remiendo parecido? Es muy probable que así hubiera sido.
En todo caso, este nuevo hallazgo tiraba por la borda las versiones que sostenían que, por la indiscutible genialidad del artista, podría tratarse de una pintura de Leonardo Da Vinci: el pintor de la Gioconda, que nació en 1452. De todas maneras, los estudios confirman que no se trata de una pintura (como veremos a continuación).
Con todo, la contradicción que produjo la datación por C-14, provocó reacciones tanto en quienes estaban a favor como en los que estaban en contra de la “autenticidad” del Lienzo de Turín. Incluso hasta hoy, el tema sigue en discusión y no hay una postura definitiva.
¿Sería posible que en 1350 se hubiese martirizado a un hombre, haciéndole vivir exactamente la misma pasión –y haciéndole morir con la misma muerte- que la de Jesucristo, relatada por los Evangelios? Y de ser así, ¿cómo y con qué técnica se habría logrado que se estampara su imagen en el lienzo? Éste último es, al fin y al cabo, el fenómeno menos explicable de todos, en relación con la Sindone.
Adicionalmente, había algo más contradictorio en la datación por radiocarbono… Todos los resultados obtenidos por otras disciplinas de la ciencia apuntaban a que el lienzo era, efectivamente, del siglo I, y muy posiblemente el que hubiera servido de mortaja del cuerpo de nuestro Señor Jesucristo (Por lo que se vio con los análisis forenses).
Por otro lado, la historia encontraba el registro de los diferentes momentos en que el lienzo de Turín aparecía o era mencionado y evidenciado, desde el año 50 de nuestra era.
Los granos de polen avalan su autenticidad
Para acompañar estos registros, la palinología, ciencia dedicada al estudio de los pólenes en muestras arqueológicas, obtuvo resultados que confirmaban el recorrido relatado por la historia.
Se encontraron pólenes de 29 plantas del cercano Oriente, y especialmente de 21 plantas del desierto o las estepas. Tres cuartas partes de las especies encontradas sobre la Sindone crecen en Palestina, y entre ellas, hay 13 muy características de la zona del Mar Muerto.
Esta disciplina (la palinología) asistió a los científicos para sostener, concluyentemente, que la Sábana Santa, en el curso de su historia, había residido en Palestina al menos por un período de tiempo. A partir de los diversos hallazgos, se ha reconstruido el recorrido de la Sindone como sigue: Jerusalén => Edesa => Constantinopla => Chipre => Francia => Italia.
A pesar de los resultados encontrados en la datación por Carbono 14, el criminólogo suizo experto en Palinología Max Frei, expresó que no existen pruebas para contundentes negar que la Sábana tenga menos de los casi dos mil años que se le atribuyen. Lo dijo exactamente en los siguientes términos: “Hoy por hoy, puedo solamente confirmar que no he encontrado en la Sindone elemento alguno que deba valorarse como ‘contraprueba’ de una edad de unos dos mil años”.
El polen se pega al tejido y no hay quien lo despegue, hasta que el tejido se queme o se entierre, explica dicho científico. El polen de cada planta tiene formas muy diferenciadas y fácilmente catalogables, y el especialista sabe a qué planta corresponde cada grano de polen. Asimismo, sabe el área de difusión del polen, porque el viento no se lleva el polen más allá de ciertos límites. El viento amaina y el polen cae.
Así, el especialista que conoce las zonas donde está cada planta y el área de difusión del polen de cada planta, al examinar la corbata, la chaqueta o el jersey de un presunto criminal, puede decir con seguridad: «Este hombre pasó por aquel bosque o estuvo en aquel jardín.»
Max Frei, estudiando el polen de la Sábana Santa, afirma que el lienzo estuvo en Palestina en el siglo I, porque ha encontrado granos de polen que sólo se dan en Palestina. Más aún, ha encontrado en la sábana granos de polen de plantas hoy desaparecidas, plantas de Palestina que ya no existen, pero cuyos granos de polen aparecen en estratos sedimentarios de Palestina del siglo I. Ésta es una de las pruebas irreversibles de la autenticidad de la Sábana Santa.
Informe final del STURP: Un objeto “imposible”
Luego de cientos de estudios, miles de fotografías y extensos análisis de todo tipo, el proyecto STURP emitió sus conclusiones, presentando un informe al Arzobispado de Turín y a toda la Iglesia. Este reporte puntualiza las siguientes conclusiones científicas:
El problema más difícil de explicar, desde el punto de vista físico, es el de la formación de la imagen corporal, que es lo que hace único al lienzo de Turín. Ninguna hipótesis de producción artificial es compatible con lo que se observa; tampoco ningún proceso natural conocido o estimable en el contacto de un cadáver con la tela que lo envuelve.
Con estos resultados, Mons. Severino Poletto, Arzobispo de Torino, con motivo de la Ostensión Solemne de la Sindone, para el año Jubilar 2000 en la ciudad de Torino, Italia, el 6 de Marzo del año 2000, comunicaba oficialmente:
“... La imagen del Cuerpo de la Sindone no es, por seguro, una pintura, como demuestra la evidencia químico – física, y la información recabada. La hipótesis sugerida de los análisis es que se trata del resultado de una deshidratación superficial por oxidación de las fibras celulosas. Esto genera un argumento de mucho interés para investigaciones futuras.” (Traducción propia del italiano)
En consecuencia, debemos aceptar que un hecho de orden sobrenatural ha sido determinante para darnos la imagen que se observa. Para quienes creemos, el hecho más cercano a tal probabilidad es, sin duda, la Resurrección de Jesucristo.
El Rev. P. Dr. Emmanuel M. Carreira S.J. (sacerdote jesuita), doctor en física, añade a estos resultados una apreciación: “El conjunto de estudios médicos, arqueológicos, químicos y físicos apunta claramente a la conexión directa entre el lienzo de Turín y la pasión, muerte y resurrección de Cristo.
La Sindone es una nueva razón de apoyo al testimonio de quienes dieron su vida por afirmar que Cristo resucitó al tercer día, de acuerdo con las Sagradas Escrituras.
[…] Es, en este modo de entenderla, un complemento asombroso de los relatos evangélicos sobre la pasión. Es también la huella de un hecho maravilloso: la transformación de un cuerpo humano en algo que existe fuera del marco de espacio y tiempo.” (Cfr. "La Sábana Santa desde el punto de vista de la física" extraído de la revista «Biblia y Fe» 70, vol. XXIV. Pág. 173-195).
“Un reto a la inteligencia” y un impulso para la fe
Ríos de tinta se han escrito sobre la Sábana Santa, al punto que se ha creado una disciplina prácticamente independiente dedicada a su estudio, llamada “Sindonología”.
Una persona común y corriente, como todos nosotros, puede enterarse de lo más reciente sobre este tema tan sólo escribiendo la palabra “Sindone” o “Sábana Santa” en un buscador de Internet, y automáticamente aparecerán cientos de páginas, en varios idiomas, que contienen información detallada al respecto. Claro que muchas de ellas son de quienes intentan tacharla como falsa o mera curiosidad arqueológica, y muchas otras aportan datos provenientes de la imaginación o de la simple especulación.
Lo cierto es que, casi todo lo que científica y seriamente se ha comprobado al respecto, apunta a corroborar la autenticidad del lienzo de Turín. De tal suerte que la Sábana Santa, en todos sus detalles y maravillosos misterios, viene a constituirse en lo que, con justicia, Juan Pablo II definió como “El espejo del Evangelio”, cuando estuvo de visita en el Palacio Real de Turín, en 1998.
Muchos la han llamado también “el Quinto Evangelio”, ya que, por medio del auxilio de la ciencia, nos muestra con un detalle excepcional cada uno de los momentos que vivió Jesucristo durante su Pasión; con una elocuencia que ninguno de los cuatro Evangelios canónicos detalla.
Cristo vino a ser signo de contradicción, lo sabemos por el Evangelio, pero aparentemente va a seguir siéndolo hasta que el hombre decida cambiar su corazón... Quizás hasta el final de los tiempos.
Contradicción para todos aquellos que no quieren abrazar la fe porque “obliga”, y viene con una fuerte carga de límites para una vida que habitualmente no pone frenos a los sentidos. Contradicción para quienes persisten en pensar que el hombre lo puede todo por sí mismo, y que el mérito de su propia vida, además de sus logros, es únicamente suyo.
Y es que, como decía el ex-Cardenal Ratzinger, hoy Su Santidad Benedicto XVI, en una conferencia sobre la Nueva Evangelización, dictada en Roma en junio del 2001; “Todo cambia, si hay Dios o no hay Dios. Desgraciadamente, también nosotros los cristianos vivimos a veces como si Dios no existiese ("si Deus non daretur"). Vivimos según el cliché: No hay Dios, y si lo hay, no interesa...”
Pero Dios, nuestro Señor, en su infinita sabiduría, conoce los corazones de los hombres y sabe cuán duros pueden llegar a ser. Sin embargo, su Misericordia también es infinita, y es por eso que ha dejado huellas de su presencia patente entre nosotros, a través de la historia, precisamente para todos aquellos que se niegan a creer, simplemente porque no están atentos al Espíritu Santo, que a todos nos infunde el don de la fe.
Es así que la humanidad ha sido testigo de la venida del Hijo de Dios, y la registró en los cuatro Evangelios, habiendo sido predicha desde siempre en el Antiguo Testamento. Cristo quiso que testifiquemos también su presencia en la Sagrada Eucaristía, y para los que no la aceptan, permitió que su Carne y su Sangre preciosa se manifestaran como tales, en muchos Milagros Eucarísticos... ¿Y qué decir de las apariciones de la Virgen María, advirtiendo a la humanidad en contra de su propia frialdad y, precisamente, de su falta de fe? ¡Y no vamos a mencionar tantos otros hechos sobrenaturales, como cuerpos incorruptos, imágenes sangrantes o con exudaciones, imágenes que lloran...!
¡Cuántas veces algunos miembros de la propia jerarquía de la Iglesia descreen de tales fenómenos! Y no es que todos ellos sean ciertos, pues como hemos visto, también puede haber mucho de burdo, de fantasioso, y aún de fraudulento en algunos de estos supuestos fenómenos, pero...
¿No será que nuestro Padre celestial quiere “llamar nuestra atención” para que volvamos a la fe? Que la Sábana Santa sea aún hoy estudiada, gracias a los últimos avances de la ciencia, para que recién en el tercer milenio se tengan “pruebas científicas” de la Resurrección de Jesucristo... ¿Será este acaso un designio de Dios para las generaciones más incrédulas, tecnócratas e inmisericordes?
Estas son preguntas que no podremos responder sino desde el fondo de nuestro corazón, y cada uno para sí mismo. Juan Pablo II mencionó en su discurso frente a la Sábana Santa (ver nota siguiente), que es un “reto a la inteligencia”, pero que vehementemente nos dice: “cree en el amor de Dios, el mayor tesoro dado a la humanidad, y huye del pecado, la mayor desgracia de la historia”. (Cfr. 5).
Sin embargo, el mundo de hoy parece haber tomado otro rumbo. El hombre actual (y tal vez también a lo largo de toda la historia) se ha mostrado rebelde, testarudo; y a pesar de todas las muestras maravillosas del amor infinito de Dios, cada vez parece haber más gente que lo niega en forma categórica.
La ciencia se puso frente a la fe, y quizás pasarán muchos años antes de que ambas manifestaciones del ser se pongan de acuerdo en decir si la Sindone es el lienzo que envolvió el cuerpo de Jesucristo (y la imagen que contiene se formó en el momento de su Resurrección), o si simplemente es un objeto raro que no tiene relación alguna.
En medio, hay muchos “medio-creyentes”, que esperan la sentencia final de la hoy todopoderosa ciencia, para dar crédito o no a lo que su corazón les pide a gritos.
Es también probable que “el gran tentador” esté actuando por debajo para distraerlos en discusiones técnicas, y los aleje del verdadero hecho que el tema encierra: que Cristo murió y resucitó para la salvación de las almas.
La humanidad sigue manteniendo dilatadas discusiones sobre cuándo el embrión comienza a ser considerado una persona, para justificar o no la aprobación de los abortos, y se pierde de vista la cantidad de aberraciones morales y sociales que conllevaría el legalizarlo, sin contar con las muertes causadas, no sólo a los niños abortados, sino a muchas madres que se lo practican, y que muchas veces sin llegar a la muerte, quedan biológica y psicológicamente lesionadas de por vida.
En realidad, para acabar con la historia de los abortos, se debería ir por el otro extremo: educar en la vida moral, en los valores de cada persona, y finalmente en la fe, para que nadie tenga que recurrir a esos recursos desesperados para “enterrar” sus culpas.
Lo mismo para los que hacen vocación del rechazo a la fe. Abrazar la fe obliga, decíamos más arriba, y obliga a comenzar a medir nuestros instintos, obliga a comenzar a mirarnos como seres con “dignidad” e integridad, obliga a dejar de dar rienda suelta a nuestras pasiones (y no solo hablamos de las carnales), así como a empezar a mirar a los demás como a hermanos, en todo el sentido de la palabra.
¡Cristo ha resucitado! Esa es la Buena Nueva que nuestra Iglesia esparce por el mundo, con la misma novedad del primer siglo. Es la misma noticia que nos comunica la Sindone de Turín, renovada hasta el momento con cada nuevo hallazgo científico.
La Sábana Santa, además de ser el objeto arqueológico más sorprendente de todos los tiempos, es para todos un impresionante mensaje esperanzador, es la promesa de Cristo traída a la realidad: la vida eterna y la salvación de nuestras almas.
La Sábana Santa, espejo del Evangelio
A continuación, y ya para finalizar con este extenso artículo (sin duda el más largo que haya publicado hasta hoy Jesucristo Vivo), reproducimos a continuación el excepcional discurso pronunciado por Su Santidad, el Papa Juan Pablo II, en la catedral de Turín, ante la Sábana Santa, el domingo 24 de mayo de 1998; discurso cargado de filosofía, de teología y de belleza:
Amadísimos hermanos y hermanas:
1. Con la mirada dirigida a la Sábana Santa, deseo saludaros cordialmente a todos vosotros, fieles de la Iglesia turinesa. Saludo a los peregrinos que durante el período de esta ostensión vienen de todo el mundo para contemplar uno de los signos más conmovedores del amor sufriente del Redentor.
Al entrar en la catedral, que muestra aún las heridas causadas por el terrible incendio que se produjo hace un año, me he recogido en adoración ante la Eucaristía, el sacramento que está en el centro de las atenciones de la Iglesia y que, bajo apariencias humildes, conserva la presencia verdadera, real y sustancial de Cristo. A la luz de la presencia de Cristo en medio de nosotros, me he arrodillado ante la Sábana Santa, el precioso lienzo que nos puede ayudar a comprender mejor el misterio del amor que nos tiene el Hijo de Dios.
Ante la Sábana Santa, imagen intensa y conmovedora de un dolor indescriptible, deseo dar gracias al Señor por este don singular, que pide al creyente atención amorosa y disponibilidad plena al seguimiento del Señor.
2. La Sábana Santa es un reto a la inteligencia. Ante todo, exige de cada hombre, en particular del investigador, un esfuerzo para captar con humildad el mensaje profundo que transmite a su razón y a su vida. La fascinación misteriosa que ejerce la Sábana Santa impulsa a formular preguntas sobre la relación entre ese lienzo sagrado y los hechos de la historia de Jesús.
Dado que no se trata de una materia de fe, la Iglesia no tiene competencia específica para pronunciarse sobre esas cuestiones. Encomienda a los científicos la tarea de continuar investigando para encontrar respuestas adecuadas a los interrogantes relacionados con este lienzo que, según la tradición, envolvió el cuerpo de nuestro Redentor cuando fue bajado de la cruz. La Iglesia los exhorta a afrontar el estudio de la Sábana Santa sin actitudes preconcebidas, que den por descontado resultados que no son tales; los invita a actuar con libertad interior y respeto solícito, tanto en lo que respecta a la metodología científica como a la sensibilidad de los creyentes.
3. Para el creyente cuenta sobre todo el hecho de que la Sábana Santa es espejo del Evangelio. En efecto, si se reflexiona sobre este lienzo sagrado, no se puede prescindir de la consideración de que la imagen presente en él tiene una relación tan profunda con cuanto narran los evangelios sobre la pasión y muerte de Jesús, que todo hombre sensible se siente interiormente impresionado y conmovido al contemplarlo. Además, quien se acerca a la Sábana Santa es consciente de que no detiene en sí misma el corazón de la gente, sino que remite a Aquél a cuyo servicio la puso la Providencia amorosa del Padre.
Por tanto, es justo alimentar la conciencia del precioso valor de esta imagen, que todos ven y nadie, por ahora, logra explicar. Para toda persona reflexiva es motivo de consideraciones profundas, que pueden llegar a comprometer su vida. Así, la Sábana Santa constituye un signo verdaderamente singular que remite a Jesús, la Palabra verdadera del Padre, e invita a conformar la propia vida a la de Aquél que se entregó a sí mismo por nosotros.
4. En la Sábana Santa se refleja la imagen del sufrimiento humano. Recuerda al hombre moderno, distraído a menudo por el bienestar y las conquistas tecnológicas, el drama de tantos hermanos, y lo invita a interrogarse sobre el misterio del dolor, para profundizar en sus causas. La impronta del cuerpo martirizado del Crucificado, al testimoniar la tremenda capacidad del hombre de causar dolor y muerte a sus semejantes, se presenta como el icono del sufrimiento del inocente de todos los tiempos: de las innumerables tragedias que han marcado la historia pasada, y de los dramas que siguen consumándose en el mundo.
Ante la Sábana Santa, ¿cómo no pensar en los millones de hombres que mueren de hambre, en los horrores perpetrados en las numerosas guerras que ensangrientan a las naciones, en la explotación brutal de mujeres y niños, en los millones de seres humanos que viven en la miseria y humillados en los suburbios de las metrópolis, especialmente en los países en vías de desarrollo? ¿Cómo no recordar con conmoción y piedad a cuantos no pueden gozar de los derechos civiles elementales, a las víctimas de la tortura y del terrorismo, y a los esclavos de organizaciones criminales?
Al evocar esas situaciones dramáticas, la Sábana Santa no sólo nos impulsa a salir de nuestro egoísmo; también nos lleva a descubrir el misterio del dolor que, santificado por el sacrificio de Cristo, engendra salvación para toda la humanidad.
5. La Sábana Santa es también imagen del amor de Dios, así como del pecado del hombre. Invita a redescubrir la causa última de la muerte redentora de Jesús. En el inconmensurable sufrimiento que documenta, el amor de Aquél que "tanto amó al mundo que dio a su Hijo único" se hace casi palpables y manifiestas sus sorprendentes dimensiones. Ante ella, los creyentes no pueden menos de exclamar con toda verdad: "Señor, ¡no podías amarme más!", y darse cuenta en seguida de que el pecado es el responsable de ese sufrimiento: los pecados de todo ser humano.
Al hablarnos de amor y de pecado, la Sábana Santa nos invita a todos a imprimir en nuestro espíritu el rostro del amor de Dios, para apartar de él la tremenda realidad del pecado. La contemplación de ese Cuerpo martirizado ayuda al hombre contemporáneo a liberarse de la superficialidad y del egoísmo con los que, muy a menudo, considera el amor y el pecado. La Sábana Santa, haciéndose eco de la palabra de Dios y de siglos de conciencia cristiana, susurra: cree en el amor de Dios, el mayor tesoro dado a la humanidad, y huye del pecado, la mayor desgracia de la historia.
6. La Sábana Santa es también imagen de impotencia: impotencia de la muerte, en la que se manifiesta la consecuencia extrema del misterio de la Encarnación. Ese lienzo sagrado nos impulsa a afrontar el aspecto más desconcertante del misterio de la Encarnación, que es también el que muestra con cuánta verdad Dios se hizo verdaderamente hombre, asumiendo nuestra condición en todo, excepto en el pecado. A todos desconcierta el pensamiento de que ni siquiera el Hijo de Dios resistió a la fuerza de la muerte; pero a todos nos conmueve el pensamiento de que participó de tal modo en nuestra condición humana, que quiso someterse a la impotencia total del momento en que se apaga la vida.
Es la experiencia del Sábado Santo, paso importante del camino de Jesús hacia la gloria, de la que se desprende un rayo de luz que ilumina el dolor y la muerte de todo hombre. La fe, al recordarnos la victoria de Cristo, nos comunica la certeza de que el sepulcro no es el fin último de la existencia. Dios nos llama a la resurrección y a la vida inmortal.
7. La Sábana Santa es imagen del silencio. Existe el silencio trágico de la incomunicabilidad, que tiene en la muerte su mayor expresión; y existe el silencio de la fecundidad, propio de quien renuncia a hacerse oír en el exterior, para alcanzar en lo profundo las raíces de la verdad y de la vida.
La Sábana Santa no sólo expresa el silencio de la muerte, sino también el silencio valiente y fecundo de la superación de lo efímero, gracias a la inmersión total en el eterno presente de Dios. Así, brinda la conmovedora confirmación del hecho de que la omnipotencia misericordiosa de nuestro Dios no ha sido detenida por ninguna fuerza del mal, sino que, por el contrario, sabe hacer que incluso la fuerza del mal contribuya al bien. Nuestro tiempo necesita redescubrir la fecundidad del silencio, para superar la disipación de los sonidos, de las imágenes y de la palabrería, que muy a menudo impiden escuchar la voz de Dios.
8. Amadísimos hermanos y hermanas, vuestro arzobispo, el querido cardenal Giovanni Saldarini, custodio pontificio de la Sábana Santa, ha propuesto como lema de esta ostensión solemne las palabras: "Todos los hombres verán tu salvación". Sí, la peregrinación que grandes multitudes están realizando a esta ciudad es precisamente un "venir a ver" este signo trágico e iluminador de la Pasión, que anuncia el amor del Redentor. Este icono del Cristo abandonado en la condición dramática y solemne de la muerte, que desde hace siglos es objeto de significativas representaciones y que, desde hace cien años, gracias a la fotografía, se ha difundido en muchísimas reproducciones, nos exhorta a penetrar en el misterio de la vida y de la muerte para descubrir el mensaje, grande y consolador, que se nos da en ella.
La Sábana Santa nos presenta a Jesús en el momento de su máxima impotencia, y nos recuerda que en la anulación de esa muerte está la salvación del mundo entero. La Sábana Santa se convierte, así, en una invitación a vivir cada experiencia, incluso la del sufrimiento y de la suprema impotencia, con la actitud de quien cree que el amor misericordioso de Dios vence toda pobreza, todo condicionamiento y toda tentación de desesperación.